¿Y para cuándo el yate?

¿Qué hace uno cuando las cosas se mueven lentamente o parecen estar ancladas?

Dimmi quando tu verrai
dimmi quando… quando… quando…
“Quando Quando Quando” de Tony Renis

A veces tenemos la impresión de que las cosas se mueven lentamente o parecen estar ancladas. “¿Cuándo llegará ese aumento?” “¿Cuándo me mudaré a un mejor lugar?” “¿Cuándo llegará esa pareja?” “¿Cuándo mejorará mi salud?” “¿Cuándo llegará esa oportunidad?” “Y para cuándo el yate?” “¿Y para cuándo la mansión?” “¿Y para cuándo el Ferrari?” ¿Cuándo, cuándo, cuándo?

“Meh. Aquí no pasa nada, aquí nada se mueve”.

Salvo en turbulencias notorias o conocidas excepciones, eso es lo que uno piensa cuando está en un avión o cuando se monta en un crucero. Está siempre la ansiedad de llegar para ver al otro, para ultimar pendientes, para trabajar, para descansar, para “x” o “y”… Siempre queremos llegar y siempre con un objetivo.

Tantas veces me pasó —y no solo metafóricamente hablando— que anhelaba llegar a puerto para bajarme del barco y descubrir lo que allí me esperaba… y una vez descendía, me desilusionaba porque el paisaje alrededor no tenía novedad alguna. Y es que tanto es el afán de querer que sea mañana, que uno se olvida de disfrutar ese momento en el que el sol se oculta detrás de la montaña.

Entonces un día, uno se detiene a observar y, por un instante, encuentra plenitud. Luego, quizá, vuelva a la intranquilidad, al estrés, a la preocupación o a la ansiedad a la que está habituado; pero, mientras tanto, uno es feliz… todo parece estar en orden. Ahí está la paciencia: una lección que aún sigo integrando porque va y viene, va y viene. Una vez la tengo, se me escapa de las manos como la arena del mar.

¿Por qué nos urge tomar acción? ¿Por qué nos empeñamos en descifrar qué hay detrás de la montaña? ¿Por qué no es suficiente el horizonte? ¿Por qué queremos más y nos forzamos a creer que todo tiene que ser digno de ser ambicionado? ¿Por qué sentimos que si no es ahora, y bajo nuestras condiciones, eso que tanto anhelamos no se va a dar? ¿Por qué necesitamos la ilusión del control? ¿Por qué nos cuesta tanto dejar de mirar el timón con el afán de llegar a puerto y, en vez de eso, voltear hacia el horizonte para admirar el atardecer en el mar?

—Y entonces, ¿para cuándo el yate?
—¿Yate? Naj. Yo voy en un crucero.

La paradoja del buen consejero:

Tres consejos para no aconsejar ni dar consejos

Dejar que el otro cumpla sus sueños es difícil. Siempre queremos estar opinando, incluso cuando callamos y guardamos nuestros pensamientos. Una parte de nosotros se siente cómoda pensando que los demás son un montón de ilusos y que nosotros debemos protegerlos del peor error de sus vidas.

—¿Usted? ¿Va a escribir? ¿En serio? ¿Y de qué va a comer?

—…

—¿Quiere montar empresa? ¿Y está seguro de que no se quiebra? Cuidado se endeuda, porque yo conocí a un tipo que…

—…

—¿Y vas a estudiar música? ¿Y cuánto llevas en eso? Acuérdate de que Mozart empezó a los tres.

—…

Es como si, de entrada, todos hubiéramos nacido viejos y pobres; cuando, en realidad, el mayor activo que cada uno tiene es su talento… porque, que yo sepa, ustedes y yo vinimos a este mundo sin ropa y sin saber leer, así que cualquier cosa que vayamos agregando a esta experiencia ya es ganancia.

Pero a todos se nos arrebata el consejero que llevamos dentro, especialmente a mí con este blog. Muchas veces se siente uno en la «obligación moral» de decir lo que piensa, y se le olvida que también existió alguien que le dijo a uno que algo no se podía o que era muy difícil… o que prácticamente se trataba de una misión suicida.

¿Cuántas veces no escogemos dar el consejo en vez de pedirlo? Y es que es obvio: siempre será más fácil decirle al otro lo que tiene que hacer que invertir ese mismo tiempo en buscar soluciones para nuestros propios problemas.

Aquí es donde cito al gran filósofo Armando Christian, más conocido en el bajo mundo como Pitbull:

“Ask for money And get advice. Ask for advice, get money twice.”

«Pide dinero y obtendrás consejos. Pide consejos y obtendrás el doble de dinero».

¡Ya tú sabe!… ¡Dale!

Pero, ya, en serio.

Dicen que «El hombre inteligente aprende de sus propios errores, mientras que el sabio aprende de los errores de los demás». Yo digo que dejemos de aprender de los errores. Es hora de aprender de los aciertos. Si alguien lo hizo bien, vale la pena que nos cuente cómo. Y si alguien quiere intentarlo, ¿para qué persuadirlo de que no puede?

¿De dónde somos tan expertos ahora en hacer tantas cosas?

—¿Vas a sacar tu disco? De seguro no querrás invertir tu dinero y tu tiempo en un asunto tan complicado.
—¿Y es que tú eres el experto en sacar discos? ¡Es más! ¿Eres experto en fallar al vender discos? ¡No! Ni siquiera eres alguien con mínima autoridad para opinar. Critícame en un área en la que seas experto… o en algo que tú hayas al menos intentado, así ya hayas fallado… Quizás ahí pueda aprender de tus errores…

Creo que nadie lo ha expresado tan bien como Sábato en El Túnel:

«Los críticos. Es una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría?»

Todos queremos una vida digna de contar, pero no hay grandes libros en los que las historias de éxito no tengan al menos un ligero tropiezo… y uno que otro criticón. Para vivir hay que arriesgarse un poco… y aprender a dejar vivir. Y eso a veces lo ignoran incluso las personas que deberían apoyarnos o amarnos más.

Es que meter las narices donde no nos importa parece, en vez del fútbol, el deporte favorito de este país. Que si el banco tal hace una campaña sobre los gays, que si el futbolista tal se quedó en la banca, que lo que tuiteó tal o cual famoso… Siempre es más fácil hablar de la vida de los demás y prender el opinómetro que vivir nuestra propia vida y tratar de resolver nuestros propios asuntos. Somos felices porque eso nos vuelve dioses momentáneos, cuando en realidad nuestra opinión a pocos importa… porque nos enseñaron que Dios era un señor de barba blanca que amaba a la gente blanca y tenía un dedito índice listo para apuntarnos cuando hiciéramos las cosas mal… cuando es exactamente todo lo contrario, creo yo.

Es como si nos hubiera dicho «Ámense unos a los otros» y todos los demás hubieran entendido «Júzguense unos a los otros como yo los he juzgado».

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Aquí me copio les dejo una caricatura de cinismoilustrado.com que lo resume todo

Y no es culpa de nadie. Simplemente nos criaron así. Ahora a ver cómo recojemos los pedazos rotos y nos inventamos una sociedad más incluyente y que juzgue menos. Por lo pronto, tres consejos que nadie me pidió… solo para ser consecuente:

1. Cierre el pico y deje de contarle sus sueños a la gente. De todas formas, nadie cree que pueda cumplirlos.

2. Cierre el pico y deje de criticar en voz alta los sueños de la gente. Si no puede creer que su amigo se va a hacer millonario vendiendo Avon o Herbalife, igual déjelo. ¿A usted en qué le afecta? Hay gente que lo ha logrado (obvio, solo los dueños de Herbalife y Avon… Mentiras, soy una caspa)… Escuche, sonría y cambie de tema.

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Imagen tomada de: Mejoresportadas.com

3. Cierre el pico y deje de criticar en silencio los sueños de la gente. Yo sé. Yo tampoco puedo dejar de hacerlo… pero creo que una forma de intentarlo es repetir dos mantras de la sabiduría popular:

a) «Yo tengo mis propios sueños, mejor me enfoco en el siguiente paso para cumplirlos».

b) «No es mi circo, no son mis payasos».

Demasiados consejos por hoy.

Quince preguntas a Jesús… o tal vez más.

Un texto que puede rayar en la blasfemia… ¿o no?

Si lo tuviera en frente, quizás me sentaría con un par de vasos de agua —que a las dos de la mañana se convertirían en vino— y sí que probaría su infinita paciencia:

¿Tú decidiste tu destino? ¿La regla aplica para todos? ¿Tú sabías de antemano lo que te iba a pasar? ¿Habías estado aquí en la Tierra antes? ¿Sabías que, después de todo, ibas a resucitar? ¿Crees que la vida es como una cena en la que el picante también es necesario?

¿Por qué crees que los humanos siguen peleando unos con otros? ¿Crees que sus egos quieren darle una lección a los demás? ¿Crees que se trate de superioridad, de poder, de falta de amor propio?

¿Alguna vez te dio curiosidad el sexo? ¿Será que nos mintieron sobre tu castidad? ¿Habrás tenido hijos? ¿Habrá sido verdad todo lo que se cuenta sobre ti? ¿Te habrás enamorado? ¿Habrías discriminado a alguna persona que no tuviera tu condición sexual?

¿Qué opinas de las EPS y el servicio médico? ¿Crees que hay una forma mejor de sanar? ¿Por qué nadie aprendió el truco de revivir los muertos? ¿Será que lo enseñaste y lo olvidamos?

¿Crees que si vivieras físicamente en este siglo, tendrías tu propio canal de Youtube? ¿Crees que la gente se insultaría en los comentarios de abajo? ¿Cómo sería tu perfil de Facebook? ¿Tendrías una foto con Malala? ¿Harías una transmisión por Facebook Live en donde nos explicarías para qué sirve la mirra? ¿Serías tan cool como yo creo que eres realmente?

¿Nos enseñarías a ser tolerantes con gente que no opina o es como nosotros (en mi caso Trump y la Tigresa del Oriente)? ¿Me dirías cómo ser más paciente con los niños hiperactivos?

¿Les dirías a las mujeres que vuelven con sus maltratadores que te entendieron mal eso de “poner la otra mejilla”, y que más bien tú querías que el que estuviera libre de pecado lanzara la primera piedra?

¿Tomarías conmigo juguito de Cosechas o me acompañarías en la cocina en algún intento fallido de hacer el almuerzo? ¿Por qué no hiciste a los pollitos de cuatro patas? (Sé que suena cruel, pero son ricos) ¿Todo el mundo tiene que ser vegetariano? ¿Me querrías más si lo fuera? ¿Qué comías en tus tiempos? ¿Es cierto que la razón por la que volverás es para probar las empanadas? (Ay, no me juzguen, yo lo haría).

¿Me corregirías la puntuación y me sugerirías mejores palabras? ¿Me mostrarías lo que sí escribiste o aún no hemos tenido acceso a ese conocimiento porque “suficiente con las peleas con la Biblia”? (Porque nadie sabe a ciencia cierta qué tan veraces son los supuestos evangelios según María Magdalena o los redactados por ti… y tampoco creo que los “oficiales”).

¿Me dirías todas aquellas cosas que he olvidado de mí? ¿Me amarías como soy: infantil y grosera? ¿Podría amarte como eres… afro, LGBTI, hombre, mujer, anciano, niño, niño mamón, académico, ilustrado, analfabeta, amarillo, musulmán, testigo de Jehová que me levanta los domingos? ¿Podré dejar de culparte por las bobadas que hago como humana y las decisiones que tomo a diario? ¿Podré verte en las cosas pequeñas, en los amaneceres y en los atardeceres? ¿Podré tratar de no juzgarte? ¿Podré mirarme al espejo un día y parecerme un poco a lo mejor de ti sin perder lo que soy ni querer superarte? ¿Podré?

Siete ideas para enfrentar la tusa o la distancia

Ni tusa ni distancia ni consejitos de superación… o bueno, uno que otro…

Antes de que se desate la tormenta, tenga listo el paraguas… Aquí van algunas cosas que me hubiera gustado que me dijeran, y que por desgracia descubrí tarde. Bien pueda comparta…

  1. Ojalá veinte días antes de la partida del ser amado o cuando esté en un momento de tranquilidad, haga una lista de emergencia. Incluya los sitios de Internet que más le gustan y lo motivan. Por favor omita las redes sociales en donde tenga a su pareja o cosas que le recuerden a esta directamente. Dese una vueltica por Duolingo, Lingvist.io, Coursera, los cursos gratis de la Universidad de Harvard o cualquier cosa que lo distraiga. Aprender algo nuevo hará que su cerebro piense menos en la situación dolorosa y retome los procesos de neurogénesis que ya no puede hacer con el sexo. No se espere a que haya pasado un mes para tener un plan, se lo digo por experiencia. Ah, sí, el chocolate amargo también puede estar incluido en esa lista, al igual que reventar envolturas hechas de plástico de burbujas, cantar en la ducha y los nombres de sus amigos más cercanos. Créame, después de contarle una y otra vez su drama al mismo, es posible que ese ya se canse. Eso sí, tenga en cuenta que contar y contar sus tristezas no ayuda a nadie: una cosa es desahogarse y otra muy distinta es quedarse en el hoyo para tener la atención de los demás. En resumen, escriba todo lo que lo haga sentir bien… y tómele una foto con el celular o lleve la lista con usted… Nunca se sabe.
  2. Esto también va a pasar. Quizá hoy duela, quizá mañana siga sintiéndose igual… pero algún día el ciclo tiene que parar. Asegúrese de tomar nota mental (o física) de qué hizo bien, en caso de recaída.
  3. Ya que no puede controlar la situación por completo, intente darse un viajecito… aunque sea cerca de su ciudad. Si tras de entusado está endeudado… el agua aromática con su mejor amiga o mejor amigo siempre será una opción… y de paso también puede darse un bañito de hierbas😂.
  4. Haga algo lindo por alguien más. A veces las acciones anónimas nos ayudan a sentirnos mejor. La próxima vez que vaya a la tienda a comprar una manzana, puede comprar otra para algún desconocido… Tal vez pueda sonreírle a alguien en la calle sin motivo mientras se imagina que esa persona encarna a su futuro amor o su actual pareja en la distancia. Hay miles de cosas que son gratis y pueden alegrar el día de otro. Y si por estos días no soporta a la raza humana —no se culpe, yo tengo días en que no puedo ni verlos o soportarme a mí misma— intente regar alguna mata o saludar a los perros… Después de todo, algún ser vivo debe despertarle un poco de amor.
  5. Lo que sea que haga, no lo haga por las razones equivocadas. Quiero dejar en claro que, si hace algo para olvidar a su expareja o poner en pausa sus pensamientos sobre el amor que no puede tener, tarde o temprano volverá a sentirse miserable. Es como si deseara tapar un agujero en la arena a punta de llenarlo con agua. Funcionará por un tiempo, pero después quedará vacío. Es diferente decir: “Voy a hacer esto para olvidarme del dolor” a “Esta idea me suena”.
  6. Entienda a sus amigos, especialmente a los que no saben qué decir. Solo están haciendo lo que creen correcto. Yo también tengo esos amigos que, con buena intención, me dicen: “Son solo unos pocos meses”. Juro que sería millonaria si me dieran cien pesos por cada vez que he escuchado esa frase últimamente. Incluso, he recibido el positivismo desmedido en los momentos en los que no me siento capaz de lidiar con los “¡Todo va a estar bien! ¡Qué bella es la vida!”. ¿Qué bella es la vida? Mi trasero. Cuando uno está gruñón, está gruñón. No necesita gente que le diga que todo va a estar bien. Uno quiere estar en modo CejasPobladas (ojo al video 😂) y está bien. No hay nada de malo en quejarse un poco… e incluso disfrutar de la quejadera… pero no quedarse ahí. Me costó trabajo entenderlo, pero creo que de algún modo tenía que pasar. Gradualmente, pasaremos de la depresión a la rabia… y de la rabia a reírnos de lo estúpido de la situación, solo hay un par de llamadas a amigas cercanas.

    Shrek amigos felices

  7. Llene el hueco con trabajo, baile, pasatiempos, zumba, libros, teatro, videos chistosos, vaya a la peluquería, hágase las uñas, haga origami, pinte, lave el carro, busque trucos en Internet… mejor dicho: haga lo que le dé la gana lo que le llame la atención. Pero recuerde que “al que le van a dar, le guardan… y al que no, ni haciendo fila”.

    Como cuando algo o alguien no es para ti
    Imagen vista en Facebook…

Tres señales de que tu amistad es verdadera…

Amigos hay muchos… amigos verdaderos, pocos. ¿Cómo identificar aquellas personas que merecen siempre un lugar prioritario en tu vida?

Amigos hay muchos… amigos verdaderos, pocos. ¿Cómo identificar aquellas personas que merecen siempre un lugar prioritario en tu vida? He aquí tres pistas que pueden ser útiles a la hora de saber si las amistades que te rodean son únicamente para ir de rumba o a desayunar.

3. No juzgas al otro ni te sientes juzgado

Sabes que puedes contarle lo que sea a esa persona y sin sentir que tiene un mazo de juez. No obstante, también sabes que te dirá la verdad y que intentará hacerlo con tacto y sutileza para no herirte más de lo que ya estás. De igual forma, estás dispuesto a escuchar y callar para que esa persona se desahogue sin el “te lo dije” a la mano. Después de todo, ya habrá momento para evaluar los daños y todos cometemos errores.

2. Quieres a esa persona más por lo que harías por ella, que por lo que ella haría por ti

Estás dispuesto siempre a ofrecer soluciones o a hacer tonterías para que la otra persona suba su ánimo. No minimizas el problema del otro diciéndole frases como “hay cosas peores” o “los hombres no lloran”, “deja de llorar”, sino que intentas hacer algo para que vuelva a su centro… Reconoces que el cielo es el límite y que las posibilidades van desde simplemente oír lo que tiene para decir, hasta improvisar una visita corta a su trabajo a la hora del almuerzo o regalarle algo que sabes que le gusta.

Casi nunca te pones a pensar quién da más en esa relación, porque en el fondo sabes lo mucho que valoras a esa persona. Sabes que cuentas con ella para planes culturales como ir a museos, teatro o compartir tus lecturas favoritas… así como para cosas más triviales como discutir sobre quién les parece más guapo o enviarse memes o chistes en Whatsapp y en las redes sociales.

1. Ante una dificultad, intentas eliminar las barreras físicas o llamas inmediatamente

Haces lo que sea por comunicarte. Si puedes tomar un taxi e ir a visitarla al hospital, sabes que lo harás. Si crees que no es posible, la llamarás o le dejarás un mensaje. Dependiendo de la cercanía emocional y física que tengas con esa persona, si sabes que te necesita, no lo piensas dos veces. Si esta persona está en tus prioridades y tu amistad es incondicional, siempre encontrarás la manera de ponerte al día con ella, aunque no se vean todos los días.

¿Ética y educación? De Fonseca a Samboní, aquí no pasa nada

Antes he callado. Hoy, si puedo levantar la mano y decirlo, lo voy a decir.

Lo que me enviaron me dejó perpleja. Cuando eso me pasa, trato de refugiarme en la escritura, pero el blog no parecía ser el lugar indicado para hacerlo. “El blog es sobre amor, y además no tengo datos ni fuentes, ya lo dijeron todo en el artículo del periódico” Minutos más tarde, “me llegó el clic”. Me decidí a escribir porque creo que todos podemos aprender algo de esta situación. Antes he callado. Hoy, si puedo levantar la mano y decirlo, lo voy a decir.

Primero: el artículo Lo absurdo de denunciar plagio en la U. Pedagógica

Segundo, aquí vamos con la reflexión.

¿Será que llegó el día que tanto temíamos? ¿Estamos en un país en el que se castiga a todo aquel que usa su derecho para levantarse y decir que algo no está bien? ¿No es la meta de la Pedagógica —institución contra la cual no tengo nada y en la que, de hecho, estudiaron mi mamá, mis tías, mis amigas y otra gente muy querida que conozco— eso de ser “Formadora de formadores”?

Entonces en este país estamos “bien”. “Aquí nunca pasan esas cosas”.” Aquí se corrige a la gente” y todos felices. Aquí hace plagio un señor que años después viola una niña y no pasa nada. No conozco tan bien el caso de Yuliana Samboní y su innombrable victimario, como para afirmar o negar que en su juventud los que eran sus docentes trataron de hacerle un llamado de atención, pero lo imagino. Lo que sí conozco de primera mano es a la doctora Fonseca, a la que me referiré como Carmen, porque toda la vida la he llamado así.

La he visto mil veces. Jamás dudaría de su integridad ni de su ética.  La he visto en el entierro de mi tía, acompañándonos en una ciudad que ni siquiera era la suya. La he visto tomando decisiones difíciles como la de no saber si dejar un país para darle un mejor futuro a su hija. La he visto frente a un computador haciendo aplicaciones y llenando los mil y un formularios que piden para hacer un doctorado en física nuclear y con una beca de la Unión Europea que ya ni siquiera existe… porque, nota al pie, era una beca muy completa y, por lo mismo, le pedían hasta el alma. Y aún así,  intentar llegar a un consenso entre sus ideales personales y profesionales.

De niña, la recuerdo siempre con mi otra tía: Elvia. Carmen siempre motivó a Elvia para que entrara a la Nacional y Elvia siempre me motivó a mí. Así que puedo decir que fueron mis modelos… Y cuando las dos entraron a la Nacional, todos pensábamos que no iban nunca a salir de ahí por ñoñas… Siempre estaban discutiendo temas que yo nunca entendí y que jamás llegaré a entender: La una hablaba de física, la otra de química, y así se la pasaban soñando con la academia, resolviendo problemas, intentando, con toda la paciencia del caso, explicarme a mí —la menos científica de la familia— la diferencia entre accuracy y precision para alguna traducción técnica de las que hago. Eso es ser formadora y no solo de formadores, sino de gente de bien.

¿De qué nos sirven los profesionales “divinamente” o los “intelectuales del siglo XXI” si no son buenos seres humanos? ¿Para qué lo mandan a uno a una universidad sino es para acceder a lo universal?

No, señores. La universidad no es para que uno se llene de conocimientos. Para eso está wikipedia y videitos de Youtube. La academia es para llenarse la mente de cosas antes de salir a un mundo laboral que, entre otras cosas, tampoco es que esté pidiendo profesionales… y no, no tengo nada contra los técnicos. Fui técnica en inglés antes de entrar a la Nacional, pero las clases que cambiaron mi vida y mi perspectiva no siempre fueron las de mi carrera, sino las electivas que nada tenían que ver con lo que se suponía que debía aprender.

La Nacho me enseñó a ser una buena persona. Los Andes me enseñó a no pasarme la línea y ser tan inocente e ingenua. Y sé, yo sé que cada institución hace su esfuerzo, y pero son los docentes los que se dan cuenta de qué cosas hay por mejorar en sus estudiantes. Si no les prestamos atención, algo estamos haciendo mal.

Hace poco, en un grupo de profesores en Facebook (Profe, pórtese serio), un estudiante preguntó anónimamente “¿Han hecho perder a estudiantes que merecían pasar?”. Ninguno de los docentes dijo que sí… o al menos en los comentarios que vi hasta ese momento. ¿Saben por qué? ¡Porque no lo hacemos!

Dado el tono de broma del grupo, no me aguanté y comenté “Los pelados de ahora creen que uno está pensando en cómo hacerlos sufrir… Y la verdad los profes pensamos más en cómo hacer para que entiendan, en si ya pagaron y en cuándo salimos a vacaciones 😂”. Sí. Les tengo noticias, queridos estudiantes: no queremos joderlos. No nos interesa en lo más mínimo hacerlos sufrir. No nos acostamos pensando en cómo hacer para ponerles más tareas o para hacer que nos den dinero… porque, si algo sabíamos cuando nos metimos a estudiar esta vaina, es que la educación plata, lo que se dice plata, no da.

Así que el freno de mano no es gratis. Cuando vemos que algo anda mal, nos toca decirlo. Y procuramos decirlo con todo el amor del mundo. Nos toca a veces hacer de mamás y papás, y escuchar unas historias que dejarían congelados a algunos padres de familia. Pero lo hacemos con gusto y lo mínimo que esperamos es ser oídos… no que nos bajen el sueldo por hacerlo ni que nuestra ética profesional se comprometa “pasando al angelito”.

¿Y cuál es la lección en todo esto? Que si puede hacer algo, aunque sea lo mínimo, para levantar su voz cuando se necesite, lo haga. Y, que si encuentra a su paso alguien que trata de explicarle con paciencia, valórelo. Son una especie en vía de extinción… especialmente ante un abuso de poder.

Mario Bross o la metáfora de la vida

Son pocas las personas que no saben quién es Mario Bross. Para que todos estemos en la misma página lo diré en una línea: Mario es un plomero que tiene que hacer un recorrido para rescatar a una princesa.

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Imagen de Humberto Chalate (Flickr)

 

Ya otros han dicho que aprendieron de él millones de cosas, como que «si encuentras dinero tirado en la calle, ¡es tuyo!» o que «cuantas más moneditas tengas, es más fácil encontrar a tu princesa».

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Imagen tomada de: Desmotivaciones.es

En realidad es poco lo que tengo por decir del juego, pero sí mucho de lo que es para mí la mejor metáfora de la vida.

1. Esta realidad es para mí una simulación.

Estar aquí es el equivalente a montar en la montaña rusa. Casi todos hacemos fila para ver qué se siente, incluso si estamos seguros de que habrá una caída. Una y otra vez nos metemos en un personaje… incluso podemos escoger ser el plomero más humilde.

2. Hay distintas vías para llegar al mismo objetivo.

Uno puede seguir el camino en línea recta o subirse a las nubes. El objetivo siempre va a ser el mismo: rescatar a la princesa… o el que cada uno se haya propuesto. Uno podría usar la cabeza de su avatar para romper ladrillos o para atrapar moneditas, y nadie puede decirnos que estamos jugando bien o mal si nos dedicamos solo a atrapar las monedas o a romper los ladrillos. También podemos elegir crecer o estar siempre del mismo tamaño… y aún así, jugar felices.

3. Hay baches… pero también hay trucos para pasarlos.

Una buena comida tiene diferentes sabores y uno no puede pedir que todo sea dulce; y no porque el chef no pueda preparar postres 24/7, sino ya que uno mismo no estaría dispuesto a empalagarse tanto. De vez en cuando viene bien algo de picante… y tampoco es necesario que todo lo tenga o ponerlo. No sé qué dirán mis amigos mexicanos, pero debe haber alguna excepción.

Pero volvamos a Mario. ¿Qué hacer cuando uno está frente a un bache, un dragón o cualquier amenaza? Uno siempre tiene un primo que conoce el juego. Si uno trata mil veces y no sabe cómo pasar esa parte, le pasa el control por un momento. Yo creo que esa es la posibilidad más interesante del juego de la vida. Yo no soy muy rezandera, pero me imagino que Dios es ese primo mayor o ese amigo que ya sabe cuáles son los atajos y le paso el control. No se trata de ponerlo a jugar siempre a Él, porque entonces no jugaríamos, sino de que nos dé consejos y nos ayude con cosas con las que no podemos. Como yo lo veo, la vida no es una creación única de Él ni solo del humano,  es una co-creación. ¿Y si uno no cree en Dios? Pues vale, soltar el problema es pasarle el control al curso de la vida o al universo… A veces tenemos que aceptar que hay cosas que no están en nuestro poder… y jugar por disfrutar, porque empezar a usar el control con tristeza o quejadera no hará que lleguemos más rápido a la meta. Después de todo, para saltar los baches, el 90 % de las veces se necesita impulso.

4. Nadie está obligado a estar en el juego.

Supongamos que se va la luz o que nos aburrimos… o incluso que ya rescatamos a la princesa. Siempre podemos entrar y salir del juego cuando queramos. No. No estoy haciendo ninguna apología al suicidio. Por el contrario, estoy tratando de que recordemos que estamos aquí porque amamos la vida y queremos ver qué se siente estar en un avatar que puede comer chocolate, saber a qué sabe la cerveza y tener sexo. ¿Qué otras razones podría haber para bajar a un planeta complicado? Sí. Hasta ahora, al menos de manera oficial, tenemos que cuidar la Tierra porque es el único planeta con cerveza. ¡Salud! Jajajaja…

Pero ahora sí en serio: olvidémonos de que Dios nos puso aquí… y de que estamos aquí para sufrir. Vinimos para disfrutar el recorrido y le rogamos al universo que por favor nos dejara venir porque sabíamos que si podíamos con esto, podíamos con cualquier cosa. Ya hicimos la fila para la montaña rusa, ahora depende de nosotros disfrutarla.

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Imagen tomada de: http://www.cuatro.com/videojuegos/Super-Mario-Nintendo-parque-atracciones-Universal_0_1983450485.html