¿Cómo sobrevivir a un amor tóxico?

Si pudieran conversar con esa persona que ustedes creen que tiene todas las respuestas, ¿qué le preguntarían?

La base narrativa de todos los buenos libros, al menos en el mundo occidental, es siempre la misma: alguien vive en un mundo y un día, de la nada, recibe una «invitación» para visitar otro.

Siempre es lo mismo. ¿Blancanieves?

Sí. Vive en un castillo relativamente feliz, hasta que un día su madrastra la manda matar y termina en una casa limpiando la casa de unos sujetos que, probablemente, aún sean vírgenes.

¿Drácula?

Un mancito tiene una novia y su vida es relativamente tranquila, hasta que le da por dejarla e irse a un viaje de negocios dizque a visitar un cliente. El cliente resulta ser un loco obsesionado con la sangre que además ahora le quiere gusanear a la novia. ¿Quién lo manda irse por allá?

¿La vorágine?
Un man se mete en la selva, le pasan mil cosas y, #SpoilerAlert, de allá no sale. Otra vez: ¿Quién hps lo mandó a irse por allá?

Y así con todas las obras literarias y películas que alguna vez han valido la pena… o bueno, independientemente de la calidad, casi con cualquier peli de Hollywood.

Siempre detrás de toda narración hay un cambio de estado… ya sea físico o mental, el protagonista cambia o algo en su manera de ver el mundo cambia. Por eso es que nos gustan tanto las historias de amor: porque quizás no hay nada más transformador.

El enamoramiento tiene la capacidad de hacernos ver el mundo como envuelto en una atmósfera rosa o puede convertir el día más soleado en un momento gris. El amor, al contrario, cuando es verdadero, nos ayuda a ver las cosas con más claridad.

Anaïs Nin decía que no vemos las cosas como son sino como somos.

Ay, Dios. Si ustedes me conocen, saben que estoy obsesionada con Anaïs Nin.

Lo estoy porque, de vez en cuando, cada cierto tiempo, tal vez una vez por década, tal vez una vez por siglo, aparecen estrellas fugaces, seres que parecen haberlo entendido todo, personas adelantadas a su tiempo. Para mí, eso es lo que significó haberme acercado un poquito a Anaïs en mis años mozos.

Y a veces me miro al espejo y me pregunto si pudiera conversar con ella, tomarme un tinto y sonreírle, ¿qué diría ella de lo que pasa por mi cabeza? ¿Qué me diría la tía Anaïs? ¿Les diría algo de lo que yo les digo a mis sobrinas en este blog o se reiría del sinsentido que tiene definir y redefinir el amor una y otra vez?

¿Qué le preguntaría?

Uf. Muy fácil.

—¿Por qué no te quedaste con Henry Miller?

¿Qué me respondería? Muy fácil:

—No me quedé con él porque sabía que me hundiría, porque me pudo más lo que tenía con Hugo, porque sería incapaz de hacerle daño. Henry era como un veneno dulce que sabes que olerás una vez en la vida, pero más de dos gotas son letales.

—La diferencia es que el veneno no se destruye a sí mismo.

—Exacto. En el fondo, Henry solo conocía el sufrimiento. No podía dejar que me arrastrara con él.

—¿Crees que una persona que solo conoce el mundo del sufrimiento está condenada a vivir allí?

—No está condenada, pero lo pensará dos veces para emprender el viaje del héroe y buscar un mundo de mayor felicidad. Hará todo lo posible para que los demás emprendan el viaje hacia su mundo.

—Eso en mi época se llama ser tóxico.

—Eso en mi época se llamaba ser bohemio e incomprendido.

—¿Te arrepientes?

—Pas du tout. Je ne regrette rien. Lo amé hasta el último segundo de mi vida. Lo he seguido amando en otras vidas… pero aprendí a amarlo de lejos.

—¿Algo para cerrar esta entrevista mental que nunca sucederá? ¿Algún mensaje para mis sobrinas y sobrinos y sobrines que te leen? (o sea, nadie, porque nadie lee este blog salvo mi mamá y mi sobrinita política).

—Sí. «Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo».
PS: Yo no me inventé lo del viaje del héroe; de hecho, es más viejo que la panela. Si no me creen, busquen en Google El héroe de las mil caras o miren esta imagen (robada, obvio). A lo mejor les sirve para evaluar su vida como si fuera una película y preguntarse: ¿Qué historia me cuento a diario? ¿En qué narrativa vivo? (Comedia, espero).

La sirenita o pequeño manual para entender a ALGUNAS mujeres

«¿A las mujeres quién las entiende?» No se preocupe por entendernos, ni nosotras muchas veces nos entendemos… sin embargo, aquí dejo unas pistas para empatizar con nosotras mismas.

Hay una combinación explosiva que convierte a esta pacífica mujer en un demonio indeseable: hambre y sueño. O bueno, hambre y frío… o la triada del infierno: hambre, sueño y frío.

Así que he tenido que aprender dos cosas que quiero compartirles hoy, queridas sobrinas (y sobrinos y sobrines y sobrinis y todo lo que se os ocurra, que aquí no se discrimina, aquí se odia a todo el mundo por igual jajajajaja, mentiras).

Aprende a identificar tus pinches necesidades, amiga, y ¡COMUNÍCALAS! ¡COMUNÍCALAS!

No eres la sirenita que cuidado va y le escribe en un papel al príncipe «Hay una bruja mala que no me deja hablar y hará lo posible por separarnos, puedes elegir creerme o no, pero conste que te lo advertí. PS: Es mi tía».

Volvamos al cuento inicial: Este es un mensaje para mi yo de hace diez años, básicamente; y a veces, aún, para mi yo actual.

Verán, por esa época yo pensaba que la gente tenía un lector de mentes y que era su responsabilidad adivinar cómo me estaba sintiendo y que, si no lo hacían, de alguna manera, era falta de preocupación por mí. Entonces, si me ponía de mal genio, la otra persona tenía que saber por qué era.

Puedo culpar a mis padres porque casi siempre sabían qué era lo que yo necesitaba antes de que yo misma lo supiera, pero no lo haré (¿Además qué clase de culpa sería culparlos por hacerlo todo bien?). Todita la responsabilidad es mía porque en esa época no había curso de gestión de emociones y nadie conocía a la doctora Brené Brown (vean el video de la doc: que solo dura tres minutos y así quizás me entiendan mejor. Los enlaces que yo dejo no son de adorno 😜).

Y sí, el poema de Frida Khalo también sirve para no pasar la delgada línea entre mendigar amor y que te lean la mente pero, de por Dios, es uno quien tiene que identificar primero qué quiere. Y a veces, es tan tan taaan difícil saber qué es eso que anhelamos.

Entonces a mí, particularmente, me toca empezar por identificar todo lo que no quiero. Sé que no es una perspectiva muy positiva, pero me funciona porque me permite ir hacia adentro, vomitar mis pensamientos en el papel y luego tachar todo lo que no quiero para reescribirlos con calma y entender lo que sí estoy necesitando y lo que quiero (dos cosas que, no siempre coinciden). En ocasiones es fácil, porque el cuerpo lo pide o el estómago gruñe, pero la mayoría de las veces me cuesta identificar cuál es la necesidad de mi niña interior para que la adulta pueda proveerla de lo que ella le está pidiendo… y toca escribir.

Supongo que hay otras maneras. Puede ser que alguien ya tenga su ruta neuronal tan bien enseñada que le fluya de manera natural, pero yo tengo que poner en palabras mis sentimientos, tengo que nombrarlos, tengo que clasificarlos… tengo que saber si se trata de una necesidad básica (fisiológica, quizás) o de un sentimiento. ¡Y me da rabia porque me quita tiempo ponerme a hacer el ejercicio a cada ratico! O sea, o vivo o reflexiono todo el tiempo, y así no se puede.

—¿Clari, pero y por qué te cuesta tanto cocinar?

—Porque implica medir, tener paciencia, ponerle cuidado a los tiempos, dejar el temor de que se riegue, de que quede muy salado, de que quede poco salado, de decirme a mí misma que fracasaré, exponer mi necesidad estúpida de validación externa… ah, y limpiar o agregar una cosa más a la lista invisible de tareas, así la gente diga que «El que cocina no lava».

—¿Y por qué no te pasa eso con los postres?

[Turururúntu turún tu ru ru… Bajo del maaar, bueno, este video sí es solo para pegarles la canción y no ser la única que la está cantando mentalmente]

—Porque sé que todo lo anterior valdrá la pena, además el placer estético de hacer una casita de chocolate me puede más… y porque el derretir el chocolate no toma más de 30 segundos.

Pinche dopamina.

Suspiro.

Sigamos con otra escena.

Recuerdo que una vez le conté a una amiga que a veces me quedaba metida en el computador y que ni siquiera tomaba pausas para desayunar. Fue como:

—Clari, los temas que tienen que ver con nutrición representan, un poco, a nuestra madre… es decir, a que seamos nuestras propias madres y seamos capaces de cubrir las necesidades básicas (alimentación, sueño, alimento, etcétera) que la niña interior te está pidiendo.

¡Pum! Baldado de agua fría. #BofetadaMental

Básicamente vivo ignorando a esa chinita y diciéndole (sin decirle) que todo lo que me pide es una pendejada, que el trabajo es más importante o que cualquier cosa es más importante que ella.

Y por eso, cuando alguien no lee mi mente, mi niña interior se enoja porque nadie le pone cuidado, ni la persona que vive con ella en el mismo cuerpo, ni la persona que está al frente. ¿Les ha pasado?

Así que esto es lo que aprendí: ya sabiendo que el hambre me puede, lo aviso con anterioridad a mis amigos cercanos. Eso no quiere decir que los vaya a responsabilizar de mí y entonces sean ellos los que tengan que pararse y alimentarme, pero al menos si un día me da hambre y me ven con cara de ogro, al menos tal vez me pregunten «¿Tienes hambre?» (a veces los amigos de uno tienen la capacidad de ver cosas de uno que ni uno mismo ha notado) y entonces yo caiga en la cuenta y me busque una empanada o algo. Eso o cargar maní entre la cartera.

Mi punto es: Primero me encargaré yo de que la niña no tenga que llegar al extremo de llorar para atender su necesidad. Segundo: si alguien más la escucha, que sepa que no es personal y que tal vez, taaal vez, pueda hacer las preguntas correctas. Y tercero, ya vengo que me voy a hacer un desayunito.

Guía para olvidar a su machuque

Veamos qué tiene hoy en el tintero nuestra querida tía Clara

El propósito de este blog es y ha sido reflexionar sobre el amor. Sin embargo, es casi imposible hablar de lo bueno sin hacer una referencia, al menos una vez, a lo negativo. Y por eso, queridas sobrinas, la tía Clara está aquí para daros algunos consejos que yo misma hubiera querido escuchar en su época.

1. Tenga una lista de reproducción

La primera canción de esa lista debe tener un mantra poderoso, debe ser una canción que resuma el objetivo, que esté llena de beats y que no nos deje desfallecer. Es evidente que en este punto ya saben de qué canción estoy hablando. No puede ser otra que la interpretada por nuestra segunda reina —la primera es Beyonce— la inigualable, la infaltable, la arrolladora… Dua Lipa con New Rules.

Mamacita, usted se la va a aprender.

¿Que no sabe inglés? No me importa.

Coja un diccionario, coja el Google Translator, búsquela con subtítulos en Youtube. No me interesa. Se aprende el coro y lo canta desde que se levanta hasta que se acuesta. ¿Oyó?

One: don’t pick up the phone, you know he’s only calling coz’ he’s drunk and alone.

Efectivamente. El man la va a buscar a usted cuando sumercé esté más vulnerable, así que nada de contestarle el WhatsApp, mirarle los estados, nada de Facebook, nada de Instagram y menos comentarle las historias.

Por cierto, tengo que hacer un post de lo maravillosa que es la vida sin WhatsApp. Tal vez lo llame «Hay vida después del WhatsApp».

Two: Don’t let him in. You’ll have to kick him out again.

Si usted se ve con él, ya perdió.

Three: Don’t be his friend. You know you’re gonna wake up in his bed in the morning.

Y, por supuesto, tómese un tiempo para usted. No intente ser amiga del man hasta que sus heridas no estén reparadas. ¿Por qué? Porque…

If you’re under him, you ain’t gettin’ over him

Lo siento, esa oración solo me parece chistosa en inglés.

2. Ábrase una cuenta en Duolingo

Usted está en rehab. Así que cambie una droga por otra. No más Instagram, no más mirarle la hora de conexión. Búsquese un hobbie, métase a hacer pole dance, busque videos de cómo hacer mocktails o póngase juiciosa a aprender el idioma para el que se considere negada o el que siempre quiso. Cada vez que le dé por caer en tentación, líbranos señor de los pendejos y una lección de Duolingo: ¡Tarán! Políglota en tres semanas. ¡Que sí!

[I’m unstoppable today] Le aseguro que va a tener a alguien que la persiga, así sea un pajarraco verde:

3. Invéntese un paseo con sus amigas

Váyase a un lugar que sea seguro para llorar, si es que desea hacerlo y con personas que no la juzguen. Ojalá con mucha naturaleza y películas románticas. ¿A dónde? Fácil: a Argentina. Nunca he ido, pero estoy segura de que allá se acaban las tusas. A menos que usted viva precisamente en ese país, en ese caso solo le puedo recomendar Cuba o Canadá… y, con conocimiento de causa, allá sí puedo decir que el caldo de ojo es brutal.

Pero bueno, fuera de chiste, váyase así sea al parque con sus amigas. Si no logró reunirlas a todas, al menos intente irse a tomar un café con una. Todo se puede [With a little help of my friends], pero usted tiene que aceptar la ayuda y pedirla, nadie va a venir a leerle la mente y adivinar que usted está mal.

4. Llame a la niña

Recuerde qué le gustaba hacer a la niña que usted alguna vez fue. ¿Tal vez escribía? ¿Tal vez dibujaba? ¿Tal vez bailaba? Lo que sea que hiciera feliz a su yo del pasado es clave, porque la que se siente más herida es la niña, incluso más que usted de adulta. Si es necesario, haga una lista de los amores pasados desde el inicio de los tiempos y revise de qué maneras usted se ha sentido abandonada, rota, traicionada o incluso humillada. No necesariamente esas heridas han sido causadas por una expareja, pero tal vez por situaciones que requieren revisarse.

5. Evite el autosabotaje

Y créame, esa puede llegar a ser la parte más dura: la de librar batallas mentales de usted contra usted, darle vueltas en su cabeza a algo que no tiene respuesta, rumiar el pensamiento (habla una experta #Fail) o preguntarse «¿Por qué a mí?».

Acepte que usted no tiene control sobre lo que otras personas hacen o dejan de hacer. Usted solo tiene control sobre sus acciones y, a veces, sobre sus pensamientos. Así que antes de darle el consejo positivo que usted no quiere oír porque no está lista e incluso la va a incomodar, déjeme decirle que se refugie en las personas que usted sabe que la quieren y ocupe su mente en cursos, natación, baile, gimnasio, jardinería, hacer cerámica, irse a cine, practicar maternidad de gallinas o cualquier actividad en la que usted esté lo más lejos posible de su celular y concentrada en una sola tarea.

Y finalmente, cuando ya esté saliendo del hoyo, no antes porque hay que permitirse sentir, ahí sí puede ponerse a examinar qué salió mal, cómo hacerlo mejor la próxima vez, para qué le pasó lo que le pasó (no por qué sino para qué) y recuerde que la terapia siempre es una opción y no hay de qué avergonzarse.

Bonus – Caja de herramientas para distraer la mente cuando estoy muy estresada o no quiero pensar

Esta es mi lista personal. Le recomiendo que usted haga la propia y si esta le sirve de inspiración, pues genial.

Aquí van mis Cheap Thrills:

  • Irme a Miniso, DollarCity o tiendas similares a mirar bobadas (no recomendado si usted es de las que compensan los vacíos emocionales con compras)
  • Oler un perfume o un aroma que me guste (Parce, hace unos días les confesé a mis amigas que me encanta el olor a Cresopinol, a gasolina, a trementina… Estoy bien frita)
  • Escribir en hojas de puntitos
  • Reventar plástico de burbujas
  • Irme a comer donitas
  • Hacerme una trenza
  • Irme a Salsa Camará con mi amiga K
  • Hacer una raclette e invitar amigos
  • Hablar con mi primo o mi mejor amiga
  • Cantar en la ducha
  • Poner un video en Youtube y hacer dizque karaoke frente al pc
  • Colorear mandalas
  • Leer poesía o cosas corticas que no me abrumen
  • Irme a un Tostao a tomarme un granizado o a Juan Valdez
  • Irme a comer una paleta
  • Tomarme un vino y escribir
  • Hacer papitas en la freidora y luego tragármelas todas yo solita
  • Verme una comedia romántica que ya me haya visto y chillar si es necesario
  • Ver tiktoks de America’s Got Talent y llorar cuando se sacan el ticket dorado jajaja
  • Darme un baño
  • Ir a comer empanadas

Cómo «stalkear» a alguien como un profesional

Solo porque hoy es viernes: una historia que te dará risa… o miedo.

Todo comenzó porque hace unas semanas mi amiga mencionó que había conocido un tipo la noche anterior y que no sabía si iba a volverlo a ver.

A partir de allí, el kráken había sido liberado.

Paso 1: ¿Cómo se llama el personaje?

Si usted no tiene el nombre y al menos un apellido, no hay mucho que pueda hacer.

Ella solo tenía el nombre.

Paso 2: ¿Amigos en común?

Después de revisar un par de perfiles, ¡bingo!

Normal. Todo el mundo sabe hacer eso.

Pero esperen. Aquí es donde realmente el cuento se pone interesante. Solo lo comparto por una razón, además he variado un par de detalles porque no me siento orgullosa de ser tan obsesiva 🙈. Conste que lo hago para que ustedes se pongan las pilas y cuiden su información (ajá, siempre la buena samaritana). Seré así de buena papa mientras en español esto no sea un delito (aún) y por eso tal vez lo siga haciendo de vez en cuando (sí, «claaaro»). Por lo pronto, cuídense. Y bueno, yo no digo nada porque tengo muchas cosas públicas que sé que no deberían estarlo, pero pues…

Sigamos: Le digo yo a mi amiga, ¿entonces ya tenemos el apellido del man?

—Fulanito De Tal.

—¿Qué más datos tenemos?

—Mencionó que trabajaba en EntidadDelGobierno.

Uy. Eso fue como haberme dicho que me regalaba un millón de dólares. Mi cerebro, sediento por esos días de dopamina, pedía otro chute. «Más, por favor, mááás…». Amo espiar a gente que no conozco, solo por diversión… Aunque confieso que estoy fuera del juego hace ya bastante tiempo, lo cual me permitió actualizar mis habilidades un poquito.

Paso 3: Vamos a Google. La vieja confiable: comillas en Google … «Fulanito de tal» «EntidadDel Gobierno»

A los cinco minutos yo ya tenía el número de cédula del man, cuánto ganaba y podía calcular más o menos desde hace cuánto trabajaba en la EntidadDelGobierno.

¿Por qué? Pues porque cuando usted estudia o trabaja o tiene algún tipo de vínculo con una universidad o institución del Estado, ya perdió. Sus datos están ahí.

Paso 4: Comillas en Google con la cédula.

Ese es más difícil porque pueden salir números al azar, pero vale la pena intentarlo.

Paso 5: Búsqueda del nombre con comillas e imágenes en todas sus formas posibles:

«Fulanito De Tal»

«Fulanito Tal»

«Fulanito De»

«De Tal, Fulanito»

Y bueno, mi amiga quedó impresionada con el montón de información que encontramos…

—Qué miedo, parce. ¿Se imagina que fuéramos unas locas que quisiéramos saber por dónde vive el man?

—Sí, Clari. Qué miedo.

—Aunque… ¿Quiere saber más o menos qué edad tiene? Página de la Registraduría.

Whaaat?

Paso 6: Búsqueda de registro civil con la cédula.

—Usted no va poder saber el día que nació exactamente, pero sí la notaría en la que el personaje sacó el registro civil cuando chiquito. Así que, si el registro dice 20 de marzo del 1980, usted más o menos calcula que el man nació tal vez en febrero (posiblemente piscis) y que debe tener más o menos 43 años.

—¡Qué miedooo!

—¿Miedo? Venga miramos a ver si encontramos el perfil de Instagram saltando de perfil en perfil asumiendo que tiene más o menos los mismos amigos que tienen en común en el Facebook.

—¡Tarááán! Perfil público.

* Se relame. *

Paso 7: Revisar si lo han etiquetado en alguna foto, revisar el perfil de las personas que más le comentan, revisar el tipo de cuentas que sigue.

—¡Mk, de verdad estamos muy locas!

—¿Quién la manda darme cuerda? Ojo que el man sigue las cuentas de la UniversidadTal, o sea que a lo mejor estudió ahí. No es un hecho, pero podría ser una pista.

—Clari, usted es el FBI, mk.

—No, si fuera el FBI averiguaría dónde vive el man, aunque…

Paso 8: Página de la Registraduría nuevamente: lugar de inscripción de la cédula.

—No me crea tan mk. Uno puede más o menos intuir en dónde podría, potencialmente, vivir el man.

Y bueno, así pasó. Me sentí orgullosa de haber prestado un servicio a la humanidad y me coroné con el máximo título de Doña ingenio soberana de las redes sociales 💅🏽. De haber tenido más pistas, le hubiera conseguido el Spotify, el perfil de YouTube y hasta hubiese averiguado si el man tenía un blog de cuando la gente hacía blogs (juaaa). Todo eso hasta que un par de días después TikTok me mostró el siguiente video y ahora mi reputación quedó reducida a una simple aficionada 😮:

@laamateur

👩🏻‍⚖️este es el linklk: https://consultaprocesos.ramajudicial.gov.co/Procesos/NombreRazonSocial

♬ sonido original – Laura • laamateur

Kilometraje

Anoche me soñé que le hacía un cartel a un amigo que no estaba tomando riesgos.

En el sueño la frase era clara: «Los carros que van a 60 kilómetros por hora no están hechos para ir a esa velocidad».

Cuando me desperté, el mensaje no era tan obvio y tuve que anotarlo para digerirlo. Es simple: la velocidad es algo que se impone, algo aprendido, algo establecido por la ley, por el entorno… por algo externo. En realidad, un carro puede ir muchísimo más rápido… está en su capacidad. No obstante, a veces parece que tenemos que ir a la velocidad de los demás para evitar accidentes, para no ser «multados», para no sobrepasar el límite impuesto. En la vida real, el «lento, pero seguro» puede ser una estrategia sabia… o una excusa para no hacer las cosas y arriesgarse.

En el sueño, el letrero que le hacía a mi amigo decía: «Deja la bobada de una vez y atrévete».

Dicen que la mayoría de las veces soñamos con nosotros, no con otros. Entonces no es un mensaje para él, es un mensaje para la parte de él que yo veo en mí. Es un mensaje para la Clara joven, pues es la primera palabra que se me ocurre para describir a mi amigo: ahora que eres joven, hay que atreverse.

¿Hasta cuándo voy a tener que postergar ese pendiente? ¿Hasta cuándo seguiré quejándome por no hacer lo que hace rato quiero hacer? ¿Cuántos letreros y vallas voy a tener que hacerme a mí misma a ver si un día lo entiendo?

Estar en el lugar equivocado

Así como cuando Santos te da una lección…

Me ocurre, quizás con más frecuencia de la deseada, que me aburro fácilmente cuando no tengo resultados pronto, especialmente en el área laboral.

Digamos que esperar no es una de mis cualidades y a menudo, cuando me encuentro en situaciones en las que las cosas no avanzan, me canso y me voy.

He dejado trabajos, casi de la noche a la mañana, por esa misma causa: «aquí nada sale ya… y si sale, sale mal».

«¿Esto ayuda a alguien, aparte del dueño del aviso? La verdad es que no. Apague y vámonos».

En el trabajo actual estoy contenta, pero digamos que ayer recibí un pequeño recordatorio, para que no se me olvide que lo que hago, por pequeño que sea, puede hacer la diferencia.

El presidente de la República comenzó a hablar. No soy su fan, no me conoce, no lo conozco, no comparto muchas de sus estrategias, pero ayer me dio una lección en la distancia.

Apenas unas horas antes, me habían pedido que revisara unos fragmentos de un documento relacionado con la frontera agrícola, no todo y, por supuesto, no fui la única. Horas después, él lo presentaría como uno de los logros de su gobierno.

Yo no sé si eso sirva en el futuro. No lo sé, porque mi conocimiento frente al tema es limitado. Sin embargo, al mirar la transmisión de su presentación, apareció en la pantalla una foto tomada por uno de mis compañeros. ¡Qué orgullo!

Entonces entendí que lo que uno hace, ya sea barrer la puerta de su casa o dirigir un país, tiene implicaciones, tiene impacto.

Comprendí que, quizás por primera vez, había hecho algo concreto, chiquitito y anónimo, por mi país. ¡Qué alegría y qué bendición!

Estamos, casi siempre y aunque tal vez dudemos, en el lugar correcto.

¿La vida es sagrada?

¿Será verdad ese cuentico de que la vida es sagrada?

Juzgar es tan fácil. Tener miedo es tan fácil. Peor: vivir con miedo es tan fácil.

Esta semana, a raíz del debate en Argentina sobre el aborto, vi un par de páginas católicas en las que publicaban unos comentarios horribles… como si eso fuese lo que Yisus hubiera hecho o dicho.

Tal parece que la vida sí es sagrada, pero la de los que dicen tener la verdad. La vida es sagrada, pero pareciera que no la de las mujeres que han tenido que pasar por una situación de esas.

Tal parece que, en pleno siglo XXI, las elecciones no son sagradas ni respetadas, solo se juzga a la mujer y se le tilda de asesina… como si alguien pudiera tomar una decisión como esa muerto de risa.

No me malinterpreten, no es nada contra el catolicismo… yo misma comparto muchos de sus ideales, pero hay que reconocer que aún hay muchas cosas en que algunos humanos somos intransigentes y retrógrados.

¿De dónde viene esa necesidad de criticar a todo lo que no hace lo que yo haría, piensa como yo, tiene mis mismas preferencias sexuales o elige mi misma religión?

Sí, mi gente bella: la vida es sagrada. Es tan sagrada que no es para andar criticando la de los demás.

Si no le gusta el divorcio, no se divorcie. Si no le gusta el aborto, pues no aborte… Simple. Viva su vida, y evite el odio en las redes sociales y en su existencia terrenal.

Estoy segura de que Yisus debe estar con la mano en la frente y los ojos cerrados🤦🏻‍♂️, porque no entendimos nada como humanidad… Punto para Argentina.

El instante

¿Estamos en la era digital o en la del garrote?

Todo lo queremos fotografiar. Todo lo queremos registrar. Vamos a un concierto y no cerramos los ojos un segundo para que la música nos transporte. No. Queremos que quede el registro de que estuvimos allí y que lo vivimos.

¿Es esta tendencia nueva? ¿Es acaso culpa de la creciente ola tecnológica que nos bombardea a diario? ¿Es este el narcisismo del siglo XXI?

Tal vez. No obstante, me inclino a pensar que una gran parte de la culpa viene de la necesidad intrínseca de sobrevivir y perdurar. El ser humano desea, secreta o abiertamente, dejar un legado para que otros sepan que estuvo aquí. Se nos olvida que esta experiencia es efímera y que lo que hoy está vigente mañana será un periódico de ayer.

Otra de las causas de esta tendencia es la brecha generacional entre los que nunca lo habían vivido, los que nacieron con ello… y los que vivimos una infancia analógica y una adolescencia digital.

La generación que nunca lo había vivido —la generación de mis padres, tíos y abuelos— se acostumbró a atesorar las veinticuatro fotos del rollo, a no malgastarlas, a no desperdiciar los instantes, a aprovechar el jabón metiéndolo en una media. Nada se desperdiciaba. Es una generación para la que las llamadas eran importantes y se valoraba el tiempo ajeno. Se llamaba para saludar y para pedir favores. La gente iba al punto. Daba pena demorarse… y además costaba.

Mi generación, la del medio, aprendió a tener conversaciones de chat estúpidas del tipo:

—Hola.

—Hola.

—¿Qué más?

—Bien. ¿Y tú?

—Bien.

—Quiero contarte de un negocio.

Ya sabemos a dónde termina.

El narcisimo siempre ha existido, lo que pasa es que ahora cambió de medio.

Mi generación, por fortuna, vivió una infancia en la que los instantes se valoraban… en eso ganamos. Pero en la adolescencia también perdimos. Empezamos a propagar la cultura del «corta y pega», y a subrayar cada vez menos los libros.

En mi generación son cada vez más los instantes que se pierden. Esos momentos mágicos que quedaron en un VHS, esas canciones que grabamos en cassette… o, peor aún, esa melodía de cuya existencia ni estamos seguros porque no aparece en Youtube ni en Deezer. Uno es lo que uno vive y cómo lo recuerda.

Aquellos dopados digitales de ahora carecen de la tensión mínima que da valor a las cosas. No experimentan el susto rico de no saber si al malo de la serie lo matan o de si los ladrones se saldrán con la suya, no sé de qué manera disfrutan el instante… rara vez se sorprenden y casi nunca se inmutan.

—Ah, sí. Ya lo vi.

Todo es obvio.

Claro. Todo está en internet.

Pero hay algo que no está en internet: tu experiencia… tú en tu propio pellejo… tú y lo que se siente ser tú cuando hueles ese chorizo que te encanta… tú y los suspiros que salen de ti cuando vez a tu cantante favorito. Tal vez estén tus fotos, tus memes y tus dramas… pero tú no estás en internet.

Diez pasos para perder la paz o el síndrome del mico apenado

Lecciones aprendidas y más lecciones aprendidas…

I

—Lo siento, señorita, pero, si no tiene los dos decodificadores, no le puedo hacer la instalación de la televisión.

—Esto es el colmo, señor. Yo sé que usted no tiene la culpa, pero estoy segura de que yo devolví ese aparato hace un montón de tiempo, porque mi vecina del tercer piso sacó otra cuenta aparte, pero también con ustedes.

—¿Y usted tiene algún comprobante de esa devolución?

—Pues aquí no, pero me imagino que en la casa donde vivía antes sí. Me tocaría ir a buscar el papel.  Hagamos una cosa: mi mamá se queda aquí, y yo voy y busco el comprobante. ¿Me necesitan para firmar algo?

—Pues… yo voy a llamar mientras tanto y, si me autorizan, hago la instalación. Si no, tendríamos que reprogramar la visita.

—Ma: Si me necesitas para cualquier cosa, me llamas.

II

—¿Aló?

—Clarita, ya el señor se va.

—Pero, espérate. Acabo de encontrar el papel. Déjame te lo mando al Whatsapp y se lo muestras.

—Me dice que el número de serial no coincide y que tienes que ir personalmente a llevar el papel al centro de servicio.

—¿Qué? ¡No puede ser posible! ¡Estos operadores son lo peor! ¿¿¿Entonces me quedo sin internet, ni televisión ni teléfono???

—Pues, por lo pronto, me dice que no le autorizan la instalación.

III

«Tienen güevo». «Es que son unos hijueputas». «He debido regarme como una placera y fijo, fijo, ahí sí me atienden…» «Pero pues el man al fin y al cabo nada qué ver, porque él solo sigue órdenes, ¿no?» «Qué mierda de sistema…» «Ni teniendo el papel uno puede defenderse…» «He debido aprovechar y cambiarme de operador…» Y cuidadito lo atienden a uno por teléfono». «¿Y qué tal que me vaya para el centro de servicio y allá me digan que no me atienden? Porque así son…» «Igual allá también me pueden decir «Ay, no, señorita. El sistema me registra que usted no ha entregado el decodificador» «No me digas»» «Tienen güevo…» «Tienen güevo…» «Tienen güevo…».

IV

—Mi amor, ¿ya vinieron a instalarte el internet?

—Ash. Ni me hables de eso que tengo piedra.

—Voy a pasar por tu casa. Ya nos vemos.

V

—¿Y tú estás segura de que entregaste el decodificador?

—Sí. Me dijeron que fuera con el comprobante al centro de servicio, pero no voy a ir hasta no saber en cuál de todos atienden ese caso específico y los horarios. Estoy esperando a que el celular cargue un poquito y llamo. Y si puedo, voy hoy mismo. Qué piedra.

IV

Mensaje de Whatsapp a las vecinas:

Chicas, ¿cierto que hace como tres años yo entregué los decodificadores y ustedes sacaron una nueva línea?

VI

—Amor, mientras carga tu celular, llama del mío.

—Vale.

VII

—Bienvenido al centro de servicio. Para «No se qué», marque 1. Para «No se qué», marque 2. Para «No sé qué», marque 3.

(Marca 2)

—Para «No se qué», marque 1. Para «No se qué», marque 2. Para «No sé qué», marque 3.

(Marca 3)

—Para «No se qué», marque 1. Para «No se qué», marque 2. Para «No sé qué», marque 3. Para «algo, algo, algo», presione 4.

(Ya con la vena brotada, marca 4).

—Centro de servicio de Tal cosa. Habla Fulanita. ¿En qué puedo ayudarle?

—Buenas tardes, Fulanita. Lo que sucede es que bla, bla, bla… y entonces el decodificador bla, bla, bla… y entonces bla, bla, bla.

—Permítame verifico en el sistema.

Dos minutos después.

—¿Tiene el número de su decodificador?

—Sí, señorita. Es el 123456789OdioATuCompañíaXYZ.

—Permítame verifico en el sistema.

Tres minutos después.

—Gracias por su espera en línea, señora Clara. Bla, bla, bla. Bla, bla, bla. Y entonces debe acercarse a un centro de servicio. Si gusta le puedo indicar la dirección y el horario del más cercano.

—Bueno.

—Bla, bla, bla. Bla, bla, bla.

Veinte minutos después.

—Gracias, hasta luego.

VIII

—Pues sí. Me toca ir. Voy a mirar si ya cargó el celular, y me voy para allá. Hijueputa vida.

—Ush, mi amor, pero tranquila.

—Es que es el colmo. Tengo mucha piedra.

IX

Chat de Whatsapp con las vecinas:

—Chicas, ¿cierto que hace como tres años yo entregué los decodificadores y ustedes sacaron una nueva línea?

—Clari, acuérdate de que dijimos que tú pagabas la televisión, y yo el Netflix. El decodificador que yo tengo es el tuyo.

X
🙈«Procura que tus palabras sean dulces y suaves… por si algún día tienes que tragártelas».

Casi todo el mundo tiene estos tres problemas… ¿tú también?

Hasta que a uno no le pasa, no se le ocurre cómo solucionarlo… pero eso va a cambiar.

Problema 1: «A veces (o siempre) se me olvidan las cosas».

😑Solución tradicional: Anota. (Aburrido).

😍Solución tradicional con un giro interesante: Consigue en cuaderno y pégale un forro para documentos transparente. Anota las cosas del día con un marcador borrable. Borra cada vez que termines algo. Si te preocupa que tus anotaciones se borren por equivocación, utiliza un marcador permanente y borra con removedor de esmalte.

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También puedes usar el forro como bolsillo para guardar cositas o tener un calendario a la mano…

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😑Solución digital tradicional: Anota en la aplicación de notas del celular. (Aburrido).

🙂Solución digital mejorada 1: Anota en la aplicación de Google Calendar y agrega un widget a tu escritorio.

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🙂Solución digital mejorada 2: Anota en la aplicación de Google Keep para que nunca pierdas tus notas si te roban el celular o le pasa un carro por encima (me pasó).

¿Te da pereza abrir o instalar más aplicaciones o simplemente no tienes espacio?

😍Solución digital con un giro interesante: Pídele a alguien de confianza que haga un grupo en Whatsapp, te incluya… y luego se vaya. De esta manera, te puedes enviar notas de voz, anotar tu saldo de la tarjeta de Transmilenio (o del medio de transporte que tengas en tu ciudad), guardar enlaces o hacer listas de pendientes. Yo utilizo este emoticón cuadradito 🔲 si se trata de una tarea. También encuentro muy útiles estos para decidir si una tarea está haciéndose o en pausa ▶⏸.

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Eso sí: Asegúrate de poner un pin a la conversación para mantenerla siempre de primeras.

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Al igual que con el calendario de Google, puedes poner un acceso directo en el escritorio del celular para que encuentres fácilmente lo que necesitas.

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Recuerda que la idea no es que te abrumes con miles de pendientes acumulados sino que los gestiones: Cosa que haces, cosa que borras. De una vez.

Problema 2: «Nunca tengo dónde anotar».

😑Solución tradicional: Busca un pedazo de papel. (Aburrido).

😍Solución tradicional con un giro interesante: Pega un sobre y varias notitas autoadhesivas en el cuaderno o agenda que uses.

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😑Solución digital: Ya te dije las que me sé…

Problema 3: «Siempre se me pierden los esferos o bolígrafos. Nunca tengo con qué anotar».

😑Solución tradicional: Compra bolígrafos nuevos (Aburrido).

😍Solución tradicional con un giro interesante: Consigue una de esas diademas elásticas para el pelo… y ábrele un par de huecos.

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Extra: «Me compré un cuaderno y no tiene caucho para cerrarlo».

😑Solución tradicional: Compra otro cuaderno (Aburrido).

😍Solución tradicional con un giro interesante: Consigue un caucho de una carpeta vieja. También puedes usar unas medias veladas viejas o mallas (leggins) que ya no uses. No solo es amigable con el medioambiente, sino que te ayudará a que no se salgan los papeles o cosas que tengas en tu agenda.

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¿Y tú? ¿Tienes soluciones o lifehacks a otros problemas comunes? ¿Qué estrategias de planeación o productividad utilizas?

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