Do you believe in love after love?

¿Será mejor ser prudente o arriesgarse?


Muchos de los artistas que ustedes aman existen hoy gracias a la
inigualable cantante Cher. Eran finales de los noventa y nadie creía
en «Believe» (es decir, «no one believed in Believe» juas). La canción había
rodado de aquí para allá sin que nadie la grabara. Hasta que llegó
a manos de Cher.

Dicen que a algún ingeniero —Tal vez me equivoco en esto, así que pueden corregirme— se le ocurrió ponerse a molestar, jugar, «jurunguiar», experimentar con una herramienta del programa de edición de audio y notó que si ajustaba algún parámetro en cero —nuevamente, pueden corregirme— la voz sonaría robótica, con eco, como de extraterrestre.

No sé a quién le tocaría «el chicharrón» de decirle a Cher pero está en mi lista de personas que no quiero ser.

El caso es que al fin le dijeron y, cuando alguien sugirió que le quitaran el efecto, las palabras de Cher fueron:

—Sobre mi cadáver.

Así que todo lo grabado antes de 1998, sin Autotune, puede considerarse música… ¿Y lo reciente? I really don’t think you’re strong enough.

Bueno, esa discusión se la dejo a gente que sí sepa. Por ahora, me conformo con compartirles lo que aprendí de esta historia:

  1. Si no te arriesgas, de plano ya perdiste dos nominaciones al Grammy y quién sabe qué oportunidades más.
  2. Siempre habrá alguien que tenga que dar «malas» noticias. Si te toca, solo asegúrate de no estar en medio del fuego cruzado.
  3. Hazlo, igual te van a criticar.

PD: ¿Ya se te pegó la canción?

Decisiones – Todo cuesta

Decidir o no decidir: esa es la cuestión.

Hace unos días una amiga estaba preocupada porque tenía la opción A y la opción B. Por lo general, cuando uno se siente en una encrucijada, teme elegir mal y que no haya vuelta atrás. Por desgracia,a veces ese miedo se transforma en indecisión y parálisis; y corremos el riesgo de agrandar el problema.

Decidir no decidir también es una opción… ¡pero a qué costo!

Así que, sobrinis, voy a dejarles la frase que le dejé a ella, tomada de un libro de Uri Levine:

«Solo hay decisiones correctas o no hay decisión».

Concuerdo: «Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía».

Peleando con la lista de pendientes: Reflexiones de final de año

En el capítulo de hoy, queridos sobrinis, exploramos las complejidades de la productividad al final del año. Reflexionamos sobre tareas inconclusas, negociaciones internas y la búsqueda de alineación energética. Acompáñenme a ver esta triste historia.

Diciembre 29, 2023 4:38 p.m.

Hay un par de cosas que he tratado de hacer antes de que se acabe el año, pero no han fluido: se me traba el computador, me llama alguien, me distraigo… No ha sido falta de voluntad… creo.

En este punto me he preguntado varias veces si será que no conviene, si existe lo que llamamos «Voluntad de Dios» o si lo que realmente quiero es justificar mi pereza. A veces me ocurre que simplemente no estoy alineada —aún— energéticamente con la tarea… así como cuando dejé quieto el blog hasta que volví a conectarme con el «para qué» y un día simplemente lo retomé.

A ver, no es que ahora tenga que esperar a sentirme lo suficientemente alineada con lavar la loza para hacerlo, pero me pasa con frecuencia que si fuerzo alguna tarea que no está fluyendo, al final sale mal y me toca repetirla.

Todo esto para decirles, sobrinis, que tampoco es tan grave no haber terminado algo en este año. No justifico las elecciones perezosas ni creo que dejar pendientes deba volverse la norma; sin embargo, sí creo en que hay días en que uno debe negociar consigo mismo e incluso reprogramar o cancelar actividades. Por lo pronto, feliz año y no se excedan con los buñuelos… ¡compartan con su tía Clari!

O compartan esta vaina con su amiguis psicorrígido #Salva a tu amigo Capricornio (mentira juaaa). Lo que se hizo, se hizo.

Momposina… ¿ven a mi casita? – O sobre los pajazos mentales

Un chisme para reflexionar sobre las ideas que un día se nos convierten en «verdades» o pajazos mentales.

Dicen que detrás de la letra de la canción Momposina de José Barros se esconde en realidad, en vez de un cuento de dos, la historia de un triángulo amoroso no correspondido.

#Chisme
#EstoSePusoBueno

Chachachánnn… Música de suspenso…
Resulta que la muchacha vivía en tremenda casa, pero tremenda… con vista al río Magdalena y todo. Y los dos manes que la pretendían eran básicamente un par de arrancados. Por la canción, se sospecha que uno de ellos era jardinero y el otro, José Barros. Esa es, al menos, la versión que cuenta el guía cuando uno visita Mompox.

—Con tremenda casa, ¿creen ustedes que ella iba a pararle bolas a esos manes? —decía el guía.

Las versiones cambian ligeramente, es parte de la magia del caribe, del hot south, de nuestra esencia latina. Si les interesa saber la versión de José Barros narrada por el periodista José Navia (que si no estoy mal fue profe mío hace chochomil años. Asumo que será él, pero tampoco estoy segura), aquí se las dejo.

El cuento viene a que es fácil romantizar cualquier cosa —he aquí una experta—, incluso una asunto que nunca ocurrió o que, si ocurrió, no fue el gran suceso, pueden dar para un cuentazo, para una canción y para cuanto pajazo mental queramos.

Otra cosa: ¿Quién dijo que las mujeres elegimos pareja por la plata que tenga el man?

Me pregunto si José Barros pensó que el jardinero tenía más posibilidades por ser del municipio de El Banco (Magdalena), es decir, quizás más acomodado por ser más «citadino» (lo de Banco y banco no tiene nada qué ver, tal vez una linda coincidencia). Y así es como empiezan las creencias falsas: «Es que como tiene plata, ella a lo mejor lo prefiere a él».

¿¿¿Las mujeres de verdad preferimos a un man con plata???

Yo no niego que la estabilidad es una cosa sexy, pero de ahí a que la plata sea lo único que una mujer le mira a un man mmm… discutible. De hecho, tal vez en una época esa narrativa tenía algo de verdad, porque las mujeres no podíamos ni tener una cuenta bancaria propia sin la firma de un hombre, un hermano, una pareja…

¿Ahora? Aún hay que luchar contra el patriarcado, pero somos más las que podemos construir nuestra propia estabilidad. Sí. Aún hay mucho camino por recorrer y mucha tela qué cortar. Y sí. Hay muchas excepciones y también hay personas interesadas… ¿Pero eso cuánto puede durar? ¿Cuánto puede aguantar una persona aburrida con otra? Yo creo que se invierte la misma energía en hacerse miserable y hacer miserable a los demás, que en hacerse feliz y contagiar de esa felicidad a quienes nos rodean. ¿O ustedes qué opinan? ¿Team José Barros o Team Momposina?

Sobre la hipocresía bogotana y otros demonios

No sabía que era hipócrita… ¿o sí?

Tengo una amiga que siempre me propone los planes. Siempre es ella la que me sugiere algo para hacer y yo, como persona desvirolada que soy, casi siempre o le cancelo o no le propongo nada más. O, mejor dicho, no le proponía.

Esa era la realidad hasta que un día se me paró en la raya y, hablando de otros temas, me dijo:

—Estoy mamada de tener siempre que ser yo la que busca a la gente. Ya no quiero más tener a personas en mi vida que no hacen ni lo mínimo para que yo esté en la de ellas.

Y no estábamos hablando directamente de mí, pero me cayó el veinte. Ese mismo día puse un recordatorio en el calendario —Yo sé, es muy ñoño y algunos dirán que si yo la quisiera en mi vida orgánicamente la buscaría, pero créanme, mi cerebro no funciona así, necesita estructura porque si no, se queda en la casa viendo Netflix—. Entonces cada mes me pita el celular un día específico y sé que al menos una vez al mes —y debería ser más— voy a escribirle o molestarla o mandar señales para vernos, eso sí, esta vez con un plan.

¿Por qué les cuento esto?

Porque la semana pasada nos vimos y me contó que había leído un artículo en el que decía que los rolos (los de Bogotá) tenemos fama de hipócritas.

—¿De hipócritas? (Imagínense mi cara, especialmente si me conocen).

Mi reacción inmediata fue como «No me parece. Para nada. ¿Así nos perciben?»

Esperen, sobrinis.

Entonces sacó el celular y me leyó un pedacito:

Una defensa de la fría y lluviosa Bogotá, una ciudad que a veces cuesta querer

El británico Richard Blair es uno de los principales artífices de la internacionalización de la música colombiana: produjo a Carlos Vives, Sidestepper, Bomba Estéreo y Aterciopelados, entre otros exponentes de la diversidad sonora colombiana, que mucho le debe a la capital.

[…]

Mientras se toma un té, Blair aborda una de las principales críticas a los bogotanos: que son hipócritas, que no dicen las cosas.

«Hay una institución clásica bogotana que es huir de la cita», me dice. «Un juego de tenis a ver quién es el primero que cancela o se esconde para no concretar la reunión. Un europeo lo puede ver como pereza o hipocresía, pero yo lo veo como filosóficamente avanzado, porque evita el roce y garantiza el deseo de cada uno».

«Y eso se añade al formalismo, que a mí al principio me emputaba (daba rabia), porque no se dicen las cosas, pero luego me di cuenta de que es una manera de entendernos«.

La cortesía es una institución bogotana, en efecto. Expresiones como «qué pena con usted» para lanzar un ataque o «me regala» para pedir que le vendan algo revelan cierto apego por los eufemismos.

—Uf. ¡Tiene toda la razón!

Y tras pensar un poco en el pasado, proseguí:

—Esto me recuerda un poco cuando me dijiste lo de las amistades a las que toca rogarles para verse. Uno aquí a veces cancela el plan por puro frío… pero tampoco es lo suficientemente frentero para decirlo. O saca el cuatro letras y no propone un nuevo plan… y luego le va dando prioridad a otras relaciones que al final no son tan significativas o a gente a la que uno le vale. ¿Por qué somos así?🙈😂🤦🏽‍♀️😂

En ese sentido sí somos hipócritas. Evitamos el conflicto, pero no de la manera correcta. No decimos «Fecha tentativa» ni hacemos lo posible por salir de la zona cómoda. Bueno, hablo por mí. A veces me digo que no tengo tiempo y me creo la mentira. Por eso me tocó poner el recordatorio en el calendario.

Sí. Ya sé. Hay amistades con las que no tengo que hacer eso. ¿Por qué? Porque las veo en el trabajo, porque las veo en salsa… ¿pero y si no? Hay gente que aún quiero en mi vida, pero tampoco me esfuerzo. Así que por favor conmigo es con agenda y con lista en mano de personas que suman y multiplican en mi vida. No sé quién tenga que leer esto, pero tal vez sea este el recordatorio para revisar qué amistades se deben cultivar, qué amistades se deben reactivar y qué capítulos se deben cerrar.

🎵Se acerca la navidad y a todos nos va a alegrar🎵

PD: Si sumercé nota ese comportamiento de lejura de mi parte, está autorizadis para jalarme las orejas. Prometo reaccionar.

Las mozas no cuidan gripas (o la parte 2 del chisme de Monserrate)

Porque ustedes lo pidieron… la segunda parte del chisme.

Mis múltiples ocupaciones —léase la tesis que tengo que entregar sí o sí en ocho días— no me habían permitido ponerme al día con el chisme. No obstante, a todo se le saca tiempo en la vida… especialmente al cotilleo. Esta es mi pausa activa. Prioridades, gente. Por eso, queridis sobrinis, aquí va el recuento de la historia de esta amiga, a la que llamaremos Cami, la misma que quería subir a Monserrate para estar 2600 metros más cerca de las estrellas.

Por fin me pudo contar los detalles de su historia, así que reproduciré mis notas mentales aquí para el beneficio de todas las demás:

1. El tipo no había salido de la nada como yo pensé. No lo conoció en un gimnasio y no hubo nadie que le propusiera a nadie salir.

¿Cómo así?

Pues eso pasa cuando le das mal el prompt a tu tía ClaraGPT. Si no me das contexto, mi algoritmo va a rellenar con información basura y te va entregar un pésimo consejo.

2. Lo conoció en una de esas apps móviles.

Ahí ya empezamos mal. No es nada en contra de las apps, prometo explicar mi lógica después.

3. Ella fue la que propuso el plan.

Oook…

A ver. Vamos de nuevo: Camila ve a un muchacho que le parece lindo en una app. En primer lugar, no sabemos por qué le dio por abrir la app, pero asumamos que estaba especialmente social ese día y quería hacer algún plan. Ok. Luego le manda la ¿solicitud? (Tu tía Clara no sabe cómo funcionan ahora esas cosas ahora, así que omitamos ese detalle). Acto seguido, Cami se dice mentalmente «Naj, no me va a agregar porque está muy bueno y todas le deben caer». Ajá. Shhh. Quietos ahí que todos estamos viendo lo mismo, pero no le digamos aún.

Hacen match o como se diga ahora.

Empiezan a hablar.

Me faltan datos sobre quién le habló a quién y esas pequeñeces, pero dado que no se conocen, me parecen irrelevantes.

Listo. El tipo resulta ser un extranjero que lleva en Bogotá más de dos meses. Le vamos a poner Gary. Y qué cosas, Garito no ha ido a Monserrate (¿¿¿En todo este tiempo???). Ergo, ella propone el plan.

¿Le dicen o le digo?

Bueno. Sigamos.

Démosle el beneficio de la duda e imaginémonos que es que el man no ha subido aún a pie… o lo que sea.

Pasan a hablarse por WhatsApp y cuadran los detalles de la cita.

Ahí es cuando Cami se paniquea y entiende que el plan propuesto tiene fallas.

En algún momento, no sé si antes o después de haberme contado el chisme a mí, ¡paf! El man le dice a Cami que no, que gracias, pero que cambien el plan porque está muy temprano. El man ni ha empezado a jugar y yo ya le saqué una amarilla.

Y ahí es cuando a Cami se le empieza a bajar la batería social y ya los mensajitos empiezan a disminuir de lado y lado, y esta semana básicamente ya le dio pereza el man y lo borró.

Así que aquí va mi análisis del partido con goles, repeticiones y tarjetas amarillas:

  1. ¿Vieron que mi amiga empezó con poca confianza desde el camerino o como se llame en fútbol? Así no se puede, equipo.
  2. Hay personas que requieren una conexión emocional, una razón, un motivo, un empujoncito extra para decir «Sí, vamos a ir a una cita con XYZ, vamos a jugar estos 90 minutos». En mi caso particular, el hecho de que un man sea «bonito» no hace que me quiera parar de la cama, arreglarme (con todo lo que eso implica) aguantarme algún trancón y sacar plata (no me importa si el man tiene presupuestado pagar, yo llevo mi plata sí o sí). Simplemente no es suficiente. El man tiene que haberme dado parla antes para que mi cerebro quiera generar dopamina o lo que sea que genere y saber que el rato divertido es más importante que quedarme en mi camita viendo series… Aclaro que no es la responsabilidad única del man hablarme o generarme esa sensación, es algo que se da naturalmente en la conversación. Nadie ama lo que no conoce. Así de simple. No te puedes entusiasmar solo con unos ojos bonitos. O al menos yo no funciono así. Necesito un pre. En resumen: de nada sirve tener a James en el equipo si no pones a calentar primero.
  3. Gracias a Dios por el instinto. De alguna manera, tu falta de entusiasmo te salvó. Uno a veces no confía en su tripa, pero la tripa siempre sabe. Si no te sientes al 80 % mínimo para ir a una cita, mmm… Ni vayas porque ni la vas a pasar bien tú, ni le vas a hacer pasar un buen momento a la otra persona. O ve y mentalmente toma la decisión de ir sabiendo que no estás en tu mejor momento y da lo que puedas. Es decir, sé consciente de tu decisión, sea cual sea… Igualito que cuando dices «Pues pa’ eso trabajo»: todos sabemos que lo que sigue después de eso es una compra pendeja… pendeja, pero consciente.
  4. Pérdida por W. ¿Qué más puedo decir?
  5. Rueda de prensa. Palabras de la profe: «Las muchachas dieron lo mejor de sí. Desafortunadamente en esta ocasión no se nos dio, las oportunidades de gol estuvieron muy cerca, pero seguiremos entrenando y la gloria es para Dios»😂. En otras palabras, lo importante es que creo que Cami aprendió que su autoestima no puede depender de un man (y estaba lindo, pero no era así que uno dijera «Ush, papasito, colonízame», pues no). Además, uno en el fondo quiere un man que si tiene que levantarse a ir a una pinche montaña por uno, vaya. ¿Por qué? ¿Será que la tía Clara quiere un man que no existe? No. Existen los manes que lo darían todo por ti, pero tienen que conocerte primero (y por conocerte no quiero decir ver tus fotos). Para que alguien muera realmente por ti, tiene que sentir que vale la pena morir por ti. ¡Crijto bendito!

Lo digo porque las relaciones no son fáciles. La gente se enferma, le dan mocos, se tira pedos, le toca pagar la declaración de renta… escoje una pareja con la que subir a Monserrate a las 7 de la mañana sea un paseo comparado con las cosas a las que realmente te enfrentarías en el día a día. Escoge una pareja con la que la aventura de ir a la tienda a comprar el pan y la leche sea incluso divertido. No siempre lo será, pero al menos 8 de cada 10 veces sí. Después de todo, las mozas no cuidan gripas.

Monserrate o consejos pa’ levantar – Parte 1

El consultorio de la tía Clara siempre está abierto para las preguntas más importantes de la vida… y para las bobadas también.

La conversación fue más o menos así:
—Tía Clara, necesito un consejo. Voy a ir a Monserrate con un sujeto y siento que si subimos las escaleras se va a morir y yo voy a llegar refea. ¿Es muy grave la subida?

Adivinen qué fue lo primero que pensé.

Efectivamente: esto es material para un post.

Así que aquí van los consejos no solicitados para una primera cita.

  1. Si el man ya le pidió salir, no creo que usted le parezca fea.

De hecho, mi amiga es particularmente bonita. Y no bonita de «Ay, lo digo porque es mi amiga». Parce, es el tipo de vieja que los manes dicen «Mk, está linda, pase el Instagram». No es ese tipo de linda que uno de vieja dice «Ay, es bonita» y que los manes dicen «Meh». No. Es el tipo de vieja que nunca está soltera porque dura cinco minutos soltera y de una llega el chulo que ha estado haciendo fila desde hace rato.

PEEERO, como todas las mujeres bonitas y buena gente, tiene sus inseguridades. Así que la tía Clara, que también tiene muchas inseguridades pero que sabe lo que es levantarse a un man sudada, despeinada y con los respectivos olores que puede causar una clase de salsa, tiene algo que decirte:

Amiga: mientras haya tetas, el sudor y el despeine se vuelven secundarios.

2. El man no se va a infartar. ¿Tú de verdad crees que propuso un plan que lo haga ver como un perdedor?

Y si es así… Ese no es tu problema.

El 99 % de los manes, a menos que sea un tonto del culo, no te van a proponer un plan que los haga ver mal. ¿Por qué? Pues porque rara vez van a mostrar su fragilidad en la primera cita. Apuesto que lo conociste en el gimnasio, querida… Y lo que el man quiere es mostrar su estado físico. Si es así, pues diviértete, conócelo, mira el man qué pitos… pero eso tal vez te hable de las inseguridades del man. Y bueno, recuerda que la tía Clara también se puede equivocar, así que mejor que seas tú la que me des o no la razón.

3. ¿Es muy grave la subida?
No sé. La última vez que subí a Monserrate a pie fue en el año de… * Hiperventila de solo pensarlo *… Ah, ¡Mira! ¡Donas!
Si comes donas, la bajada va a ser más fácil. Mentiras.

4. De nuevo… ¿Quién habrá propuesto el plan?

La última vez que subí con un novio a Monserrate me terminó en tres días. (Aquí entre nos, yo creo que el man no sabía cómo terminarme y eso fue lo único que se le ocurrió 🤦🏽‍♀️)

5. ¿Dónde quedó el plan tradicional y conservador de ir a cine y luego a tomarse algo? ¿Estoy pasada de moda? ¿Qué sigue? ¿Invitaciones a subir una montaña a las 6 de la mañana y desayuno vegano?

Obvio sí. ¿Por qué tomar consejos de una treintona sexy que por ratos aún es insegura y no ha ligado hace más de 9 años? ¡Pues fácil! Porque hay algo que enloquece a los manes, no importa la edad que tengas o si incluso vas a casarte… y te compartiré este secreto, amiga, solo para que no se vaya conmigo a la tumba.

El secreto es…

[Pausa dramática]

Ah, pero antes te voy a decir todo lo que no es.

  • No es seguir un manual.
  • No es pensar que hay fórmulas mágicas
  • No es hacer lo que dicen tus amigas (que están igual o más perdidas que tú)
  • No es hacer lo que dicen las revistas (yo siempre pensé que iba a trabajar en Cosmopolitan o en la revista Tú, pero ya ven…)
  • No es hacerse la difícil ni la interesante (ya eres interesante, otra cosa es que la otra persona quiera descubrirlo y, si no, pues toma tu ticket y al final de la fila).

Lo único que me ha funcionado es ser auténtica, hacer tus propias reglas y saber cuándo romperlas. Ah, y mover el culo. Mover el culo es básico. Aprende a moverte con gracia, amiga. Eso sí, de nada sirve mover el funkete si uno no es auténtico. Una vez alguien me dijo que dejara de ser como Tribilín, porque eso no era sexy. Y no, no lo es… pero también es parte de mi esencia hacer chistes bobos y tener un lado naïve. Así que lo que hice fue no mostrarlo de primerazo, pero tampoco negarlo. De hecho, no soy la mujer más chistosa de la tierra y, sin embargo, doy fe de que hay dos hombres que se rien de mis chistes de papá: mi primo y mi novio… así que para todo hay público, para todo hay cliente.

Si a un sujeto en cuestión no le gusta ese lado frívolo, pues no merece conocer el lado interesante o el mejor lado que tengas. No se trata de mentirle ni de mentirte a ti misma, porque tarde o temprano el castillo de naipes se va a caer. Se trata de divertirte mostrando quién eres poco a poco y permitiendo que la otra persona lo descubra. En algún punto o les gustará a ambos lo que ven («Esto es lo que hay«) o definitivamente alguien se desilusionará y cuanto más pronto mejor para no perder tiempo («Donde no puedas amar no te demores»).

Nuevamente, abogo por las muestras de vulnerabilidad. Sin embargo, en nuestra cultura, es poco probable que las personas se muestren tal y como son, o que revelen sus vulnerabilidades porque sienten que eso es ser débil… así que a veces toca ir con cuidado para no espantar a la gente que no está preparada para la awesomeness (porque el que no ha visto a Dios cuando lo ve se asusta)… y ya verás que después de los 30 te vale: eres una chimba y no te da pena mostrar que lo eres. Que huyan solitos los que se les arruga.

¿Hay vida después del WhatsApp?

Érase una vez el WhatsApp pero tuve que matarlo.

Así sucede. A veces hay cosas a las que les damos demasiada importancia y, al final, como casi todo en la vida, no la tienen.

Esta es la historia de todo lo que pensaba que iba a pasar y nunca pasó.

Queridas sobrinas:

Corría el año _____ (no lo voy a poner para que no hagan cuentas y deduzcan en dónde trabajaba, aunque tal vez ya las hicieron). Yo tenía el mejor jefe, el mejor grupito de compañeras y mi mayor preocupación era pensar qué pedir de domicilio en el celular. Era feliz y no lo sabía. Por supuesto, estaba en uno que otro grupo de WhatsApp: notificaciones silenciadas en la mayoría y tranquilidad total porque nada perturbaba mi paz.

Hasta que un día me cambiaron de jefe y los grupos que al principio solo eran de risas, juegos y diversión, pasaron a ser de quejadera, mensajes después de las 6 de la tarde y hastío total. Me empecé a desesperar.

Todos saben que una Clara desesperada es una criatura peligrosa porque comienza a desesperar al resto. Si me metes una idea constructiva en la cabeza, puedo ser la persona más creativa, linda y buena gente del planeta… pero con serpientes en mi cabeza, solo destilo veneno puro.

Semana tras semana mi grupito de amigas y yo resistíamos en un chat privado. Reírnos de nosotras mismas y de las cosas que nos pasaban era la única arma que teníamos para soportar la situación y hacernos la vida un poquito más llevadera.

Hasta que la olla a presión explotó y las hicieron ir a trabajar un sábado.

Por fortuna, me libré. Pero no se necesitaba tener una bolita de cristal para poder anticipar lo que nos esperaba. Sabía que, apenas pudiera, había que saltar de ese tren en movimiento. Entonces empecé a maquinar yo con yo:

—Debe haber alguna forma para que no me afecte.

—¿Y si renunciamos?

—¿Y de qué vamos a vivir, amigui?

—¿Y si vendemos nuestro cuerpecito y nos vamos a vivir a Timboktú?

—Si tan solo pudiéramos mantener el contacto solo dentro de los términos estrictamente necesarios… ¿pero cómo?

Y pasó mucho tiempo hasta que un día el papayazo vino por casualidad y se murió Facebook por un día.

Ese día todo el mundo fue feliz en esa oficina. Bueno, más o menos. En realidad muchos tenían miedo de la cantidad de mensajes que iban a tener al final del día en el dichoso grupito del trabajo. Pero yo no.

Descargué otra aplicación y santo remedio.

—¿Santo remedio? No exactamente, amigui. Te estás olvidando de contarles a tus sobris que realmente el primer pensamiento fue «Me van a echar».

Efectivamente. Se me pasaron todo tipo de ideas por la cabeza:

«Me van a echar».

«En el trabajo van a empezar a preguntar que por qué me salí, que si estoy brava, que si me meten otra vez al grupo, que no les salgo, que ahora cómo nos vamos a comunicar…»

«Mis amigas no me van a volver a hablar».

«Mi familia va a pensar que estoy molesta».

«Me van a echar».

«Pero a ver: ¿De verdad te pueden echar? ¿Legalmente pueden hacerlo? ¿Qué van a hacer? ¿Obligarte a instalar la aplicación y pagarte el plan de datos?».

«Teams y sale. Al que le gustó, le gustó. Y al que no, que llore. La entidad está pagando una licencia. Si se quieren comunicar conmigo, pues que utilicen los medios oficiales: me van a tener que escribir al correo, me tendrán que mandar chats por Teams o pues que me llamen, cuidado se gastan el minuto».

Pasó una semana.

Nada.

Pasó un mes.

Nada.

Escasamente un par de amigas me preguntaron que qué había pasado.

Muchos pensaron que de verdad era una pataleta y que volvería… que la presión social me haría volver.

Nunca pasó.

Pero lo que sí me enseñó esta experiencia es:

1. Que muchas cosas solo ocurren en tu mente… y nunca pasan en la realidad.

2. Que la gente que realmente te quiere en su vida, hará lo que sea para que estés: mis papás y mi novio descargaron la otra app, algunos amigos optaron por llamarme, yo comencé a buscar a la gente que realmente me importaba y nadie se murió. ¿Que le hago mucha falta? Pues ahí está el teléfono y los mensajes de texto. Déjese ver con una empanada y ya. Soy una mujer de placeres sencillos. ¿Que me hace mucha falta? Pues buscaré la forma de encontrarlo, verlo o comunicarme con usted. Simple.

3. Que algunas conexiones eran una mera ilusión. A veces en lugar de decirle a alguien «Hola, ¿te puedo marcar para saludarte?», terminaba teniendo conversaciones vacías por escrito que me llenaban más de soledad.

4. Que lo que ves en redes es un espejismo: la gente tiene tanto miedo a la soledad que se muestra siempre rodeada de otros y su forma de sentir compañía es un teléfono que los hace sentir como que siempre van a ser escuchados.

5. Que las peores noticias son las que más rápido se saben. Y los triunfos de otros también se difunden pronto. No me iba a perder de nada. En el hipotético caso en el que necesite saber el marcador de un partido, cosa que no creo que ocurra, se lo puedo preguntar a la persona de al lado. No pasa nada. Desde que los griegos inventaron la maratón al anunciar una victoria de una guerra, no hay nada realmente urgente, todas las urgencias nos las hemos inventado los humanos para justificar que un día nos vamos a morir y que ese día podría ser hoy. Meh. Y si fuera hoy, pues tampoco sería tan urgente.

¿Cómo sobrevivir a un amor tóxico?

Si pudieran conversar con esa persona que ustedes creen que tiene todas las respuestas, ¿qué le preguntarían?

La base narrativa de todos los buenos libros, al menos en el mundo occidental, es siempre la misma: alguien vive en un mundo y un día, de la nada, recibe una «invitación» para visitar otro.

Siempre es lo mismo. ¿Blancanieves?

Sí. Vive en un castillo relativamente feliz, hasta que un día su madrastra la manda matar y termina en una casa limpiando la casa de unos sujetos que, probablemente, aún sean vírgenes.

¿Drácula?

Un mancito tiene una novia y su vida es relativamente tranquila, hasta que le da por dejarla e irse a un viaje de negocios dizque a visitar un cliente. El cliente resulta ser un loco obsesionado con la sangre que además ahora le quiere gusanear a la novia. ¿Quién lo manda irse por allá?

¿La vorágine?
Un man se mete en la selva, le pasan mil cosas y, #SpoilerAlert, de allá no sale. Otra vez: ¿Quién hps lo mandó a irse por allá?

Y así con todas las obras literarias y películas que alguna vez han valido la pena… o bueno, independientemente de la calidad, casi con cualquier peli de Hollywood.

Siempre detrás de toda narración hay un cambio de estado… ya sea físico o mental, el protagonista cambia o algo en su manera de ver el mundo cambia. Por eso es que nos gustan tanto las historias de amor: porque quizás no hay nada más transformador.

El enamoramiento tiene la capacidad de hacernos ver el mundo como envuelto en una atmósfera rosa o puede convertir el día más soleado en un momento gris. El amor, al contrario, cuando es verdadero, nos ayuda a ver las cosas con más claridad.

Anaïs Nin decía que no vemos las cosas como son sino como somos.

Ay, Dios. Si ustedes me conocen, saben que estoy obsesionada con Anaïs Nin.

Lo estoy porque, de vez en cuando, cada cierto tiempo, tal vez una vez por década, tal vez una vez por siglo, aparecen estrellas fugaces, seres que parecen haberlo entendido todo, personas adelantadas a su tiempo. Para mí, eso es lo que significó haberme acercado un poquito a Anaïs en mis años mozos.

Y a veces me miro al espejo y me pregunto si pudiera conversar con ella, tomarme un tinto y sonreírle, ¿qué diría ella de lo que pasa por mi cabeza? ¿Qué me diría la tía Anaïs? ¿Les diría algo de lo que yo les digo a mis sobrinas en este blog o se reiría del sinsentido que tiene definir y redefinir el amor una y otra vez?

¿Qué le preguntaría?

Uf. Muy fácil.

—¿Por qué no te quedaste con Henry Miller?

¿Qué me respondería? Muy fácil:

—No me quedé con él porque sabía que me hundiría, porque me pudo más lo que tenía con Hugo, porque sería incapaz de hacerle daño. Henry era como un veneno dulce que sabes que olerás una vez en la vida, pero más de dos gotas son letales.

—La diferencia es que el veneno no se destruye a sí mismo.

—Exacto. En el fondo, Henry solo conocía el sufrimiento. No podía dejar que me arrastrara con él.

—¿Crees que una persona que solo conoce el mundo del sufrimiento está condenada a vivir allí?

—No está condenada, pero lo pensará dos veces para emprender el viaje del héroe y buscar un mundo de mayor felicidad. Hará todo lo posible para que los demás emprendan el viaje hacia su mundo.

—Eso en mi época se llama ser tóxico.

—Eso en mi época se llamaba ser bohemio e incomprendido.

—¿Te arrepientes?

—Pas du tout. Je ne regrette rien. Lo amé hasta el último segundo de mi vida. Lo he seguido amando en otras vidas… pero aprendí a amarlo de lejos.

—¿Algo para cerrar esta entrevista mental que nunca sucederá? ¿Algún mensaje para mis sobrinas y sobrinos y sobrines que te leen? (o sea, nadie, porque nadie lee este blog salvo mi mamá y mi sobrinita política).

—Sí. «Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo».
PS: Yo no me inventé lo del viaje del héroe; de hecho, es más viejo que la panela. Si no me creen, busquen en Google El héroe de las mil caras o miren esta imagen (robada, obvio). A lo mejor les sirve para evaluar su vida como si fuera una película y preguntarse: ¿Qué historia me cuento a diario? ¿En qué narrativa vivo? (Comedia, espero).

La sirenita o pequeño manual para entender a ALGUNAS mujeres

«¿A las mujeres quién las entiende?» No se preocupe por entendernos, ni nosotras muchas veces nos entendemos… sin embargo, aquí dejo unas pistas para empatizar con nosotras mismas.

Hay una combinación explosiva que convierte a esta pacífica mujer en un demonio indeseable: hambre y sueño. O bueno, hambre y frío… o la triada del infierno: hambre, sueño y frío.

Así que he tenido que aprender dos cosas que quiero compartirles hoy, queridas sobrinas (y sobrinos y sobrines y sobrinis y todo lo que se os ocurra, que aquí no se discrimina, aquí se odia a todo el mundo por igual jajajajaja, mentiras).

Aprende a identificar tus pinches necesidades, amiga, y ¡COMUNÍCALAS! ¡COMUNÍCALAS!

No eres la sirenita que cuidado va y le escribe en un papel al príncipe «Hay una bruja mala que no me deja hablar y hará lo posible por separarnos, puedes elegir creerme o no, pero conste que te lo advertí. PS: Es mi tía».

Volvamos al cuento inicial: Este es un mensaje para mi yo de hace diez años, básicamente; y a veces, aún, para mi yo actual.

Verán, por esa época yo pensaba que la gente tenía un lector de mentes y que era su responsabilidad adivinar cómo me estaba sintiendo y que, si no lo hacían, de alguna manera, era falta de preocupación por mí. Entonces, si me ponía de mal genio, la otra persona tenía que saber por qué era.

Puedo culpar a mis padres porque casi siempre sabían qué era lo que yo necesitaba antes de que yo misma lo supiera, pero no lo haré (¿Además qué clase de culpa sería culparlos por hacerlo todo bien?). Todita la responsabilidad es mía porque en esa época no había curso de gestión de emociones y nadie conocía a la doctora Brené Brown (vean el video de la doc: que solo dura tres minutos y así quizás me entiendan mejor. Los enlaces que yo dejo no son de adorno 😜).

Y sí, el poema de Frida Khalo también sirve para no pasar la delgada línea entre mendigar amor y que te lean la mente pero, de por Dios, es uno quien tiene que identificar primero qué quiere. Y a veces, es tan tan taaan difícil saber qué es eso que anhelamos.

Entonces a mí, particularmente, me toca empezar por identificar todo lo que no quiero. Sé que no es una perspectiva muy positiva, pero me funciona porque me permite ir hacia adentro, vomitar mis pensamientos en el papel y luego tachar todo lo que no quiero para reescribirlos con calma y entender lo que sí estoy necesitando y lo que quiero (dos cosas que, no siempre coinciden). En ocasiones es fácil, porque el cuerpo lo pide o el estómago gruñe, pero la mayoría de las veces me cuesta identificar cuál es la necesidad de mi niña interior para que la adulta pueda proveerla de lo que ella le está pidiendo… y toca escribir.

Supongo que hay otras maneras. Puede ser que alguien ya tenga su ruta neuronal tan bien enseñada que le fluya de manera natural, pero yo tengo que poner en palabras mis sentimientos, tengo que nombrarlos, tengo que clasificarlos… tengo que saber si se trata de una necesidad básica (fisiológica, quizás) o de un sentimiento. ¡Y me da rabia porque me quita tiempo ponerme a hacer el ejercicio a cada ratico! O sea, o vivo o reflexiono todo el tiempo, y así no se puede.

—¿Clari, pero y por qué te cuesta tanto cocinar?

—Porque implica medir, tener paciencia, ponerle cuidado a los tiempos, dejar el temor de que se riegue, de que quede muy salado, de que quede poco salado, de decirme a mí misma que fracasaré, exponer mi necesidad estúpida de validación externa… ah, y limpiar o agregar una cosa más a la lista invisible de tareas, así la gente diga que «El que cocina no lava».

—¿Y por qué no te pasa eso con los postres?

[Turururúntu turún tu ru ru… Bajo del maaar, bueno, este video sí es solo para pegarles la canción y no ser la única que la está cantando mentalmente]

—Porque sé que todo lo anterior valdrá la pena, además el placer estético de hacer una casita de chocolate me puede más… y porque el derretir el chocolate no toma más de 30 segundos.

Pinche dopamina.

Suspiro.

Sigamos con otra escena.

Recuerdo que una vez le conté a una amiga que a veces me quedaba metida en el computador y que ni siquiera tomaba pausas para desayunar. Fue como:

—Clari, los temas que tienen que ver con nutrición representan, un poco, a nuestra madre… es decir, a que seamos nuestras propias madres y seamos capaces de cubrir las necesidades básicas (alimentación, sueño, alimento, etcétera) que la niña interior te está pidiendo.

¡Pum! Baldado de agua fría. #BofetadaMental

Básicamente vivo ignorando a esa chinita y diciéndole (sin decirle) que todo lo que me pide es una pendejada, que el trabajo es más importante o que cualquier cosa es más importante que ella.

Y por eso, cuando alguien no lee mi mente, mi niña interior se enoja porque nadie le pone cuidado, ni la persona que vive con ella en el mismo cuerpo, ni la persona que está al frente. ¿Les ha pasado?

Así que esto es lo que aprendí: ya sabiendo que el hambre me puede, lo aviso con anterioridad a mis amigos cercanos. Eso no quiere decir que los vaya a responsabilizar de mí y entonces sean ellos los que tengan que pararse y alimentarme, pero al menos si un día me da hambre y me ven con cara de ogro, al menos tal vez me pregunten «¿Tienes hambre?» (a veces los amigos de uno tienen la capacidad de ver cosas de uno que ni uno mismo ha notado) y entonces yo caiga en la cuenta y me busque una empanada o algo. Eso o cargar maní entre la cartera.

Mi punto es: Primero me encargaré yo de que la niña no tenga que llegar al extremo de llorar para atender su necesidad. Segundo: si alguien más la escucha, que sepa que no es personal y que tal vez, taaal vez, pueda hacer las preguntas correctas. Y tercero, ya vengo que me voy a hacer un desayunito.