Sobre la hipocresía bogotana y otros demonios

No sabía que era hipócrita… ¿o sí?

Tengo una amiga que siempre me propone los planes. Siempre es ella la que me sugiere algo para hacer y yo, como persona desvirolada que soy, casi siempre o le cancelo o no le propongo nada más. O, mejor dicho, no le proponía.

Esa era la realidad hasta que un día se me paró en la raya y, hablando de otros temas, me dijo:

—Estoy mamada de tener siempre que ser yo la que busca a la gente. Ya no quiero más tener a personas en mi vida que no hacen ni lo mínimo para que yo esté en la de ellas.

Y no estábamos hablando directamente de mí, pero me cayó el veinte. Ese mismo día puse un recordatorio en el calendario —Yo sé, es muy ñoño y algunos dirán que si yo la quisiera en mi vida orgánicamente la buscaría, pero créanme, mi cerebro no funciona así, necesita estructura porque si no, se queda en la casa viendo Netflix—. Entonces cada mes me pita el celular un día específico y sé que al menos una vez al mes —y debería ser más— voy a escribirle o molestarla o mandar señales para vernos, eso sí, esta vez con un plan.

¿Por qué les cuento esto?

Porque la semana pasada nos vimos y me contó que había leído un artículo en el que decía que los rolos (los de Bogotá) tenemos fama de hipócritas.

—¿De hipócritas? (Imagínense mi cara, especialmente si me conocen).

Mi reacción inmediata fue como «No me parece. Para nada. ¿Así nos perciben?»

Esperen, sobrinis.

Entonces sacó el celular y me leyó un pedacito:

Una defensa de la fría y lluviosa Bogotá, una ciudad que a veces cuesta querer

El británico Richard Blair es uno de los principales artífices de la internacionalización de la música colombiana: produjo a Carlos Vives, Sidestepper, Bomba Estéreo y Aterciopelados, entre otros exponentes de la diversidad sonora colombiana, que mucho le debe a la capital.

[…]

Mientras se toma un té, Blair aborda una de las principales críticas a los bogotanos: que son hipócritas, que no dicen las cosas.

«Hay una institución clásica bogotana que es huir de la cita», me dice. «Un juego de tenis a ver quién es el primero que cancela o se esconde para no concretar la reunión. Un europeo lo puede ver como pereza o hipocresía, pero yo lo veo como filosóficamente avanzado, porque evita el roce y garantiza el deseo de cada uno».

«Y eso se añade al formalismo, que a mí al principio me emputaba (daba rabia), porque no se dicen las cosas, pero luego me di cuenta de que es una manera de entendernos«.

La cortesía es una institución bogotana, en efecto. Expresiones como «qué pena con usted» para lanzar un ataque o «me regala» para pedir que le vendan algo revelan cierto apego por los eufemismos.

—Uf. ¡Tiene toda la razón!

Y tras pensar un poco en el pasado, proseguí:

—Esto me recuerda un poco cuando me dijiste lo de las amistades a las que toca rogarles para verse. Uno aquí a veces cancela el plan por puro frío… pero tampoco es lo suficientemente frentero para decirlo. O saca el cuatro letras y no propone un nuevo plan… y luego le va dando prioridad a otras relaciones que al final no son tan significativas o a gente a la que uno le vale. ¿Por qué somos así?🙈😂🤦🏽‍♀️😂

En ese sentido sí somos hipócritas. Evitamos el conflicto, pero no de la manera correcta. No decimos «Fecha tentativa» ni hacemos lo posible por salir de la zona cómoda. Bueno, hablo por mí. A veces me digo que no tengo tiempo y me creo la mentira. Por eso me tocó poner el recordatorio en el calendario.

Sí. Ya sé. Hay amistades con las que no tengo que hacer eso. ¿Por qué? Porque las veo en el trabajo, porque las veo en salsa… ¿pero y si no? Hay gente que aún quiero en mi vida, pero tampoco me esfuerzo. Así que por favor conmigo es con agenda y con lista en mano de personas que suman y multiplican en mi vida. No sé quién tenga que leer esto, pero tal vez sea este el recordatorio para revisar qué amistades se deben cultivar, qué amistades se deben reactivar y qué capítulos se deben cerrar.

🎵Se acerca la navidad y a todos nos va a alegrar🎵

PD: Si sumercé nota ese comportamiento de lejura de mi parte, está autorizadis para jalarme las orejas. Prometo reaccionar.

Monserrate o consejos pa’ levantar – Parte 1

El consultorio de la tía Clara siempre está abierto para las preguntas más importantes de la vida… y para las bobadas también.

La conversación fue más o menos así:
—Tía Clara, necesito un consejo. Voy a ir a Monserrate con un sujeto y siento que si subimos las escaleras se va a morir y yo voy a llegar refea. ¿Es muy grave la subida?

Adivinen qué fue lo primero que pensé.

Efectivamente: esto es material para un post.

Así que aquí van los consejos no solicitados para una primera cita.

  1. Si el man ya le pidió salir, no creo que usted le parezca fea.

De hecho, mi amiga es particularmente bonita. Y no bonita de «Ay, lo digo porque es mi amiga». Parce, es el tipo de vieja que los manes dicen «Mk, está linda, pase el Instagram». No es ese tipo de linda que uno de vieja dice «Ay, es bonita» y que los manes dicen «Meh». No. Es el tipo de vieja que nunca está soltera porque dura cinco minutos soltera y de una llega el chulo que ha estado haciendo fila desde hace rato.

PEEERO, como todas las mujeres bonitas y buena gente, tiene sus inseguridades. Así que la tía Clara, que también tiene muchas inseguridades pero que sabe lo que es levantarse a un man sudada, despeinada y con los respectivos olores que puede causar una clase de salsa, tiene algo que decirte:

Amiga: mientras haya tetas, el sudor y el despeine se vuelven secundarios.

2. El man no se va a infartar. ¿Tú de verdad crees que propuso un plan que lo haga ver como un perdedor?

Y si es así… Ese no es tu problema.

El 99 % de los manes, a menos que sea un tonto del culo, no te van a proponer un plan que los haga ver mal. ¿Por qué? Pues porque rara vez van a mostrar su fragilidad en la primera cita. Apuesto que lo conociste en el gimnasio, querida… Y lo que el man quiere es mostrar su estado físico. Si es así, pues diviértete, conócelo, mira el man qué pitos… pero eso tal vez te hable de las inseguridades del man. Y bueno, recuerda que la tía Clara también se puede equivocar, así que mejor que seas tú la que me des o no la razón.

3. ¿Es muy grave la subida?
No sé. La última vez que subí a Monserrate a pie fue en el año de… * Hiperventila de solo pensarlo *… Ah, ¡Mira! ¡Donas!
Si comes donas, la bajada va a ser más fácil. Mentiras.

4. De nuevo… ¿Quién habrá propuesto el plan?

La última vez que subí con un novio a Monserrate me terminó en tres días. (Aquí entre nos, yo creo que el man no sabía cómo terminarme y eso fue lo único que se le ocurrió 🤦🏽‍♀️)

5. ¿Dónde quedó el plan tradicional y conservador de ir a cine y luego a tomarse algo? ¿Estoy pasada de moda? ¿Qué sigue? ¿Invitaciones a subir una montaña a las 6 de la mañana y desayuno vegano?

Obvio sí. ¿Por qué tomar consejos de una treintona sexy que por ratos aún es insegura y no ha ligado hace más de 9 años? ¡Pues fácil! Porque hay algo que enloquece a los manes, no importa la edad que tengas o si incluso vas a casarte… y te compartiré este secreto, amiga, solo para que no se vaya conmigo a la tumba.

El secreto es…

[Pausa dramática]

Ah, pero antes te voy a decir todo lo que no es.

  • No es seguir un manual.
  • No es pensar que hay fórmulas mágicas
  • No es hacer lo que dicen tus amigas (que están igual o más perdidas que tú)
  • No es hacer lo que dicen las revistas (yo siempre pensé que iba a trabajar en Cosmopolitan o en la revista Tú, pero ya ven…)
  • No es hacerse la difícil ni la interesante (ya eres interesante, otra cosa es que la otra persona quiera descubrirlo y, si no, pues toma tu ticket y al final de la fila).

Lo único que me ha funcionado es ser auténtica, hacer tus propias reglas y saber cuándo romperlas. Ah, y mover el culo. Mover el culo es básico. Aprende a moverte con gracia, amiga. Eso sí, de nada sirve mover el funkete si uno no es auténtico. Una vez alguien me dijo que dejara de ser como Tribilín, porque eso no era sexy. Y no, no lo es… pero también es parte de mi esencia hacer chistes bobos y tener un lado naïve. Así que lo que hice fue no mostrarlo de primerazo, pero tampoco negarlo. De hecho, no soy la mujer más chistosa de la tierra y, sin embargo, doy fe de que hay dos hombres que se rien de mis chistes de papá: mi primo y mi novio… así que para todo hay público, para todo hay cliente.

Si a un sujeto en cuestión no le gusta ese lado frívolo, pues no merece conocer el lado interesante o el mejor lado que tengas. No se trata de mentirle ni de mentirte a ti misma, porque tarde o temprano el castillo de naipes se va a caer. Se trata de divertirte mostrando quién eres poco a poco y permitiendo que la otra persona lo descubra. En algún punto o les gustará a ambos lo que ven («Esto es lo que hay«) o definitivamente alguien se desilusionará y cuanto más pronto mejor para no perder tiempo («Donde no puedas amar no te demores»).

Nuevamente, abogo por las muestras de vulnerabilidad. Sin embargo, en nuestra cultura, es poco probable que las personas se muestren tal y como son, o que revelen sus vulnerabilidades porque sienten que eso es ser débil… así que a veces toca ir con cuidado para no espantar a la gente que no está preparada para la awesomeness (porque el que no ha visto a Dios cuando lo ve se asusta)… y ya verás que después de los 30 te vale: eres una chimba y no te da pena mostrar que lo eres. Que huyan solitos los que se les arruga.

Réplicas

¿Han visto que siempre hay un personaje en los realities que dice la típica «Yo no vine a hacer amigos»?

Bueno. Juré que esa iba a ser yo.

¿Han visto que siempre hay un personaje en los realities que dice la típica «Yo no vine a hacer amigos»?

Bueno. Juré que esa iba a ser yo cuando cambié de trabajo.

«Tus amigos del trabajo no son tus amigos, son tus compañeros de trabajo».

Pero yo no puedo. Soy todo corazón y eso me hace mal. La última vez que tuve un combito en el trabajo, sentí que eran todo y cuando el trabajo se acabó, se me abrieron las heridas de abandono y sentí nuevamente el peso de la frase «Todos se van, solo te tienes a ti misma». Pérdidas.

Y entonces últimamente solo siento réplicas. Siento que me vuelven a pasar cosas que ya me habían pasado y no me importa. Siento dolores inevitables por perder aquello que sé que no me pertenece. A veces viene una persona extraña, que no conoces de nada, con la que ni has hablado más de dos minutos… ¡y paf! Te mira a los ojos y te recuerda que vas a causar dolor. Las miradas no mienten, el cuerpo tampoco.

Tiembla.

Algunas personas quedan inevitablemente en aquel rincón de lo que nunca será.

Tiembla.

Ese instante en el que pudiste decir algo y no lo dijiste.

Tiembla.

Esa canción que casi que te devuelve a la escritura y entonces nada vuelve a ser como antes.

Tiembla. Mierda, esto ya lo viví.

Esa fiesta a la que sabes que no vas a ir.

Tiembla.

Ese puedo, pero no debo.

Tiembla.

Vamos de paseo a Tausa con mis amigas del actual trabajo. No me importa. Las consideraré mis amigas. Ser vulnerable no es un pecado.

Tiembla.

Ese «Voy a contactar a…», pero mejor no. Eso es lo que me tiene jodida. Saber con anticipación que algo va a salir mal y que es por mi culpa. Pinche culpa y tú al lado. En realidad a veces uno sabe que las cosas se solucionarían con una llamada o un mensaje de texto, pero no. El 99 % de mis problemas me los armo solita en mi cabeza y no salen de ahí. He tenido la oportunidad de hablar con gente que podría hacerme millonaria, pero como soy estúpida no soy capaz de hablar, de llamar, de mandar un mensaje. He podido reparar o construir relaciones, pero el orgullo me puede. No hay manera de vivir con tantos «He podido» y la verdad me he cohibido porque sospecho que la línea que separa la cobardía de la prudencia es muy delgada. Y también porque tengo un miedo gigante al rechazo.

O porque sé que voy a causar un dolor ajeno. Eso me frena más.

Hay dolores que ni todo el Ho’ponopono del mundo puede reparar. No importa cuántas veces usted repita mentalmente «Lo siento, perdón, gracias, te amo», a veces es inevitable causar dolor. Todos somos el malo en el cuento de alguien más.

Tiembla.

¿Estamos preparados para la grandeza de las pequeñas cosas?

No puedo asegurar que Dios existe, pero…

No puedo asegurar que Dios existe, mas al mirar tus ojos, me lo creo.

Ha sido una semana emocionalmente compleja, en la que he discutido mentalmente sobre las injusticias. Es difícil tratar de no meter a Dios cuando uno observa situaciones que parecen injustas y sin el más mínimo sentido. Hay semanas en que la razón, la fe, la duda y el corazón van por caminos diferentes. Semanas como esta. Hasta que dejo de preguntarme tanto y empiezo a observar más. Entonces aparece el milagro:
-El primer sorbo de una taza caliente de té, con un aroma a mango fresco que me envuelve.
-El atardecer de tintes rojos y azules de una de estas tardes bogotanas.
-Ver el esplendor y la fuerza del mar debajo de un muelle… aunque solo fuese en internet.
-Saborear el postre de guanábana con que venía el almuerzo.
[Pausa]
Tal vez Dios no está arriba sentado en un trono mirando cómo nos matamos los unos a los otros o viendo en silencio cómo le rezamos. No. Tal vez Dios es una sensación y no un concepto.
[Pausa para cambiar el paradigma]
[Reemplacemos la palabra “Dios” y refirámonos entonces a “lo divino”]
Volvamos al segundo sorbo de té caliente: Tal vez aquello que es divino se devele en pequeños instantes al poner atención. Tal vez Dios no es algo externo sino la capacidad de percibir lo divino con nuestros sentidos.
—¿Y si entonces nuestros sentidos nos engañan?
—Entonces, qué bello engaño.
—Pero el filósofo anhela la verdad.
—Y también lo hace el hedonista, a su manera: Lo que para él es placentero es cierto, así sea un engaño. Todos de alguna forma caminamos en el salón de los espejos.
Así que nadie se pondrá de acuerdo, por eso el concepto de la divinidad es tan polémico y genera tanto recelo. No sé si estemos preparados para la grandeza. Nos han enseñado a confundir la humildad con la falsa modestia. Hemos crecido sintiendo pena por pedir de más. En realidad lo grande solo se ve en retrospectiva… por eso dicen que “el que no ha visto a Dios, cuando lo ve se asusta”. En el instante presente, las cosas verdaderamente grandes e importantes son dadas por obvias.
De ahí que captar la señal de lo maravilloso justo en el segundo en el que ocurre, es mágico. Quien haya perdido el instante de un gesto perfecto al tomar una fotografía me comprenderá. Quien haya bajado la mirada en el instante del gol, me comprenderá. En lo fugaz de la vida, ahí está Dios… en el segundo perfecto, conectado y en sintonía, en la misma vibración que lo sublime, en lo que te deja sin aliento, lo que te pasma, lo que te maravilla, lo que te sorprende gratamente… la grandeza está en un instante pequeño con la chispa de Dios.

Tres señales de que tu amistad es verdadera…

Amigos hay muchos… amigos verdaderos, pocos. ¿Cómo identificar aquellas personas que merecen siempre un lugar prioritario en tu vida?

Amigos hay muchos… amigos verdaderos, pocos. ¿Cómo identificar aquellas personas que merecen siempre un lugar prioritario en tu vida? He aquí tres pistas que pueden ser útiles a la hora de saber si las amistades que te rodean son únicamente para ir de rumba o a desayunar.

3. No juzgas al otro ni te sientes juzgado

Sabes que puedes contarle lo que sea a esa persona y sin sentir que tiene un mazo de juez. No obstante, también sabes que te dirá la verdad y que intentará hacerlo con tacto y sutileza para no herirte más de lo que ya estás. De igual forma, estás dispuesto a escuchar y callar para que esa persona se desahogue sin el «te lo dije» a la mano. Después de todo, ya habrá momento para evaluar los daños y todos cometemos errores.

2. Quieres a esa persona más por lo que harías por ella, que por lo que ella haría por ti

Estás dispuesto siempre a ofrecer soluciones o a hacer tonterías para que la otra persona suba su ánimo. No minimizas el problema del otro diciéndole frases como «hay cosas peores» o «los hombres no lloran», «deja de llorar», sino que intentas hacer algo para que vuelva a su centro… Reconoces que el cielo es el límite y que las posibilidades van desde simplemente oír lo que tiene para decir, hasta improvisar una visita corta a su trabajo a la hora del almuerzo o regalarle algo que sabes que le gusta.

Casi nunca te pones a pensar quién da más en esa relación, porque en el fondo sabes lo mucho que valoras a esa persona. Sabes que cuentas con ella para planes culturales como ir a museos, teatro o compartir tus lecturas favoritas… así como para cosas más triviales como discutir sobre quién les parece más guapo o enviarse memes o chistes en Whatsapp y en las redes sociales.

1. Ante una dificultad, intentas eliminar las barreras físicas o llamas inmediatamente

Haces lo que sea por comunicarte. Si puedes tomar un taxi e ir a visitarla al hospital, sabes que lo harás. Si crees que no es posible, la llamarás o le dejarás un mensaje. Dependiendo de la cercanía emocional y física que tengas con esa persona, si sabes que te necesita, no lo piensas dos veces. Si esta persona está en tus prioridades y tu amistad es incondicional, siempre encontrarás la manera de ponerte al día con ella, aunque no se vean todos los días.

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