Saliendo del clóset espiritual

Una historia real que parece ficcional.

Aquí escribiendo otra vez a mano. Abajo aparece la versión digitada. Cuéntenme cuál prefieren. Además, siento que el convertidor de escritura a texto se me come algunas tildes.

Versión digitada:

He tenido épocas en mi vida en las que estoy notoriamente más conectada espiritualmente. Siento cosas, sé cosas y me llega información de maneras increíbles.

No sé por qué les voy a contar esto, queridos sobrinos —porque además implica exponerme públicamente a ser tildada de loca o hereje— pero creo que en este punto ustedes están listos para escuchar sin juzgar o, al menos, para quedarse con aquello que les resuene y desechar el resto.

A mí siempre me pasan cosas mágicas. O bueno, no es que sean mágicas en sí. Son el resultado de trabajo duro, preguntas que me hago y mi forma de ver la vida, en la que todo lo que me ocurre lo percibo como una comedia romántica mágica, como una historia de navidad. En resumen, tengo la firme convicción de que siempre estoy cerca de una escena mágica que me va a llenar de alegrías inesperadas. Llámenlo casualidad, suerte, Dios… siempre me confío en que me va a ir bien ¡y me termina yendo bien!

Pues bueno. Tras este preámbulo y salida del clóset espiritual, va la historia increíble de algo que me ocurrió hace unos años, en un periodo de alta sensibilidad:

No recuerdo por qué, pero empecé a cuestionarme sobre la inmortalidad del alma. Y esa semana que estaba yo como tan reflexiva, pasamos con mi novio por una de mis librerías favoritas. Y del úúúltimo estante, del más alto, como caído del cielo, literal, ¡paf! se cayó un libro grande. Yo todavía no sé ni cómo se cayó. No estaba mal acomodado ni pesaba poco, como para caerse de la nada. En serio, no me lo explico. Lo cierto es que lo tomé y me pareció que se trataba de un perrito. El título ponía «Phaidwv».

Lo abrí, lo miré, nada. Como les digo, tan solo un libro de un perrito.

Eso sí. Traté de recordar cómo leer el título, porque años atrás había estudiado algo de griego. A ver, no me malinterpreten. No hablo griego, ni voy a salir a decir que es que he leído los clásicos en su lengua original. Ni más faltaba. Yo creo que las personas piensan que soy diez veces más inteligente de lo que soy. O sea, no es que no lo sea, pero no lo soy tanto como ustedes creen. ¡Es más! Soy como brutica y confundo la derecha con la izquierda… A veces me cuesta sumar mentalmente, hace años que no hago una división, no sé cómo se saca la raíz cuadrada de algo y hasta el día de hoy nunca he tenido que usar el trinomio cuadrado perfecto.

Pero volvamos al griego. Leer sí sé. A ver, leer leer, lo que se dice LEER, no. Medio intuir lo que dice, sí. En griego, moderno y antiguo, la combinación ai se lee « e». Por eso παιδεία, no se lee «paideia» sino «pedia» y de ahí viene «pedagogía», no «paideiagogía».

En fin. El caso es que le dije a mi novio que ahí decía Fedón, pero yo ni sabía qué era Fedón. Asumí que era el nombre del perrito y me fui para mi casa.

Eso sí, busqué en el celular. En resumidas cuentas, Fedón era uno de los diálogos de Platón… adivinen de qué: de la inmortalidad del alma. Aquí les dejo un pedacito, sobrinos. Y les hago un spoiler: El diálogo cuenta cómo fueron las últimas horas de Sócrates… ¿Estaba acaso preocupado por su muerte? ¡Para nada! El man estaba feliz porque, según él, cuando uno vuelve al modo alma, no lo engañan los sentidos, entonces para alguien que ama la sabiduría (el filós + sofos) lo mejor que le puede pasar es volver a la verdad.

Respóndeme, pues, continuó Sócrates: ¿qué es lo que hace que el cuerpo esté viviente?

El alma.¿Es siempre así?¿Cómo podría no serlo?, dijo Cebes.¿Lleva el alma, pues, consigo la vida a todas partes donde penetra?Seguramente.¿Existe algo contrario a la vida o no hay nada?Sí; hay algo.¿Qué?La muerte.El alma no admitirá, pues, nada que sea contrario a lo que ella siempre lleva consigo; esto se deduce necesariamente de nuestros principios.La consecuencia no puede ser más segura, dijo Cebes.¿Y cómo llamamos a lo que jamás admite la idea de lo par?Lo impar.¿Cómo llamamos a lo que jamás admite la justicia sin el orden?La injusticia y el desorden.Sea. Y a lo que jamás admite la idea de la muerte, ¿cómo lo llamamos?Lo inmortal.¿El alma no admite la muerte?No.¿El alma es, pues, inmortal?Inmortal.¿Diremos que esto está demostrado o encontráis que todavía le falta algo a la demostración?Está suficientemente demostrado, Sócrates

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/dialogos-fedon-o-de-la-inmortalidad-del-alma-el-banquete-o-del-amor-gorgias-o-de-la-retorica–0/html/0005c9fc-82b2-11df-acc7-002185ce6064_12.html