¿Cuál es mi misión de vida?

Hace un año una amiga me hizo una pregunta cuya respuesta, inspirada por alguien más, ahora trato de integrar en mi vida.

—Si pudieras preguntarle algo a Dios, ¿qué sería?

En otras circunstancias, mi respuesta hubiese estado relacionada con la verdadera identidad de Shakespeare, las enfermedades sin cura, el origen de la vida o lo que sigue después de la muerte. No obstante, contesté:

Solo le preguntaría cómo puedo servirle mejor.

Pero, ¿qué es eso de servirle mejor a Dios? Es decir, ¿Clara se volvió fanática religiosa o ha sido secuestrada por alienígenas que la adoctrinaron para escribir sobre aquello que desconoce? Nada de eso. Solo tengo una pequeña reflexión que ha surgido de muchas cosas que me han pasado en los últimos dos años y que quiero compartir porque me hubiese gustado saber esto antes. Servirle mejor al amor supremo significa identificar nuestros talentos, usarlos, pulirlos… y entender que esa es la mejor manera de agradecer por ellos. No utilizarlos es el equivalente a no destapar un perfume carísimo que te ha regalado tu mejor amigo, y lo dice alguien que tiene, metafóricamente hablando, montones de cajas de aromas finos sin destapar en el armario.

A veces no sabemos cómo ni por dónde empezar. ¡Es más! La mayoría de las veces ni siquiera pensamos que somos lo suficientemente talentosos para lograr algo, simplemente creemos que somos parte del promedio, que somos uno más.

Pero seamos francos: esa falsa modestia pocas veces ayudó a alguien.

Yo soy la primera que levantó la mano, porque el 70 % de las veces veo las cajas de perfume y prefiero guardarlas para una ocasión especial lo cual es parte de la aventura de ser humana— Pero entonces tengo que enviarme notitas mentales y hasta libros para acordarme de que tengo que estar orgullosa por algo que yo pedí y me fue concedido.

Y, sin el ánimo de ponerme religiosa y menos filosófica, es importante resaltar que la palabra que estoy usando es “pedí”, lo cual implica dos cosas: en primer lugar, que tengo que tomar responsabilidad frente a lo que yo anhelo para mí. En segundo lugar, eso también quiere decir que voy a dejar de culpar a la divinidad o al exterior por aquellas cosas que son producto de mis acciones y también por aquellos desastres naturales, muertes ajenas, separaciones o todo aquello sobre lo que no tengo control. Después de todo, lo que sucede a mi alrededor es tan solo una metáfora de lo que hay adentro.

Mi conclusión —y repito, nada de esto ha sido comprobado por la ciencia, pero yo considero que es cierto para mí— es que las situaciones que me envuelven, la gente de la que me rodeo, el tipo de trabajo que escogí, la familia que tengo… todo se me ha consultado y he decidido. Dicen que uno no elige sus padres, pero yo creo que sí. Yo creo que uno escoge todas y cada una de las cosas que va a vivir: tanto las buenas como las demás. Si frecuentemente vienen a mí personas con dificultades de salud, yo me ofrecí voluntariamente a compartir con ellas. Si atraigo a aquellos que no tienen pareja, tal vez haya una razón detrás de eso… un aprendizaje para ambos, algo para compartir y, sobre todo, para ejercer la compasión.

Recientemente, alguien a quien quiero mucho me dijo, con lágrimas en los ojos y apenas pocas horas después de perder a un ser querido:

¿Por qué me habrá tocado a mí esto?

En esos momentos el discurso de “no te preocupes, todo va a estar bien” sobra. Últimamente, prefiero estar en silencio y escuchar. Para mí no es fácil  quedarme callada y dejar de juzgar, pero como esto es un camino, sigo intentándolo. Estuve tentada a decirle muchas cosas; no obstante, preferí solo permanecer en silencio y dejar que se desahogara. Un rato después recordé una frase que le oí a Doreen Virtue “Enfócate en el servicio”, y dije:

—No pienses que te tocó, piensa que tú te ofreciste como voluntaria para servir.

Tal vez, entre los muchos talentos de esta mujer, está servir de apoyo a otros, porque solo Dios sabe que nació con más templanza que todos nosotros para enfrentar la muerte año a año de varios miembros de su familia… pero ese, por más castigo que parezca, es un talento invaluable del cual debe estar orgullosa.

Y sí. Muchas son las bendiciones disfrazadas… los cambios de empleo, los accidentes que te cambian la vida, el consejo en el último minuto, la idea que parece no tener sentido… todas encaminadas a una gran misión y cada misión alineada con un propósito más grande que nosotros. Todos vemos la misma materia en el pénsum: compasión. La diferencia es que unos han elegido verla con ciertos profesores, y en ciertas especialidades, o combinada con el servicio a los ancianos, a los niños, a la ciencia, al arte… ¿Qué sé yo?

Tu misión no es tu trabajo, tu misión no es tu pasatiempo… tu misión es el conjunto de situaciones que te guían a través del camino del amor. Tu misión no son los profesores ni la nota que obtengas, sino cómo disfrutaste cada segundo en el salón de clases y si hiciste feliz a alguien ahí dentro. Para pasar al siguiente grado, se te pide que te seas feliz tú; pero si logras que alguien más llegue a serlo contigo, estarás graduado con honores. De todas maneras, no juzgues las decisiones de otros, porque aunque unos han escogido el puente y otros el río, todos llegarán a su destino.

 

PD: Si deseas conocer tu misión de vida, también te puede interesar el último video que aparece en este post:

https://pajarorebelde.com/2016/03/17/tres-videos-que-cambiaran-tu-forma-de-ver-la-vida/

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Autor: claravalderram

Si me llaman para hacer un asado, llevo hambre y me pido hacer el guacamole.

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