¿Qué es dar? – Fragmento de Erich Fromm en El arte de amar

¿Qué es dar? (…) El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad, plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar: como un sacrificio. El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa. La gente cuya orientación fundamental no es productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar alegría.
Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mi mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad…

Inserte aquí un día de vida. [Copie, pegue y repita]

El profesor de filosofía nos preguntó cuándo habíamos perdido la capacidad de asombro. Cuando llegó a mí, le dije que al entrar al bachillerato. Después de haber liberado las palabras, me vi a mí misma desde arriba y supuse que había algo erróneo en mi respuesta. Años después, me di cuenta de que no estaba tan lejos de la verdad…

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Tomado de Pinterest.com

El profesor de filosofía nos preguntó cuándo habíamos perdido la capacidad de asombro. Cada una de las niñas dio su respuesta. Cuando llegó a mí, le dije que al entrar al bachillerato. Después de haber liberado las palabras, me vi a mí misma desde arriba y supuse que había algo erróneo en mi respuesta. Años después, cuando me volví parte del gremio académico, me di cuenta de que no estaba tan lejos de la verdad: No hay nada más restrictivo para la imaginación y la capacidad de asombro que el sistema educativo tradicional.

Y, quizá, no hay nada más nocivo para la creatividad que olvidar el propósito de vida. Eso, justo eso, fue lo que tocó la fibra en el final inesperado de este video. Un ejemplo un tanto fuerte, pero que vale la pena ver para entender que nada justifica una “vida Control+C, Control+V”.

PD: Los subtítulos no son míos y pueden tener errores de ortografía, pero espero que lo vean hasta el final.

Cinco cosas que nadie te dijo del lenguaje y cómo este afecta tus relaciones

5. No eres tú, es tu instinto

 

En una definición clásica, el lenguaje es una capacidad innata, es decir, viene con nosotros por defecto. No es algo que aprendamos ni tampoco algo que imitemos.

¿Cómo así? Pero yo veo que los niños repiten lo que dicen sus padres.

Por supuesto, ellos imitan las palabras y los gestos, pero la capacidad ya está adentro. Aprendemos nuevos idiomas y la forma en la que se expresan los conceptos que ya conocemos, pero la capacidad de abstraer, conceptualizar y comunicar es lo que nos diferencia de los animales quienes, por cierto, tienen solamente la última parte: sistemas de comunicación. Es decir, hasta ahora no hemos escuchado ninguna oración inventada por un loro. En otras palabras, los animales sí se comunican, pero no tienen la capacidad de crear.

Por tanto, lo que nos mete en problemas en las relaciones, quizás el 80 % de las veces, es que se nos olvida que el lenguaje es un instinto y que lo que decimos no es necesariamente lo que comunicamos. Otras veces, lo que abstraemos es distinto de lo que el emisor quiso comunicarnos. Y cuando no se trata de los dos casos anteriores, es porque no tenemos confianza en lo que el otro dijo: porque sabemos que puede haber creado una versión de la realidad que no corresponde con la nuestra. Lo que nos lleva al siguiente punto.

4. No eres tú, bueno, sí eres tú… un poco

 

Sean Patrick Hopwood, presidente de una reconocida compañía de traducciones en Estados Unidos*, tiene una cita que me llama la atención porque explica la vida desde el punto de vista del lenguaje. Dice: «No trates de hacer que las reglas de ningún idioma se adhieran a los paradigmas de tu lengua materna. Si tú dices “ah, esto no tiene sentido”. Tal vez no tenga sentido en inglés, pero sí en español o alemán, etcétera. Así es cuando de verdad empiezas a abrir tu mente a diferentes posibilidades, diferentes significados, diferentes tipos de simbolismos y más».

En otras palabras, solo porque algo no se ajuste a tu realidad, no significa que no sea realidad. Si quisiéramos aplicar este principio al mundo empresarial, a la formación en valores o a la mejora de las relaciones interpersonales, el resultado sería algo como «No trates de hacer que las reglas de los demás se adhieran a tus paradigmas».

*Tomado de: www.daytranslations.com
Si te interesa, los puedes seguir en @Daytranslations en Twitter o visitar su blog https://www.daytranslations.com/blog

3. No juzgues antes de tiempo

 

2. No es lo que dices, es la forma en que lo dices

 

1. Si no entienden tu lenguaje… pues intenta hablar el del otro

 

 

 

 

¿Cuál es mi misión de vida?

Hace un año una amiga me hizo una pregunta cuya respuesta, inspirada por alguien más, ahora trato de integrar en mi vida.

—Si pudieras preguntarle algo a Dios, ¿qué sería?

En otras circunstancias, mi respuesta hubiese estado relacionada con la verdadera identidad de Shakespeare, las enfermedades sin cura, el origen de la vida o lo que sigue después de la muerte. No obstante, contesté:

Solo le preguntaría cómo puedo servirle mejor.

Pero, ¿qué es eso de servirle mejor a Dios? Es decir, ¿Clara se volvió fanática religiosa o ha sido secuestrada por alienígenas que la adoctrinaron para escribir sobre aquello que desconoce? Nada de eso. Solo tengo una pequeña reflexión que ha surgido de muchas cosas que me han pasado en los últimos dos años y que quiero compartir porque me hubiese gustado saber esto antes. Servirle mejor al amor supremo significa identificar nuestros talentos, usarlos, pulirlos… y entender que esa es la mejor manera de agradecer por ellos. No utilizarlos es el equivalente a no destapar un perfume carísimo que te ha regalado tu mejor amigo, y lo dice alguien que tiene, metafóricamente hablando, montones de cajas de aromas finos sin destapar en el armario.

A veces no sabemos cómo ni por dónde empezar. ¡Es más! La mayoría de las veces ni siquiera pensamos que somos lo suficientemente talentosos para lograr algo, simplemente creemos que somos parte del promedio, que somos uno más.

Pero seamos francos: esa falsa modestia pocas veces ayudó a alguien.

Yo soy la primera que levantó la mano, porque el 70 % de las veces veo las cajas de perfume y prefiero guardarlas para una ocasión especial lo cual es parte de la aventura de ser humana— Pero entonces tengo que enviarme notitas mentales y hasta libros para acordarme de que tengo que estar orgullosa por algo que yo pedí y me fue concedido.

Y, sin el ánimo de ponerme religiosa y menos filosófica, es importante resaltar que la palabra que estoy usando es “pedí”, lo cual implica dos cosas: en primer lugar, que tengo que tomar responsabilidad frente a lo que yo anhelo para mí. En segundo lugar, eso también quiere decir que voy a dejar de culpar a la divinidad o al exterior por aquellas cosas que son producto de mis acciones y también por aquellos desastres naturales, muertes ajenas, separaciones o todo aquello sobre lo que no tengo control. Después de todo, lo que sucede a mi alrededor es tan solo una metáfora de lo que hay adentro.

Mi conclusión —y repito, nada de esto ha sido comprobado por la ciencia, pero yo considero que es cierto para mí— es que las situaciones que me envuelven, la gente de la que me rodeo, el tipo de trabajo que escogí, la familia que tengo… todo se me ha consultado y he decidido. Dicen que uno no elige sus padres, pero yo creo que sí. Yo creo que uno escoge todas y cada una de las cosas que va a vivir: tanto las buenas como las demás. Si frecuentemente vienen a mí personas con dificultades de salud, yo me ofrecí voluntariamente a compartir con ellas. Si atraigo a aquellos que no tienen pareja, tal vez haya una razón detrás de eso… un aprendizaje para ambos, algo para compartir y, sobre todo, para ejercer la compasión.

Recientemente, alguien a quien quiero mucho me dijo, con lágrimas en los ojos y apenas pocas horas después de perder a un ser querido:

¿Por qué me habrá tocado a mí esto?

En esos momentos el discurso de “no te preocupes, todo va a estar bien” sobra. Últimamente, prefiero estar en silencio y escuchar. Para mí no es fácil  quedarme callada y dejar de juzgar, pero como esto es un camino, sigo intentándolo. Estuve tentada a decirle muchas cosas; no obstante, preferí solo permanecer en silencio y dejar que se desahogara. Un rato después recordé una frase que le oí a Doreen Virtue “Enfócate en el servicio”, y dije:

—No pienses que te tocó, piensa que tú te ofreciste como voluntaria para servir.

Tal vez, entre los muchos talentos de esta mujer, está servir de apoyo a otros, porque solo Dios sabe que nació con más templanza que todos nosotros para enfrentar la muerte año a año de varios miembros de su familia… pero ese, por más castigo que parezca, es un talento invaluable del cual debe estar orgullosa.

Y sí. Muchas son las bendiciones disfrazadas… los cambios de empleo, los accidentes que te cambian la vida, el consejo en el último minuto, la idea que parece no tener sentido… todas encaminadas a una gran misión y cada misión alineada con un propósito más grande que nosotros. Todos vemos la misma materia en el pénsum: compasión. La diferencia es que unos han elegido verla con ciertos profesores, y en ciertas especialidades, o combinada con el servicio a los ancianos, a los niños, a la ciencia, al arte… ¿Qué sé yo?

Tu misión no es tu trabajo, tu misión no es tu pasatiempo… tu misión es el conjunto de situaciones que te guían a través del camino del amor. Tu misión no son los profesores ni la nota que obtengas, sino cómo disfrutaste cada segundo en el salón de clases y si hiciste feliz a alguien ahí dentro. Para pasar al siguiente grado, se te pide que te seas feliz tú; pero si logras que alguien más llegue a serlo contigo, estarás graduado con honores. De todas maneras, no juzgues las decisiones de otros, porque aunque unos han escogido el puente y otros el río, todos llegarán a su destino.

 

PD: Si deseas conocer tu misión de vida, también te puede interesar el último video que aparece en este post:

https://pajarorebelde.com/2016/03/17/tres-videos-que-cambiaran-tu-forma-de-ver-la-vida/

Tres videos que cambiarán tu forma de ver la vida

Para ver la vida con otros ojos, solo hace falta cambiar los lentes.

3. De Steve Jobs se ha dicho mucho… pero he aquí una parte de su historia contada por él mismo.

 

2. ¿Por qué algunas personas recuerdan su primer beso? ¿Qué hace que alguien se sienta atraído por otra persona?

Mira este video (con subtítulos en español e inglés). Quizás resuelva tus dudas… o cree nuevos interrogantes.

 

1. ¿Te has preguntado por qué estás aquí? ¿A qué viniste? ¿Por qué naciste en este lugar y no en otro? ¿Por qué vives en esta ciudad y no en otra?

Adam Leipzig puede tener una pista de la respuesta.

¿Cuánto dura el amor? Este hombre te lo explica

Este señor estuvo casado 62 años. Su texto se ha vuelto viral. Aquí lo copio y lo pego.

La página Humans of New York comparte historias de ciudadanos comunes… He aquí el texto de este tierno señor:

«Mi esposa falleció el pasado enero. Habíamos estado casados durante 62 años. Me has pillado en un momento en que he estado pensando mucho sobre el amor, porque ando leyendo los sonetos de Shakespeare.

Mi esposa lo decía: “Somos uno”

«La definición del amor es difícil de alcanzar, se escribe sobre él sin cesar. Ni siquiera Shakespeare podía definirlo. Todas las grandes historias de amor solo representan una atracción física. Romeo y Julieta no sabían si les gustaba los mismos libros o películas. Lo suyo era solo físico.

«Después de 62 años, el amor se convierte en algo completamente diferente. Mi esposa solía decir: Somos uno.

«Y créeme, ella no era una persona exagerada. Ahora que se ha ido, me doy cuenta de cuánta razón tenía. Gran parte de nuestras vidas estaban vinculadas. Tanto de manera física como afectiva.

Cuando más la extraño es por la noche

«Pero también compartimos un montón de rituales. La echo de menos cada vez que salgo de una película y no puedo pedirle su opinión. O cada vez que voy a un restaurante y no puedo darle a que pruebe de mi plato.

«Cuando más la extraño es por la noche. Nos íbamos juntos a la cama, a la misma hora, todas las noches».

Tomado de:
PlayGround

Guía poco convencional para identificar a un(a) calientaovarios

Empecemos con una frase que se le atribuye ¿falsamente? como casi todo en Internet a Bob Marley:

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“La mayor cobardía de un hombre es despertar el amor de una mujer sin tener la intención de amarla”. Bob Marley (¿?)

Y sí. Parece que tenemos una nueva criatura en el zoológico: se trata del calientaovarios. ¿Pero quién es? ¿Cuál es su modus operandi? ¿Dónde se esconde? ¿Cómo se camufla? y sobre todo, ¿cómo protegernos de él?

En primer lugar, un calientaovarios es una persona a la que le encanta coquetear y no concretar. Y no, no crean que solamente me refiero a los hombres que lo hacen, también hay muchas mujeres que alimentan (alimentamos, alimentábamos… tiempo pasado y que levante la mano quien nunca en su vida lo haya hecho) los egos ajenos para deleitarse un poco y darle de comer al Gollum que todo ser humano lleva dentro.

Ojo. Sé lo que se están preguntando. ¿Qué diferencia hay entre una persona calientahuevos y un(a) calientaovarios? Pues bueno, como ambas palabras son inventadas, debo intentar explicar esto porque calentadores hay muchos y abundan. Por ahora, mientras la ciencia me corrige, definiré al calientaovarios como alguien que tira migajas de afecto y despierta sentimientos. La palabra calientahuevos la usaré para designar a aquel ser que “calienta lo que no se va a comer”, es decir, impulsa ciertos deseos sexuales y se va.

Pero no nos quedemos en definiciones, porque el lenguaje es ofensivo. Mejor tratemos de entender por qué hay gente que hace lo que hace. ¿Por qué esa amiga suya sigue tan encaprichada con un tipo que no la invita a salir, pero con el que chatea desde las 8 de la noche hasta las 7 de la mañana? ¿Por qué ese otro tipo (que conoce a alguien que usted conoce o que es el amigo del amigo de un amigo) sigue detrás de la fulana que no concreta ni una cita, ni un besito, pero que le sigue haciendo sonrisitas diariamente y hablándole con excusas pendejas?

Señores y señoritas: si esto les suena familiar, muy probablemente están frente a un(a) calientaovarios.

Estos personajes aman ser admirados. Necesitan de la adulación y, sobretodo, de la atención ajena. Secretamente, sienten que son el centro del universo. Y adivine: encontraron a alguien que les da ese lugar y haría todo por ellos.

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o que no te pone cuidado…

 

 

Algunas pistas para identificar a un(a) calientaovarios

  1. Le habla cuando se le da la gana.
  2. Si le habla, lo hace ojalá por chat y a altas horas de la noche… cuando nadie más le pone cuidado.
  3. Le dice que usted es muy especial, pero no se ha dignado a salir oficialmente.
  4. Habla mucho de sí mismo(a) y pregunta muy poco sobre usted. Parece que lo único que importa es él o ella.
  5. Si acepta invitaciones a comer o a teatro, saca algún comentario durante la cita para quedar en modo amigos (alerta friendzone), en vez de haber aclarado eso antes de verse.
  6. Le pide favores pendejos o plata prestada (que nunca devuelve).
  7. Pone una fecha para la cita (uno de pendejo deja todo por ir) y cuando uno pregunta: “¿Al fin nos vamos a ver?” dice que está en pijama viendo los Simpsons.
  8. Se vale de cualquier excusa para hacerle creer a usted que se “envideó” solito(a) y que él o ella jamás tuvo la intención de hacer que dichos sentimientos nacieran. De nuevo, ¿chateaban hasta qué hora? Sí, tú, imbécil.
  9. Usted le hace regalos que no le haría a sus amigos(as) o le organiza una fiesta de cumpleaños y solo recibe un “Aww, gracias” (Cero picos, cero salidas, a usted nadie le organiza fiesta de cumple, nadie le decora el puesto, etcétera).*
  10. El sujeto o la chica no mata ni una mosca. Todo parece perfecto en él o ella.

¿Cuál es el antídoto contra la “picadura” de un(a) calientaovarios?

*Ya sé que usted no espera nada a cambio del “amor” que profesa por esta persona, lo cual es lindo, pero estos consejos no están de más y quizá le sirvan. Es más, siéntase libre de compartir aquellos que le hayan sido útiles:

  1. El problema no es lo que él o ella haga, sino que usted sigue pensando que merece solo eso.
  2. ¿De verdad quiere alguien a quien usted tenga que estarle recordando lo maravilloso que es cada cinco minutos y que no pueda decir ni una cosa buena de usted?
  3. Un ego tan grande no viene del amor. Piénselo. ¿Quiere atraer gente que valore lo que usted es? Súbale dos a la autoestima…
  4. Dar amor es maravilloso, sufrir no. Si usted está sufriendo más de lo que se siente amado(a), por ahí no es.
  5. Todo el mundo tiene defectos. De lo bueno, bueno… no dan tanto.
  6. Agradezca mentalmente a esa persona por lo que le enseñó y siga con su vida.
  7. El regalo más grande que le damos a otros es ponerles atención. Si usted cree que esa persona le pone atención y se interesa por lo que usted es, lo que tiene para decir y sus pasiones… va bien. De lo contrario, aborte la misión y salga con dignidad, no con orgullo; con agradecimiento, no con resentimiento.
  8. Arréglese, póngase más buena o más papasito… y siéntase feliz porque en unos meses verá la razón por la que la cosa no cuajaba. Se lo aseguro. Me ha pasado 472638749039999,2 veces.
  9. Deje de alimentar al Gollum interno. Es la única forma de matarlo.
  10. Deje de alimentar al Steven Spielberg interno… o conviértase en director(a) de cine en la vida real y sáquele provecho a su imaginación.
  11. Todo el mundo está en la zona de amigos hasta que se demuestre lo contrario. Si el otro está ahí, es porque quiere. “Cuando quieras salir de la zona de amigos en la que tú mismo(a) te pusiste, me buscas. Mientras tanto, chao. Me voy a ser feliz”.
  12. Y si nada de esto funciona… le recomiendo una novenita a Santa Rita de Casia, patrona de las causas perdidas a la que el marido le daba en la jeta. Ella seguro le dice qué hacer, porque usted no ha aprendido a quererse a sí mismo(a), y tal vez necesite que alguien que ya sufrió todas las penas juntas en una vida Parce, en serio, qué pecado la vida de esa cuchita, le pasó de todo se lo recuerde. *Bofetada mental*.

Error 404: ¿amor no encontrado?

¿Cuáles son las claves que oculta nuestro cerebro sobre las relaciones de todo tipo? ¿Es cierto eso de que las palabras tienen poder? ¿Qué podemos hacer para dominar nuestro cerebro y no dejarnos dominar por creencias preestablecidas?

 

Comencemos por desmitificar dos creencias arraigadas en la cultura:

Mito 1: las células del cerebro (neuronas) son las únicas que no se regeneran.
Realidad: la neurogénesis existe y sí podemos hacer que nazcan nuevas células. 

Aquí se explica cómo. Si quieres, recuerda que la conferencia de diez minutos tiene subtítulos en español e inglés.

 

Mito 2: las palabras se las lleva el viento, las palabras no hieren.
Realidad: las palabras tienen la capacidad de cambiar nuestra estructura neuronal.

En una entrevista que le hizo Margarita Vidal al científico colombiano Rodolfo Llinás, él le dice que alguna gente no entiende bien cómo un estado funcional del cerebro se puede modular o corregir mediante la palabra. Corto y pego:

El psicoanálisis es hablado y la gente se mejora. Y yo les contesto que las palabras cambian el cerebro.

¿En qué forma?

-Si yo le digo a una persona que es ‘malnacida’, responde agresivamente. Entonces, las palabras son como piedras; pueden hacer bien o daño, porque cambian el estado funcional del cerebro.

¿Es porque producen emociones?

-Exactamente, las emociones se pueden correlacionar. Antes se pensaba que no, y la realidad es que sí: yo puedo ver en el cerebro cuando alguien está bravo, triste o con dolor. Pero a la gente le resulta profundamente complejo y difícil de aceptar que la mente ―que era casi intocable― se reduce a una situación ‘cuchareable’, y su conclusión temerosa es: “Solamente hay dos posibilidades: que el paciente esté bien o que esté mal. Si está bien, no ha pasado nada porque no hubo necesidad de tratamiento. Pero si está mal, ¿qué hacemos nosotros? Lo que usted nos está diciendo es que estamos aplicando un sistema que no es”.

¿Entonces el problema es de programación?

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Posiblemente. Es como si cada uno de nosotros tuviese un código por dentro que determinara qué es lo normal para cada uno. Una vez el usuario presiona “Enter”, el programa se ejecuta solito.

Me explico:
Si una persona tiene en su código algo como los siguientes conceptos:

Los chocolates son deliciosos, pero hacen que se me brote la cara. Si tengo una pareja que me quiera, esa persona debe estar loca. La situación es muy difícil y conseguir un trabajo bien pago es muy complicado, por eso tengo que cobrar poco. Si cobro lo que debería, me quedo sin clientes.

 

 

Al hacer clic en “Ejecutar”, todo eso empieza a pasar. Si corre el código una y otra vez, se acostumbra a que esa sea la programación normal y a que su cuerpo reaccione de la manera en que lo ha hecho por años. El efecto placebo también podría, creo yo, derivarse de allí… pero, insisto, esa es tan solo una suposición propia que no tiene base científica. Así es como yo lo veo:

¿De dónde vienen estas creencias?

Por lo general, nuestros programas vienen con virus incluidos. La línea de código tiene un problema esencial: hay partes de ella que fueron escritas desde el miedo; no desde el amor. Por ejemplo, “Los chocolates son deliciosos” es una expresión que viene desde el amor por el chocolate. Sin embargo, la expresión “pero hacen que se me brote la cara” viene desde el miedo a ser percibido por los demás y por nosotros mismos de una manera negativa. “La situación es muy difícil” viene desde el miedo que nos infunden otros (algunos medios de comunicación y algunos familiares que nos quieren proteger del fracaso)… Y todas las demás afirmaciones implican que el virus se está esparciendo.

Una posible forma de reparar el código es reconociendo cuándo se ejecuta y cambiándolo por algo así:

Los chocolates son deliciosos y los disfruto. Es normal tener una pareja que me quiera. Es normal que la gente me quiera y me ame porque trato de mejorar cada día. Sé que si cobro lo justo, puedo exigirme más calidad y estar orgulloso(a) de mi labor. Integro las lecciones de paciencia y perseverancia desde el amor.

¿Pero cómo modificar el código?

Para explicar la conducta humana, solo podemos pensar en dos posibilidades: algo es innato o es aprendido. En este caso, creo que cualquier psicoanalista le diría que muchas de las conductas aprendidas vienen de nuestra niñez, nuestra relación con padres y ancestros, o la ausencia de los mismos. Entonces, la mejor manera de ir, poco a poco, limpiando el sistema es “devolverle” mentalmente o por medio de una carta sin enviar a cada cual lo que le corresponde. Por ejemplo:

Querido papá: te amo mucho porque me has enseñado “a”,”b” y “c”. Quiero devolverte la creencia de que la situación está muy difícil y de que no voy a conseguir nada digno de mí. En adelante, cuando tenga una situación similar, recordaré que soy talentosa en lo que hago y merezco una remuneración justa, por la cual estoy ya agradecida”.

Y si eso no funciona, recordaré que hay tipos muy pendejos que llegaron a ser presidentes, incluso diciendo cosas como “los millones y las millonas”. ¡Juas! Pero ahora sí, en serio, si el código interno que tenemos explica todo en nuestra vida —incluyendo situaciones de salud, nuestra idea de éxito y nuestras preferencias en cuanto a alimentación—, ¿nuestra pareja futura (o la ausencia de ella) no sería un resultado de lo que pensamos hoy y de cómo alimentamos una idea durante años? Posiblemente. ¿Es acaso un virus que empezó como “Él o ella no se va a fijar en mí” (no me lo merezco) y luego mutó a “Ya no existen hombres o mujeres buenos(as)”?

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Ejemplo de programación del tipo: “Es que siempre me enamoro de la persona equivocada”. Si sigues pensando así, tendrás razón.

Ahí les boto el dato y me retiro lentamente a comer chocolate oscuro y tener sexo, digo, tomarme una copita de vino. Si vio el video, me entenderá.

Por cierto, aún no es necesario ponernos paranóicos con lo del chocolate. Ojo al artículo: ¿Comer chocolate realmente produce espinillas?