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Esto es lo que hay…

Hay gente que es como los gatos: siempre caen de pie…

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A menudo pensamos que tenemos que decidir lo correcto siempre. Muchas veces creemos que la decisión correcta es aquella que la mayoría de gente cuerda tomaría… la opción más segura, la más lógica…

Aquella vez que decidí devolverme a mi país en vez de quedarme en el extranjero con un excelente salario… o cuando perdí un trabajo importante en otra ciudad y, como ya tenía los tiquetes, me fui de paseo sin plata… o cuando he comprado cosas por impulso… casi siempre que pienso que soy el colmo de la irresponsabilidad, adivinen, me va bien.

No sé si me va bien porque Dios cuida más a sus borrachitos, porque soy muy de buenas, porque le saco chiste a todo o porque definitivamente siempre hago lo que me da la gana. El caso: siempre caigo de pie como los gatos. Y casi siempre al «Tin, marín, de dó, pingué». Debe ser que me gusta la adrenalina, parce.

Siento que a veces se disfrutan más aquellas victorias que se acompañan de utopías. Los humanos anhelamos el momento de vencer lo imposible, el instante de la causalidad misma, el segundo en el que todo se detiene y las cosas resultan en un final inesperado. Claro, dejar que la vida lo sorprenda a uno no es lo mismo que permitir que se lo lleve a uno por delante, como un tren que atropella al pelotudo que se queda mirándolo venir —Tampoco—, pero sí mirar esas encrucijadas como oportunidades para una buena historia de la cual te reirás en el futuro.

Nada más triste que llegar a viejo sin tener nadita qué contar, qué oso que lo único que tengas que mostrarle a tus nietos sean las selfies que te tomaste en el baño… teniendo un mundo tan grande para conocer.

La autenticidad verdadera está en quitar algunos de los filtros a nuestras acciones y constructos mentales. Al que le guste la foto como es, pues que la acepte. Así soy, ¿y qué? Espacios para meterme en el papel que «debo ser» sí que sobran. Para ser seria existen las oficinas, las universidades, las ponencias (¿Quién se inventó las ponencias?), los hospitales (a los que iré cuando esté arrugadita), los ataúdes (en los que tarde o temprano acabaremos)… Pero esto es lo que hay: sabrosura, guachafita y chistes flojos.

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Contigo, Perú

He aquí las razones por las que no hubo blog la semana pasada…

Debo decir que estuve gratamente sorprendida por Perú. Este fin de semana que pasó estuve en una boda en el vecino país —entre otras cosas, por eso no hubo blog— y me llevé una #BofetadaMental al darme cuenta de lo mucho que nos influencian los medios de comunicación frente a lo que es la realidad. Solo estuve tres días en Lima y sé que no es demasiado como para dar un juicio contundente, pero lo que vi fue suficiente para darme cuenta de que tenía la venda en los ojos de la que tanto me quejo cuando otros extranjeros hablan mal de Colombia.

De la misma manera en que los colombianos somos estigmatizados por series como Narcos o Sin tetas no hay paraíso, así mismo es el daño que el programa de la señorita Laura ha causado en el imaginario colectivo. Y no solo ha maltratado la imagen de un país, sino que nos ha reforzado, de alguna manera, la idea de que todo lo indígena es malo, pobre, feo, vulgar y salvaje.

«Los latinos somos todos unos ignorantes, unos indiecitos». En vez de «Los latinos somos una raza pujante, unos guaches y unas guarichas» (entendidos respectivamente como guerreros y bellas princesas indígenas… acepciones que, a la fecha, no aparecen en el diccionario de la Real Academia Española. Si uno quiere comprobar que no se está inventando nada, toca buscarlas en este diccionario muisca elaborado por «Diego Gómez para su trabajo de grado de Antropología en la Universidad Nacional de Colombia» con financiación parcial de la Universidad de Bergen, Noruega y su Departamento de lenguas extranjeras).

En fin.
Y ahora Perú vuelve a un mundial, después de 36 años… y con un apoyo de Colombia. Sus goles son sus goles y ya era su responsabilidad el anotarlos, pero el Tigre Falcao hizo lo suyo en un acto, pienso yo, de caballerosidad y buena onda. Esos son los colombianos que necesitamos. Esos son los latinos que queremos llegar a ser: personas que no se ocupen solo de ganar, sino de ganar bien y sin despedazar al rival solo por ego. Necesitamos más latinos que hagan su parte cuando otro les ayuda. Necesitamos más personas que acepten una mano a tiempo y de buena manera… que no sientan que les estamos dando sobras ni que les estamos regalando nada, porque así tampoco es.

Queremos una raza orgullosa de su diversidad, de sus costumbres, de sus valores y de su alegría. Necesitamos más personas que se rían de sí mismas y que compartan la música y el baile de su tierra. Necesitamos más alianzas positivas entre naciones: gente que ame el deporte, que apoye la danza, que vibre con la poesía, que se deleite con la buena cocina… gente latina bella: más guaches y más guarichas.

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Té para uno

Ignoro cómo se bebe el té en el Reino Unido o en Japón, lo cierto es que…

Hace unos días tenía ganas de un té, pero me poseía mi ya conocido y bienamado espíritu de la pereza. Así que, para evitar tener que pararme innecesariamente de mi escritorio, cometí la equivocación de buscar un cronómetro virtual con las palabras «online tea timer», en vez de solamente «online timer».

Para mi sorpresa, al parecer hay varias páginas de cronómetros según el tipo de té. Según lo que vi, del tiempo que uno debe dejar reposar la bolsita de té, depende que el sabor «se expanda» o «se contraiga»… se concentre en mayor o menor medida… que florezca.

Se me ocurre que el mismo principio aplica para todo. Si uno va por la vida corriendo para tomarse el té de afán, quizás no le dé tiempo para que el aroma y el sabor se asienten. Si va demasiado relajado, cuando menos piensa, las cosas se ponen intensas.

Ignoro cómo se bebe en el Reino Unido, en la India o en Japón ─supongo que debe ser toda una ceremonia─, y tampoco sé si lo más correcto es retirar la bolsita, porque según leí hay toda una discusión entre dejarla o no… el hecho es que, como en la maduración de los quesos o los vinos: siempre hay un tiempo adecuado.

No vale la pena apresurar los procesos, ni los amargos, ni los dulces. Habrán sabores que anhelemos volver a sentir, y otros que no desearemos probar nunca más. Habrán tazas de té que beberemos con ansias, y otras que jamás terminaremos. Habrán bolsitas que reutilizaremos y tazas sin terminar que lavaremos… todo en un ciclo interminable de experiencias… todo en un instante efímero que conocemos como vida: un vapor cálido y volátil que se escapa rozándonos los dedos.

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Deudas en tacones

Tenía lindos tacones, una úlcera gigante y…

Al parecer, hay días que parecen no acabarse… días en que solo quieres llegar a la casa, meterte en las cobijas, quitarte el sostén y tomar algo caliente.
Es tanto el cansancio del día y ha sido tan grande el estrés que sientes que no vas a acabar lo que tienes que hacer en el tiempo en que debes. Debes. Le debes al uno, le debes al otro… le debes tiempo, le debes tareas… y a veces le debes dinero. Tal parece que hay más deudas de las que puedes pagar… y seguimos pagándolas aún cuando ya estamos en la siguiente tarea. Las deudas energéticas son las peores. Uno sigue pensando en el asunto y dándole más vueltas de las necesarias… botándole corriente, prestándole atención. Ojo al verbo: prestándole… y tal parece que eso que se prestó jamás será devuelto.
Entonces uno necesita recargarse. Y es cuando come de más para obtener energía… o duerme mucho… o no duerme, porque toda se le va. No hay que ser médico ni científico para saberlo. Cualquier desbalance del cuerpo pasa factura.
De un tiempo para acá, parece que hemos olvidado nuestra obligación de hacernos felices a nosotros mismos y de que el deber (sea de deuda o de obligación) es con nosotros primero. Hay que hacer feliz al marido, a los hijos, al jefe, a los clientes, a los hermanos, a la familia, a los amigos y también a los enemigos. Todos quieren algo de mí y lo quieren para ayer… Y no es queja. Me encanta tener varios roles, muchos de ellos los elegí porque me hace feliz ser como soy y que hagan parte de mi vida. Pero cuando uno le da más tiempo a cualquier faceta de su vida diferente a la de ser uno, entonces algo no está del todo bien. Sobre todo en el área laboral. No digo que no hay que trabajar, pero la EPS, los medicamentos y el tiempo perdido no me los va a pagar ni el jefe ni la empresa para la cual estoy haciendo plata… Termina uno cumpliéndole los sueños al dueño del aviso, ¿y el aviso de uno qué dice? ¿“Se arrienda”?
Así que hoy, en contra de todo lo que tengo por hacer, decidí sacar un tiempo para un té con mi mamá… y para escribir. Y bueno, lo que se hizo hoy, ya se hizo. Mañana veremos cómo cumplir con la responsabilidad sin tener que sacrificar la vida. Después de todo, lo último que quiero en mi epitafio es “Tenía lindos tacones, una úlcera gigante y un carácter de mierda”.
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¿Estamos preparados para la grandeza de las pequeñas cosas?

No puedo asegurar que Dios existe, pero…

No puedo asegurar que Dios existe, mas al mirar tus ojos, me lo creo.

Ha sido una semana emocionalmente compleja, en la que he discutido mentalmente sobre las injusticias. Es difícil tratar de no meter a Dios cuando uno observa situaciones que parecen injustas y sin el más mínimo sentido. Hay semanas en que la razón, la fe, la duda y el corazón van por caminos diferentes. Semanas como esta. Hasta que dejo de preguntarme tanto y empiezo a observar más. Entonces aparece el milagro:
-El primer sorbo de una taza caliente de té, con un aroma a mango fresco que me envuelve.
-El atardecer de tintes rojos y azules de una de estas tardes bogotanas.
-Ver el esplendor y la fuerza del mar debajo de un muelle… aunque solo fuese en internet.
-Saborear el postre de guanábana con que venía el almuerzo.
[Pausa]
Tal vez Dios no está arriba sentado en un trono mirando cómo nos matamos los unos a los otros o viendo en silencio cómo le rezamos. No. Tal vez Dios es una sensación y no un concepto.
[Pausa para cambiar el paradigma]
[Reemplacemos la palabra “Dios” y refirámonos entonces a “lo divino”]
Volvamos al segundo sorbo de té caliente: Tal vez aquello que es divino se devele en pequeños instantes al poner atención. Tal vez Dios no es algo externo sino la capacidad de percibir lo divino con nuestros sentidos.
—¿Y si entonces nuestros sentidos nos engañan?
—Entonces, qué bello engaño.
—Pero el filósofo anhela la verdad.
—Y también lo hace el hedonista, a su manera: Lo que para él es placentero es cierto, así sea un engaño. Todos de alguna forma caminamos en el salón de los espejos.
Así que nadie se pondrá de acuerdo, por eso el concepto de la divinidad es tan polémico y genera tanto recelo. No sé si estemos preparados para la grandeza. Nos han enseñado a confundir la humildad con la falsa modestia. Hemos crecido sintiendo pena por pedir de más. En realidad lo grande solo se ve en retrospectiva… por eso dicen que “el que no ha visto a Dios, cuando lo ve se asusta”. En el instante presente, las cosas verdaderamente grandes e importantes son dadas por obvias.
De ahí que captar la señal de lo maravilloso justo en el segundo en el que ocurre, es mágico. Quien haya perdido el instante de un gesto perfecto al tomar una fotografía me comprenderá. Quien haya bajado la mirada en el instante del gol, me comprenderá. En lo fugaz de la vida, ahí está Dios… en el segundo perfecto, conectado y en sintonía, en la misma vibración que lo sublime, en lo que te deja sin aliento, lo que te pasma, lo que te maravilla, lo que te sorprende gratamente… la grandeza está en un instante pequeño con la chispa de Dios.
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8 Reglas de Whatsapp que todo ser humano debería conocer

Si nadie se lo dijo, no es su culpa. Si lo sabe y no lo aplica… me temo que sí.

Al momento de realizar este escrito 59.616.835 personas han descargado Whatsapp Messenger en todo el mundo. Por tanto, las siguientes reglas deberían ser populares. No obstante, y a pesar de que se trata de principios básicos, parecen ser desconocidas aún.

1. Favor
no

escribir
así

Nada más absurdo y poco eficiente. Tengo varios amigos que tienen la horrible costumbre que se muestra en la primera conversación:

Mal
🚫Largo, con rodeos y mil beeps

En vez de…

Bien
✔Correcto: al punto y sin dejar de ser cordial.

 

 

Es un error fatal —tanto en lo virtual como en la vida real— no dejar claro el objetivo de la conversación desde el principio. Sobre todo para entornos laborales, hacer esto es, de alguna manera, no respetar el tiempo del otro y asumir que siempre tiene que estar ahí pegado al chat para nosotros. ¡La otra persona tiene cosas qué hacer!

Si lo que usted quiere es ser cordial e interesarse genuinamente en el otro, pídale una cita y hablen de verdad. Y si quiere una respuesta urgente, use un medio urgente, como el celular o la visita en persona. Parece que la gente últimamente no entiende que lo más lento de contestar es un correo electrónico, luego le sigue el Whatsapp y después vienen las llamadas. La elección del mejor canal de comunicación determinará la rapidez de la respuesta, no es una regla… pero si no me cree, pruebe con señales de humo o palomas mensajeras.

#Offtopic: Nunca le diga “sí” a un tipo que le pide una cita por Whatsapp. ¡Cuidado se gasta un minuto en llamarla! Lo aprendí tarde.

¿Recuerdan esos bellos tiempos en que uno llamaba por teléfono —al fijo, además— y decía:

—Hola, mi Kelly. ¿Cómo estás? Te llamaba para saludarte y pedirte el número de Andrea. Es que se me perdió porque lo tengo anotado en una agenda que se me quedó en la oficina.

—Sí, claro. Es 555-5555. ¿Y qué más? ¿Cómo has estado? ¿Me contaron que te casaste?
—Sí, bla, bla, bla…

Ya sea por cortesía, por respeto al tiempo del otro… o porque el servicio telefónico en algún remoto tiempo se cobraba por minuto, primero uno decía para qué llamaba y después hablaba basura, si es que lo necesitaba. El teléfono era para acortar distancias, no para alargar conversaciones. Y si la conversación daba para rato, uno le decía simplemente a la persona que eso aguantaba contárselo con unos vinos o un café… ¡y se veían!

Todo esto tiene que ver con la función fática del lenguaje. No se deje confundir por la palabra. Esto simplemente significa que los humanos usamos expresiones que no significan nada, solo están ahí para que verifiquemos el canal. Por ejemplo: “¿Aló?”

El problema es que lo que para uno es fático, para otros parece no serlo. Algunas expresiones como “¿Cómo estás?” pueden tomarse literales y la persona puede entender que sí deseamos saber realmente cómo se encuentra y qué tal ha sido su día.

Por desgracia para unos, y salvo en contadas excepciones, Whatsapp no es un medio en el que se requiera verificar el canal, ya que cuenta con el doble chulito azul y ambos participantes saben cuándo sus mensajes han sido vistos. Insisto: si a usted le interesa realmente saber cómo está alguien, utilice un canal más directo en el que pueda ver su expresión o al menos escuchar el tono de su voz, ya que en los chats se pierden elementos suprasegmentales —linda palabra— como el acento, el ritmo, las pausas y la entonación. Y cuando algo que debería estar no está… el cerebro casi siempre termina reemplazándolo. He visto a muchas parejas y amigos pelear porque sus videos mentales van más allá de los mensajes que reciben.

2. No asuma que la persona está en la misma onda que usted
Nos fastidia cuando le hablamos a alguien y está pendiente solo del celular, ¿cierto? Pero cuando soy yo quien envía el mensaje, el otro siempre tiene que estar disponible para mí. No señores. Los otros tienen vida, familia, amigos, un trabajo… Si lo dejan en visto, no asuma SIEMPRE que quieren ignorarlo. A veces uno tiene las manos enjabonadas porque está lavando la loza, pero aparece en línea porque dejó el Whatsapp conectado en el computador. ¿Qué sé yo? Relájese. Después le contestarán. Si ocurre demasiadas veces, el mensaje es claro: sí lo están ignorando, así que retírese con dignidad.

3. Si le cuesta o no le gusta digitar, use una nota de voz

Pero tampoco se exceda con ellas. Úselas cuando necesite que esos elementos suprasegmentales se noten. Nada mejor que un buen chisme contado con la voz… y nada peor que tres notas de voz estilo:

Nota 1: Hola, ¿cómo estás?

Nota 2: Oye, ¿ya sacaste la basura? Antier pasó el carro como a las seis y se me olvidó sacarla.

Nota 3: Entonces era para ver si hoy la sacas tú.

Beep. Aburrido. Cero eficiencia. Además, eso es no pensar en el otro. Hay que recordar que las llamadas de Whatsapp, las fotos, los videos y las notas de voz no son gratuitas en todos los operadores telefónicos, así que no todas las personas las tienen disponibles siempre. Hay quienes tienen que llegar a la casa o a un sitio con wifi para oírlas.

Con respecto a los chistes y los mensajes de humor casi siempre son bienvenidos, siempre y cuando sean oportunos. Eso sí, los videos y las cadenas no le gustan a todo el mundo, pero nadie se atreve a decirlo. Tampoco se sienta mal si no le dan las gracias. Usted no las creó, así que no espere que la gente le agradezca. En conclusión: Ojo con lo que manda, todo en exceso es perjudicial.

4. No mande cadenas grotescas ni fotos desagradables…

Si quiere ayudar a algún niño con una enfermedad, no es necesario que agregue la foto y lo victimice aún más. A veces la palabra escrita es más prudente. Lo que nos lleva al punto 5…

5. No comparta información de la que no esté seguro

¿De verdad alguien puede pensar que la dueña de Whatsapp es una señora con acento chileno o que Bill Gates va a regalar un millón de dólares a quien lea este blog? Hay tanta información en internet, que es difícil distinguir la necesaria de la basura. Así que no comparta nada de lo que no esté seguro. En el caso de los sismos o tragedias, asegúrese de que la información que replique sea confiable y, si de verdad quiere ayudar, póngase en contacto con la persona (asumiendo que sí la conoce) y llévele algo que necesite (comida, ropa, etcétera).

6. Utilice la arroba si es que necesita que una persona le conteste algo en un grupo. De lo contrario, existe el chat privado

De la misma manera que usted no grita en un Transmilenio para que todos oigan la conversación con la persona que tiene al lado, a los demás hay cosas que no nos interesan.

Si el tema de conversación nos compete a todos, pero queremos cerciorarnos de que una persona en particular lea el mensaje, esta es la mejor herramienta. Especialmente, si tenemos los grupos configurados en silencio.

Ejemplo cómo usar los grupos de Whatsapp correctamente
Con la arroba, la tía Frida oirá el beep del mensaje de mi primo (sin perderse en la conversación) y todos veremos su respuesta.

7. Más mensajes de difusión y menos grupos

No es necesario estar creando grupos para todo. Los grupos, bien utilizados son muy útiles, pero lo cierto es que pocos saben usarlos para lo que realmente son y se terminan convirtiendo en un mar de saludos innecesarios, cadenas y muñequitos con mensajes de buenos días. Para evitar armar más grupos de los que ya tiene, aprenda a utilizar los mensajes de difusión y comience a enviar sus mensajes de forma masiva. Como resultado, le responderán solo aquellos que deseen hacerlo y de manera privada. Solo hay que hacer clic en los tres puntitos que abren el menú (al lado de la lupa):

Difusión

Y cuando se desplieguen las opciones, seleccionar la segunda (New broadcast o Nuevo mensaje de difusión):

Difusión2

En resumen, las normas de etiqueta del mundo virtual no difieren del mundo real. Las reglas que utilizamos para la vida diaria deberían ser las mismas para internet. Por eso, aquí les dejo este video para ver a quiénes de estos personajes identifican… y recuerden, son siete años de mal sexo si no comparten este blog jajajajaja (Toca reírse porque no falta el que no entiende el sarcasmo).

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Un truco para mejorar tu productividad

Un viejo truco llevado a la era de la información…

El siguiente truco lo vi en internet hace ya varios años, pero solo hasta hace poco se me ocurrió que podría implementarlo. Se trata de algo muy simple:

Utilizar la imagen del fondo de escritorio para organizar el flujo de trabajo de las cosas que tengamos que hacer. Por ejemplo, yo uso estas tres categorías:

Lo que viene
Haciendo
En seguimiento

Copy of Mi escritorio 2017
Mi fondo de escritorio. Lo hice utilizando la herramienta gratuita Canva. http://www.canva.com

Los colores también representan si algo está detenido (rojo), si debo prestar atención (amarillo) o marchando  (verde). En otras oportunidades ensayé con una última casilla que se llamaba “Finalizado”, pero después de un tiempo dejó de tener sentido porque lo que estaba finalizado no tenía por qué estar siquiera en mi escritorio. No obstante, esta casilla puede servirle a quienes estén al final de los procesos o realizan etapas de implementación, más que a quienes estamos en cargos creativos o que tenemos productos semanales que entregar. Recordemos que, ante todo, la idea no es llenar nuestro escritorio de iconos y más iconos para sentirnos ocupados, sino tener a mano los archivos que sí vamos a usar.

 

De esta manera, lo que hago es crear accesos directos de cada uno de los archivos que estoy trabajando en la semana. Así:

Captura

Dos consideraciones:
1. Yo no muevo los archivos de sus carpetas originales. Uso accesos directos.

¿La razón? Si se borran, no pasa nada. Mis carpetas siguen a salvo en Dropbox y organizadas de la manera en la que mis clientes las piden o como yo las necesito. Además, puedo cambiar los iconos como yo desee, como en el caso del banco de ilustraciones: se trata de una presentación en PowerPoint, pero le he puesto un icono que me parece que se relaciona más con el contenido del archivo.

2. Dejo mucho espacio en blanco

¿Para qué? Para poder agregar elementos útiles al escritorio, como un calendario y un reloj. Dado que Windows 10 eliminó los gadgets, tuve que descargar rainmeter (y luego los skins ultracalendar y Omnimo) para poder agregar estas cositas y hacer que mi calendario se vea sin necesidad de abrir ventanas, navegadores ni nada extra. Así es como se ve:

Captura2

Las ventajas para mí han sido muchas. Puedo ver y anotar rápidamente qué hay para el mes y tener una idea clara de qué me falta por terminar en la semana. Por desgracia, el calendario no se sincroniza con Google Calendar, por lo que solamente escribo aquellas citas que no debo olvidar. Obviamente he intentado utilizar otros calendarios para escritorio como VueMinder y Rainlendar, pero en mi caso no me fue tan bien con ellos. El primero era muy pesado para mi computador y a la semana se ralentizó, eso sí, tal vez a ti te funcione mejor; y el segundo, permitía sincronización con Google solo con la versión de pago.

Tampoco me funcionó poner Google Calendar como icono en el escritorio, porque me gusta tener las cosas a la mano, sin necesidad de abrir ventanas. Si deseo verlo detalladamente, abro el navegador o utilizo el widget instalado en mi celular. Como último recurso, intenté extensiones de Chrome como Clean Google Calendar y iChrome y, aunque pueden resultar útiles para otros, no era exactamente lo que yo estaba buscando.

En conclusión, sigo en la búsqueda de un “widget” o “gadget” de Google calendar para Windows 10. Eso sí, si eres usuario Outlook, Outlook on desktop puede ser para ti. Logra exactamente todo lo que yo quiero, pero tampoco me sirve porque tendría que sincronizar los mil y un calendarios de Google que tengo.

De nuevo, este sistema no es nada nuevo. Se ha hecho en papel con post-its y electrónicamente con aplicaciones como Trello, Sortd (sobre la cual escribí incluso otro post) y más recientemente con DragApp… pero, para quienes no siempre trabajamos online o que tenemos varios proyectos a la vez, funciona a la maravilla.

Ah, por cierto, si te gustó esta idea, aquí te dejo el post del que te hablaba: Dos ideas que te harán hacer 😱 (y aumentarán tu productividad).

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Eso: la decadencia de lo humano

«Definitivamente, no es humano», pensé. Entonces, ¿cómo sabemos qué lo es?

—¿Ustedes cómo ven a ese personaje?, preguntó alguien ayer en el club de lectura. Se refería claramente a Jean Baptiste Grenouille, protagonista de la novela El perfume: historia de un asesino.

«Definitivamente, no es humano», pensé. «Quizás tenga apariencia humana, pero en el mundo ficcional, y quizás más frecuentemente en la realidad, las apariencias nos engañan una y otra vez: por desgracia, no todo lo que parece humano resulta serlo».

¿Entonces cómo podemos definir a una criatura que se ve como humano, habla como humano, pero que carece de todo rasgo de humanidad? ¿Es acaso un robot? ¿Es tal vez un animal? ¿Es quizás un Meursault, protagonista de la novela El extranjero?

No. El robot tiene reglas, reglas instituidas por el humano y cuyo único fin es proteger a otros humanos. El animal tiene instinto. Si se comporta según unas reglas que no corresponden a las nuestras, esto solo puede deberse a su naturaleza, mas no al deseo en sí de hacer daño… hasta donde sabemos. ¿Y un hombre indiferente por excelencia como Meursault? Jamás. ¿Un hombre que no llora ni en el funeral de la mamá? De nuevo la ficción… No significa que no sufra.

¿Entonces qué nos diferencia de todo lo que no es humano?

¿Es acaso la risa… el llanto… la sensibilidad… la capacidad de maravillarnos por el entorno… el poder de creación que cada uno lleva dentro?

Grenouille jamás reía… y creo que tampoco lloraba. No obstante, tenía plena de su poder creador porque buscaba el grial de los perfumes, era sensible ante ellos… pero su objetivo no era desarrollarse como humano por medio de su creación. Todo lo contrario, su motivación era la búsqueda de la grandeza por sí misma. Ser grande, ser adorado, ser idolatrado… ¿ser amado?

Quizás, eso es lo que nos hace perder la humanidad. No solo es el deseo de obtener las cosas pasando por encima del que sea, sino que como consecuencia de todos nuestros actos aquella sensibilidad que nos caracteriza, se esfuma ante el dolor ajeno. La usamos para compadecernos de nosotros mismos… para crear una belleza suprema que no nos pertenece, para sentirnos mucho más que los demás, únicos dioses y dadores de vida, sin los cuales el universo no podría funcionar.

¿Habría cambiado el personaje si alguien le hubiese mostrado el mínimo de humanidad que nunca recibió ni aún en el vientre de su madre? Lo ignoro. ¿Cómo juzgarlo si es que no puede dar de lo que nunca recibió? ¿Cómo no repudiar sus actos infames?

Vamos de la ficción a la realidad. En tiempos de paz y de reconciliación, ¿seremos capaces de perdonar al individuo y repudiar sus acciones?

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El peor lugar para ser soltero

Yo pensaba que el lugar más triste para ser soltero era París… pero, al parecer, me equivoqué.

Yo pensaba que el lugar más triste para ser soltero era París… pero, al parecer, me equivoqué.

Se supone que Disney es el lugar más feliz sobre la Tierra y París la ciudad más romántica… Bueno, todo depende de los gustos… En mi caso, no puedo negar que la combinación que encontré en Disneyland París era sin duda un sueño. Eso sí, definitivamente es un sitio al que podría irme sola sin que nada me pusiera tan nostálgica como me hubiese puesto de haber visitado las siguientes tres ciudades sin pareja.

No me malinterpreten. No todo el mundo tiene que tener pareja ni todo el mundo tiene que estar soltero. Yo pienso que uno debe gozarse los caminos que eligió y los momentos que esté viviendo con las personas que le toque, sean amigos, familiares o desconocidos… o solo.

Pero, eso sí, trate, en lo posible, de nunca irse solo para las siguientes tres ciudades. No. No le va a pasar nada, no es por su seguridad. Evidentemente, cosas buenas y no tan buenas ocurren en todas partes, es solo que vale la pena visitar algunos sitios con ese alguien especial.

No siendo más, aquí va mi top tres de ciudades a las que es mejor irse en pareja:

3. Verona, Italia

Mala idea: Quedarse en un hostelito con balcones llenos de flores, caminar frente a la fuente y el coliseo, e irse a la casa de Julieta en Verona solo.

 

2. Brujas, Bélgica

Mala idea: Ir uno solo al lago del amor, pasear por la plaza solo… mejor dicho, ir solo a cualquier rincón de esta ciudad. Por favor, evítelo a toda costa. Además, tenga en cuenta que después de las seis de la tarde casi todo está cerrado, no importa si es verano… hay pocos bares abiertos y pocas cosas para hacer en la noche. De hecho, creo que nadie pudo ubicar mejor un beguinato😂😂😂.

«¿Beguinato? ¿Qué jeso?»

Como es natural en periodos de guerra, muchas mujeres enviudaban. Recordemos que, antiguamente, no era bien visto que una dama estuviese sola y su única opción era volverse monja. Pero algunas de ellas decidieron rebelarse contra el sistema, así que se agruparon y comenzaron a quedarse en ciertas casas (beguinatos) para hacer obras sociales y ayudar a la comunidad. Podían tener pareja o «amiguitos» por fuera, pero cuando daban las seis de la tarde, el beguinato se cerraba. Se consideran las primeras feministas, ya que rechazaron la tradición impuesta en esos tiempos.

1. Venecia, Italia

Bien sea que arme un combo de amigos y se suba a una góndola —que no se me hace nada barato, ya que cuesta alrededor de 80 euros el trayectico—, ir a Venecia solo no es un plan recomendable. Si le tocó, disfrute… Pero si aún está a tiempo, reserve la ciudad para ir con alguien especial, antes de tener que cantar mentalmente esta canción. Está advertido. Por cierto, no había visto a Julio Iglesias hablar en francés y la verdad es que no lo hace mal. Ojo a la letra en el pedazo en que canta en español.

 

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La plaza San Marcos: Sencillamente espectacular
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La torre del reloj… Cada hora los muñequitos de arriba (Moros) se mueven y tocan la campana.
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El campanile de San Marcos…
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Las famosas góndolas… hermosas.

 

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¿Y para cuándo el yate?

¿Qué hace uno cuando las cosas se mueven lentamente o parecen estar ancladas?

Dimmi quando tu verrai
dimmi quando… quando… quando…
“Quando Quando Quando” de Tony Renis

A veces tenemos la impresión de que las cosas se mueven lentamente o parecen estar ancladas. “¿Cuándo llegará ese aumento?” “¿Cuándo me mudaré a un mejor lugar?” “¿Cuándo llegará esa pareja?” “¿Cuándo mejorará mi salud?” “¿Cuándo llegará esa oportunidad?” “Y para cuándo el yate?” “¿Y para cuándo la mansión?” “¿Y para cuándo el Ferrari?” ¿Cuándo, cuándo, cuándo?

“Meh. Aquí no pasa nada, aquí nada se mueve”.

Salvo en turbulencias notorias o conocidas excepciones, eso es lo que uno piensa cuando está en un avión o cuando se monta en un crucero. Está siempre la ansiedad de llegar para ver al otro, para ultimar pendientes, para trabajar, para descansar, para “x” o “y”… Siempre queremos llegar y siempre con un objetivo.

Tantas veces me pasó —y no solo metafóricamente hablando— que anhelaba llegar a puerto para bajarme del barco y descubrir lo que allí me esperaba… y una vez descendía, me desilusionaba porque el paisaje alrededor no tenía novedad alguna. Y es que tanto es el afán de querer que sea mañana, que uno se olvida de disfrutar ese momento en el que el sol se oculta detrás de la montaña.

Entonces un día, uno se detiene a observar y, por un instante, encuentra plenitud. Luego, quizá, vuelva a la intranquilidad, al estrés, a la preocupación o a la ansiedad a la que está habituado; pero, mientras tanto, uno es feliz… todo parece estar en orden. Ahí está la paciencia: una lección que aún sigo integrando porque va y viene, va y viene. Una vez la tengo, se me escapa de las manos como la arena del mar.

¿Por qué nos urge tomar acción? ¿Por qué nos empeñamos en descifrar qué hay detrás de la montaña? ¿Por qué no es suficiente el horizonte? ¿Por qué queremos más y nos forzamos a creer que todo tiene que ser digno de ser ambicionado? ¿Por qué sentimos que si no es ahora, y bajo nuestras condiciones, eso que tanto anhelamos no se va a dar? ¿Por qué necesitamos la ilusión del control? ¿Por qué nos cuesta tanto dejar de mirar el timón con el afán de llegar a puerto y, en vez de eso, voltear hacia el horizonte para admirar el atardecer en el mar?

—Y entonces, ¿para cuándo el yate?
—¿Yate? Naj. Yo voy en un crucero.

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La plaza del elefante de cabeza

He tomado una decisión: Me voy a vivir a la plaza del elefante de cabeza.

—He tomado una decisión: Me voy a vivir a la plaza del elefante de cabeza.

—¿Y dónde queda eso?

—En cualquier sitio donde se pueda ser un pájaro rebelde.

 

Junio 23, 2017

«En aprender a pintar como los pintores del renacimiento tardé unos años;

pintar como los niños me llevó toda la vida».
Pablo Picasso

Escribo estas líneas en algún lugar de la Mancha… literalmente por la carretera que va de Madrid a Salamanca. Pienso, quizás como en algunas ocasiones previas ya lo he dicho, que hay algo que se rompe en la adultez y que parece que intentamos reparar toda la vida, algo que perseguimos tal vez inútilmente. Quienes lo alcanzan logran, casi siempre, la inmortalidad. Gaudí con sus «heladitos» en el techo del Palau Güell, Picasso y Kandininsky con su estilo infantil, y Gabo con la capacidad de inventar mariposas amarillas en donde otros hubiesen descrito paisajes grises.

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Techo del palau Güell, Gaudí, 1888 – Fotografía propia

El arte nos acerca a la niñez. Nos devuelve un poquito de eso que se perdió. Nos ayuda a recordar un poco el mundo de las ideas y a perfilar una adultez feliz o, al menos, menos aburrida. Casi todos los grandes genios de la historia han sido niños en cuerpos adultos. Los visionarios nos han invitado a disfrutar de toda la belleza del mundo a través de los ojos de la inocencia: a ver un elefante de cabeza que se sostiene tan solo de su trompa.

Y entonces uno se pregunta inevitablemente: ¿Quién habrá sido más genio? ¿Cada uno de ellos o quien fue capaz de ver más allá y apoyar sus ideas del club de los incomprendidos? ¿Es el mecenas más genio que el mismo genio? ¿Es el mecenas un adulto que sigue el juego de un niño o es otro niño que se ha dejado contagiar por la genialidad de otro adulto? ¿Se trata solo de una excusa de dos adultos para jugar de nuevo y repensar lo maravilloso que alguna vez les fue arrebatado?

¿En qué momento crecer nos quitó la posibilidad de creer en lo maravilloso, en lo extraordinario? ¿Para qué lo común si podemos tener lo mágico, lo único, lo fantástico?

¿Para qué vivir en una selva —pensó el elefante— si aún puedo pararme de cabeza en la plaza mayor de Salamanca?

Imagen tomada de: https://www.google.com.co/search?q=sombrero+principito&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwi-4P-Q3LvVAhXEKyYKHZQzCb8Q_AUICigB&biw=1094&bih=510#imgrc=tiDhGw-hQcgYUM:
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¿De qué murió Gaudí? – Lo que un muerto me dijo sobre la convicción

Lecciones de un genio para la posteridad.

“En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
quiero tener buena vista.
mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.
Cerca del mar… porque yo
nací en el mediterráneo”.

Joan Manuel Serrat – Mediterráneo

Gaudí era un tipo que murió en su ley. La parca lo estaba esperando sonriente al otro lado del tranvía. Así que se murió de amor. Se murió, digo yo, porque fue como si la muerte le hubiese dado a escoger y él hubiese optado por una despedida fugaz y anarquista. Nada que fuera olvidado, nada por lo que no valiera la pena luchar. Morir de amor, como los grandes: atropellado sí, pero con la firme convicción de andar siempre en medio de la calle, como en dos ocasiones anteriores, y negarse a hacerse a un lado porque “La calle es para las personas”.

De algún modo, Gaudí era un pájaro rebelde. Se saltó toda norma, se brincó toda tapia y se dio el lujo de poner color y forma donde otros solo hubiesen puesto tradición. Aceptó una basílica sencilla que alguien ya había empezado… y la volvió imponente; al punto de que su construcción ha durado más de ciento treinta años… y aún no acaba.

“No le es posible a una sola generación de alcanzar todo el Templo, dejemos, pues, una tan vigorosa muestra de nuestro paso de modo que las generaciones que vengan sientan el estímulo de hacer otro tanto; y por otro lado no los atemos para el resto de la obra (…). Hemos hecho una fachada completa del Templo para que su importancia haga imposible dejar de continuar la obra”.

Antoni Gaudí

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La Sagrada Familia – 2017 – Foto propia

No la dejó inconclusa por falta de motivación o excusa de recursos, sino para acercarse a lo perfecto de lo que él podía dar.  Entonces no se trata de hacerlo todo uno sino de hacer la parte que le corresponda, que esta sea memorable, y luego dejar que los demás hagan la suya. El genio no trabaja solo. Y quizá Gaudí lo sabía. Así que sacó los moldes de las estatuas basándose en la gente del pueblo, pero no fue sino hasta 1985 que Etsuro Sotoo puso el primero de los quince ángeles de la Fachada de la Natividad. Muy al estilo de Gaudí, el escultor japonés también puso su sello: los ángeles tienen rasgos asiáticos porque, después de todo, ¿quién dijo que los ángeles no pueden ser orientales?

Entonces fracaso no es no terminar, es no haber empezado. De alguna manera, fracaso puede llegar a ser el hacer las cosas demasiado bien y seguir las reglas al pie de la letra sin dejar un lugar para el azar, la creatividad o el caos. Fracaso podría ser para el mecenas, que su dinero no retornase; como en el caso del Parc Güell, un terreno pensado inicialmente para hacer un condominio de casas, situado en la ladera de un monte, casi como si Serrat se hubiese referido a este punto, y en el que Gaudí mismo diseñaría las áreas comunes como fuentes y entradas. Se vendió solo una. ¿Fracaso?

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Parc Güell Barcelona – 2017 – Foto propia

Bueno, las casas no se vendieron porque el conde Güell le puso muchas condiciones a los compradores, pero la única que se construyó, aparte de la casa modelo, hoy es una residencia privada que yo supongo, ahora, costará miles de euros, y ni hablar del dinero que recogerá el ayuntamiento o los negocios producto de la visita a la ciudad. Entonces la riqueza se hubiera multiplicado si se hubiera pensado menos en el beneficio para la burguesía. Fracaso es no poder pensar más allá. Fracaso no es no poder recoger los frutos o no vivir para contarla. Fracaso entonces es no vivir y, en consecuencia, no poder contarla. Fracaso es no apreciar el arte de lo inconcluso.

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¿¿¿Dónde están mis 64 millones???😹

He empezado a pensar que mi mamá me ha estado mintiendo todo este tiempo…

Yo he empezado a pensar que mi mamá me ha estado mintiendo todo este tiempo. Tal vez estaba esperando a mi próximo cumpleaños para decirme:
—¡Todo es mentira, Clara! ¡Era una prueba y la pasaste! En realidad somos ricos, así que toma las llaves del Mercedes y ve a dar una vuelta. Te lo mereces por habernos creído durante treinta años.
Y es que si mi mamá, que fue docente toda la vida, y que ahora es pensionada —Sí, con una sola pensión, no como con tres como la gente cree—… Si mi mamá se gana 64 millones al año, significa que cada mes se gana más del millón doscientos que le llega. Ah, sí. El cual no ve completo porque tiene préstamos y gastos fijos. Supongamos que el sueldo de un profe sea un poquiiito más, porque una pensión no es el 100 %, salvo que sea por invalidez o casos excepcionales… Pero nunca serán cuatro millones y pico… Y eso da pena ofrecérselo a una persona con doctorado. Pero bueno, mi mamá fue normalista, ha estudiado como en tres universidades, ha hecho cursos de profesionalización, una especialización y tiene como mil años de experiencia… eso debe contar. “Seguro sí se gana toda esa plata”.
¿Entonces he vivido una mentira toda mi vida? ¿Mi mamá lo que es es una embaucadora? ¿Es una actriz y yo no lo sabía? Ah, ¡esto es un reality! ¿Es mitómana? ¿Se alió con mi papá para hacerme una broma?
¿¿¿Dónde están mis 64 millones??? Por derecho siempre me correspondió —mejor dicho, me tomé— la mitad más uno de todos y cada uno de los caramelos y las chocolatinas que los niños le regalaban el día del maestro. Qué pena, pero voy a contratar un abogado 😹 No más impunidad. Exijo mi Mercedes. Chocolatinas sí, pero no así.😹😹😹
Sépanlo, queridos padres de familia: los peluches y los Giordano que cada mayo les compran a los profesores terminan en las manitas creativas de niñas como yo, hijas de docentes… Ahí, justo ahí, al lado de la porcelana hecha en China que ustedes compraron el año pasado bien sea porque genuinamente querían tener un detalle con la profe o para quedar bien. Cada cartica, cada papelito arrugado… todo lo guardamos las profesoras.
Ser hijo de profesor en Colombia significa disfrazarse casi todos los años de campesino o indio con costal que pica (y a ustedes les fue bien, a mí que me tocó de búho… ¡DE BÚHO con una caja de cartón en la cabeza! Apenas para que me olvidara de la poca vida social que ya tenía), saber quién es Tarsicio, oír cada domingo y con repetición Radio revista proyección y ¡Ay de que se la cambien a la mamá de uno! Ser hijo de maestro es saber qué es Fecode, Canapro, la ADE y “Presente, presente, presente”, y “Cuidadito me pierde una materia, porque lo pongo a hacer curso los sábados en Codema”.
Debo reconocer que siempre tuve ciertos privilegios. Uno, por ser hija única, y dos, porque mi mamá casi siempre tuvo dos trabajos. Nunca he pasado hambre, tuve acceso a educación privada y pública, estudié mi pregrado en una universidad pública, estudié en el exterior, hice un posgrado en una universidad privada y soy lo que para unos puede resultar una “gomelita pretensiosa”. Nunca viví en arriendo, nunca me han hospitalizado, nunca vi a mis papás hablarse mal y nunca, pero nunca, la he visto pedirle plata a mi papá “para la leche de la china”. Pero, ¿de ahí a que mi mamá ganara 64 millones al año?
Los seis meses en Canadá hubiesen sido carrera y posgrado, la casa propia estrato tres hubiese sido al menos estrato cinco o al menos ella no se hubiera demorado quince años en pagarla. ¿Y los dos trabajos? Nooo… Ni de fundas los hubiera tenido.
No me malinterpreten. No estoy siendo desagradecida. Toooodo lo contrario: solo digo que la gente a la que le da la impresión de que los profesores son un montón de vagos codiciosos por pedir un poquito más es la misma gente que no ve el segundo trabajo, el catálogo de Yanbal y Ésika en sala de profesores que se respete o la lista de los fiados en las cafeterías de los colegios…
Un maestro no vive, sobrevive. Y así muchos lo hacemos en Colombia. Ya sé que esto suena a queja, pero es que no solo les pasa a los docentes. ¿Qué me dicen de los independientes? ¿Qué me dicen del sector salud y el sector transporte? ¿Qué me dicen de los desempleados?
“Ah, sí… Pero es que el desempleo baja”. Vaya mire las cifras del subempleo y hablamos. Nos acostumbramos a la cultura del “Pues, ahí vamos”, del “Aquí luchándola”, del “Bien será, para no preocuparlo”… Y todos “chupe” porque “el otro tiene y yo, que no tengo nada, no me quejo”.
No, señores. Los profes no están haciendo nada diferente a poner sanos límites. Sí, han protestado, pero de manera pacífica. Y no, no han dejado de enseñar al salir de las aulas. Nos están enseñando con su ejemplo a poner sanos límites cuando nos explotan, a hablar cuando usted está en una relación que no le da lo que usted espera, a decirle que no a su jefe cuando le dice que se conforme y que “Aaantes agradezca”.
Aprendamos lo mejor de esta situación tan jarta: esta es una oportunidad para sentar un precedente.
Le dije hace unos días:
—Mamá, yo no había visto jamás un paro tan largo.
—Nuuu, si el del 70 fue de tres meses.
—¿Y sí sirvió para algo?
—Pues por eso es que tenemos lo que tenemos. En ese entonces yo trabajaba en una vereda y salía a recoger lo que los campesinos me dieran: arvejas, zanahorias, lo que hubiera… para llevarles a esas pobre maestras con hijos, con marido… y sin sueldo por tres meses… Pero si no hubiera sido así…
¿¿¿Si no hubiera sido así??? O sea, calculen que si los maestros están mal hoy, ¿cómo hubiera sido si no hubieran hecho paro en los 70?
Y sé que no es por avaricia. Si así fuera, nunca se les habría ocurrido meterse de docentes sino serían traquetos, narcotraficantes ¡o peor! ¡Hasta habrían estudiado para políticos! (El que lo entendió, lo entendió, y si no que lo lea en voz alta). Tengo certeza de que no es por avaricia y aquí está la prueba: Hace poco, un estudiante la buscó en el Facebook. Le dijo que se había graduado y que ahora era un trompetista de la filarmónica o la sinfónica o algo por el estilo.
¿Usted cree que eso se logra buscando solo la felicidad material? Eso requiere convicción y tratar a los cuarenta niños con respeto y amor… Ese mismo amor que quién sabe si les darán en sus casas. ¿Usted cree que están peleando por joderle la vida a los demás y crearle problemas al padre de familia que no sabe con quién dejar a su angelito? ¿Y por qué no pelea cuando los honorables parlamentarios no van a las plenarias? Ahí sí no tiene tiempo. Pero para atacar por redes sociales ahí el colombiano tiene todo el tiempo del mundo… Para hacerle una carta a su hijo diciéndole lo mucho que lo quiere no hay tiempo, pero para escribir comentarios quejándose de quienes le enseñaron a escribir sí. ¡Oh, la ironía!
Todo esto para que aprendamos, seamos o no docentes: darse valor no es negativo, saber cuánto valemos es necesario, pedir —que es diferente a exigir— es parte de la vida. Sentar precedentes sin violencia, con creatividad, con humor… eso es lo que se requiere. Cada uno desde su oficio, cada uno desde su labor diaria… Ese es el verdadero ejemplo para las futuras generaciones.
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La mejor lección que he recibido de mis estudiantes

“Dicen que Dios inventó el tiempo y los humanos la prisa”.

“Dicen que Dios inventó el tiempo y los humanos la prisa”

Anónimo

Uno de mis estudiantes se presentó hoy ante otros padres de familia, su directora de grupo y otros compañeritos. Tenía que presentar un diálogo en inglés que le había ayudado a repasar durante el último mes y, para ser sincera, por un segundo pensé que se le iba a olvidar. Con los niños nunca se sabe, pero ellos la tienen más clara que uno.

Ayer, por ejemplo, él sabía para dónde iba:

—Y quiero que vayas, Clarita.

—¿Y a qué horas es?

—Es a las 7:30 de la mañana en el colegio.

Después de respirar profundamente y de que, en nanosegundos, las palabras “madrugada”, “trancones” y “pinta” pasaran por mi mente, solo atiné a decirle, en tono de broma:

—Tú sabes que esto es puro amor, cierto? En otras palabras, más te vale que te salga perfecto porque voy a tener que levantarme a las cinco de la mañana para poder llegar a tu colegio, ¿no?

Él estaba seguro de que se iba a sacar la mejor nota. Yo no tanto. No me tomen a mal, confío en mis estudiantes y no dudo de sus capacidades… pero los nervios y la memoria a veces nos traicionan. Cuando se está frente a muchas personas todo puede pasar. Les ha ocurrido en los mejores escenarios y a los mejores actores.

Y sin embargo, el día no pudo ser peor. El disfraz que había escogido inicialmente no le gustó… Y, como consecuencia, se tuvo que cambiar varias veces, salió tarde de la casa, casi se enoja con la mamá… hasta que el reloj marcó las 7:05 y logró entrar a clase a las carreras.

A las 7:30, la puerta del salón se abrió y todos los padres de familia sacaron sus celulares para la respectiva foto de los niños. A las 7:50, me volvió el alma al cuerpo. No se equivocó en nada y le salió muy bien. No permitió que los momentos previos negativos opacaran aquello que ya había cultivado para ofrecer.

Minutos después, en el parqueadero del colegio, me preguntaba: “¿Cuántas veces no me ha pasado en mi vida de adulta que dejo que unos pocos segundos arruinen cosas por las que me he esforzado? ¿Cuántas veces he permitido que un enojo, una conversación, una foto en Facebook me fastidie el día o dañe los resultados de algo que venía preparando con mayor anticipación?”

Parece que soy una adulta a la que, de vez en cuando, se le olvida que ser niño es tenerla clara. ¡Peor! Soy una Clara a la que se le olvida a veces cómo tenerla clara.

Así que cuando la mamá me preguntó que qué iba a hacer, laboralmente, en el siguiente semestre, se me nubló la mente y no supe cómo responder. Aún no tengo nombre para la profesión que escogí. Quiero vivir de la escritura, y aunque lo que hago se parece bastante a la labor de un coach, un profesor o un escritor, aún no he podido encontrar una expresión que recoja las tres o cuyo significado dimensione todo lo que quiero hacer. Quiero ser el progreso que deseo ver en el exterior. Quiero poder ver el mundo con los ojos inocentes de un niño que cree que va a lograrlo, y lo logra. Eso sí, lo logra, pero no a punta de milagros, sino de acciones. Él no se limitó a decir que le iba a ir bien, sino que 1) estudió, 2) repasó y 3) confió en sí mismo.

No le fue bien como resultado de una fe ciega, sino de la constancia. Muchas veces, nosotros los adultos seguimos los dos primeros pasos y al tercero decimos que no vale la pena. Otros, del otro extremo, pecamos por exceso de confianza y empezamos en el paso tres esperando bajar de peso sin hacer ejercicio ni comer sanamente o aprender un idioma por iluminación del Espíritu Santo. “Claro, esas cosas pueden pasar”. No conozco a una sola persona que le haya ocurrido pero, “Quién quita, yo voy a ser la excepción”.

Y es que yo misma también me siento un poco como la excepción… en parte porque espero que mi trabajo sea reconocido al día siguiente de haberlo hecho (todo gracias a mis estándares mentales dignos de Hollywood), y en parte porque aunque sé que el gato va a caer de pie, me preocupo. Así que después de no poder(me) dar una respuesta clara sobre lo que voy a hacer en mi futuro, se me ocurrió que tal vez estoy en esa etapa en la que aún no veo los frutos.

“Maldita sea. Quiero levantarme un día y sentir que algo de lo que he hecho ha valido la pena”, pensé.

Pero al mirar las fotos algo me hizo cambiar de opinión: Tal vez ese día haya sido hoy… tal vez hoy sea el comienzo de uno de esos días en los que se recoge la cosecha.

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Mis aplicaciones y páginas web preferidas al viajar

Una recopilación propia… Y tú, ¿cuáles conoces? ¡Comparte!

Empiezo con un repasito a las de siempre, por si no las conocías:

Skyscanner y Hopper: Revisa los precios de todas las aerolíneas al tiempo.

Atrápalo: Si debes pagar con botón PSE y ya has identificado qué vuelo quieres en Skyscanner, búscalo de nuevo en Atrápalo y fin del problema.

Trivago: Revisa los precios de casi todos los hoteles al tiempo.

Tripadvisor: Lee las sugerencias de otros viajeros.

Blablacar (En Europa más que todo): Comparte un vehículo con otros y ahorra costos (carpooling).

Voyconcupo.com (antes Tripda): Lo mismo que blablacar, pero en Colombia.

Couchsurfing: Gente que te deja quedarte en su sofá gratis.

Google calendar: Agrega los eventos, vuelos y hoteles para tener un itinerario más organizado.

Nota: Me costó mucho aprender a imprimirlo sin que se cortaran las palabras (como viene por defecto). Si te ocurre eso, descarga en tu computador la extensión Stylish para Chrome y aplica el estilo llamado Wrappy.

Si quieres ponerle muñequitos o iconos a tu Google Calendar, puedes usar el gadget llamado Event Flairs.

Mis infaltables a la hora de viajar (para celulares, aunque algunas funcionan desde el computador también):

  • Jet lag rooster: la descargas unos días antes para acostumbrar tu cuerpo a los nuevos horarios y evitar el jetlag.
  • Google Trip: No solo te permite descargar los mapas para usarlos cuando no tengas internet, sino que te ayuda a armar los recorridos. Es como una secreetaria virtual que te sugiere qué visitar, dónde comer y cómo llegar a cualquier sitio.
  • Ship mate (si vas a un crucero): te ayuda a organizar las actividades en el crucero.
  • Reloj mundial: Puedes ver la hora de tu país y la del sitio en donde estás al tiempo.
  • Wattpad: Si no tienes nada qué leer, ahí de seguro encontrarás algo. Se requiere internet.
  • Google maps (bajar los mapas offline) o Waze: para orientarse en la ciudad.
  • Google fotos: Crea álbumes y videos con mucha facilidad. Además,  puedes hacer una copia de seguridad de tus fotos para que no se te llene el celular tan rápido y puedas compartir los álbumes con otros. Si lo deseas, quienes viajen contigo pueden agregar sus fotos a tu álbum compartido.

Y ahora sí, el bonus para el computador:

  • Inspirock: para organizar el itinerario del viaje. Es maravillosa. Prácticamente te dice qué hacer. No diré más para no arruinarte la sorpresa.

Si quieres una lista de cosas para empacar, también existen aplicaciones que lo hacen por ti. Sin embargo, aquí abajito te dejo la lista de empaque que yo uso (la tengo en mis notas de Google Keep también) para que la descargues y personalices. 👇

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¡Aquí está la sorpresa! Cómo empacar como un profesional

He aquí algunos consejos que he aprendido a punta de empacar una y otra vez…

Cuando comencé este blog, me sugirieron que escribiera sobre el amor. Al principio supuse que el tema se acabaría pronto porque, al fin y al cabo,  ¿qué podría decir del amor que no hubiese sido ya dicho?

Y, a medida que fue pasando el tiempo, me percaté de que el amor no solo toma muchos rostros, sino que implica muchas actividades. Gracias a esto, he podido entender que el amor no solo es el momento romántico, sino que existe también el amor por el arte, el amor por la enseñanza, el amor por la naturaleza. Es por eso que comparto hoy otro de mis grandes amores: el recorrer el mundo y, si esto es de utilidad para alguien, de paso, mejor.

He aquí algunos consejos que he aprendido a punta de empacar una y otra vez, cuando la vida me ha llevado de aquí para allá.

El video parece largo, pues está hecho para que los viajeros empaquen casi al tiempo conmigo, pero no te asustes solo dura media hora y ¡queda lista la maleta! Y, si aún no viajas, igual te recomiendo que lo veas para la próxima ocasión…

¡Disfruta y comparte!

Si te perdiste mi entrada anterior sobre cómo evitar “chascos” o malas experiencias en los viajes, aquí te la dejo.

PD: ¿Qué otros trucos te han funcionado para viajar mejor?

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Viajes salados: Que no le pase a usted

Un par de historias que me ocurrieron… y una que otra desgracia

Un par de historias que ya me pasaron… para que no le ocurran…

Y si le gusta viajar, le va a encantar una sorpresa que tengo por ahí…

Aquí van las historias:
1. Cuando se me olvidó que no era papá Noel

Las vitrinas estaban repletas de camisetas alusivas a las islas. Por
un instante, casi cedo a la tentación de comprar una prenda para recordar aquel viaje a Bahamas… excepto porque ya casi era hora de regresar al crucero y el calor intenso estaba haciendo de las suyas, así como mi tacaña interna que, sin sospecharlo, me salvaría.

Jamás se me cruzó por la mente que, al poco tiempo de volver a Colombia, la vida me recordaría que, si puedo aplazar una compra o si no es de vida o muerte durante las siguientes 24 horas, es probable que tampoco lo sea después.

Pasadas unas semanas, estaba parada esperando el bus para volver a mi casa. De repente, volteé y ahí estaba, en pleno corazón de Suba Rincón, un barrio popular de Bogotá: la misma camiseta con la bandera de Bahamas…

Parece que, aunque nos neguemos a creerlo, casi todo ahora es hecho en China. Uno se pone a traerle regalos a la gente, y los consigue aquí en San Andresito… y a la mitad de precio. Meh.

De un tiempo para acá, opté por limitar el número de presentes a mis amigos y familia más cercana, y ojalá siempre sea algo de comer típico de la región a la que voy. Nada de artesanías que se rompan y definitivamente adiós a las pendejaditas que terminan arrumadas en cualquier cajón… Y si otro es el que viaja, me ahorro la frase fastidiosa de “Pero me trae algo”, y le pido que se tome una foto en un lugar genial y me la mande. Muy bueno si se acuerdan de uno, pero mejor que no sea porque toque o para quedar bien…

Moraleja: Ni soy Papá Noél, ni horneo galletitas.

2. La vez que por ahorrarme un peso, gaste tres

No siempre la tacaña interna tiene la razón. Una vez decidí tomar el metro de Toronto porque costaba dos dólares y no un taxi de 60 al aeropuerto. Me levanté a las 5 y el vuelo era a las 9. Pensé que tenía suficiente tiempo, pero no se me ocurrió que podría confundirme en un par de estaciones…

Todo bajo control, hasta que perdí el vuelo que me llevaría a la ciudad (léase pueblito canadiense en medio de la nada en el que cierran todo a las 8 de la noche) en donde estudiaría por unos meses. ¿Conclusión? Tuve que pagar 100 dólares y esperarme más de cinco horas para llegar a congelarme el sieso a las 11 de la noche sin tener a dónde llegar ni conocer a nadie. Aplausos.

Moraleja: Como dice mi papá: “Hay ahorros que no son ahorros”.

Y de ñapa: Top 10 de desgracias ajenas y propias

10. Dejar el saco dizque porque uno va a tierra caliente y morirse de frío en el avión.
9. Andar con saco grueso en tierra caliente o con la chancla melgareña y medias.
8. Llevar encargos y terminar emproblemado (desde porcelanas rotas hasta problemas de aduana).
7. Empacar lo que no se debe en el equipaje de mano (botellas grandes de líquidos y geles).
6. Creer que el chikunguña ya no da y llevar a pasear el repelente.
5. Llevar toallas, secadores y “tarrados” de champú a hoteles donde hay.
4. Decir “Yo no me quemo” y terminar con bronceado sabanero y cachetico rojo.
3. Comer de más en los “todo incluido” y terminar con un dolor de panza “cinco estrellas”.
2. Botar las llaves del hotel y tener que pagar una multa innecesaria.
1. Dejar el check-in para lo último y al final darse cuenta de que no hay tinta o Internet.

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Exceso de futuro

El cuadro era más pequeño de lo que imaginé. En realidad nunca me había preguntado por su tamaño hasta ese día, cuando por fin me di cuenta de que no llegaba a los treinta centímetros de alto.

Lo miré durante un rato y la emoción duró hasta el instante en que me tomé la foto. A menudo, utilizo esa imagen en mis clases para que los estudiantes describan lo que ven, ya que la ausencia de personajes y la complejidad de las palabras que se necesitan para hablar de él hacen que la tarea no sea tan sencilla como lo sería quizás si usara un cuadro con arte figurativo… Ahora no podía creer que había viajado más de cuatro mil kilómetros para verlo y sentir esa emoción por tan poco tiempo.

Con frecuencia, las ansias de entender o disfrutar las situaciones nos hacen adelantarnos en el camino para tener la sensación de que ya estamos allá. Tenemos mil conversaciones con otros en la mente, discutimos con el otro mientras fingimos que oímos aquello que nos dice, vivimos muy pendientes de la crítica o del elogio que nos va a hacer el otro cuando acabemos esto que aún seguimos trabajando.

Ese pequeño instante fue mi llamado a tierra. Me hizo pensar que lo peor de montarse en ese tren mental es que cuando las cosas no ocurren como antes imaginamos, lejos de sorprendernos, algunos de nosotros nos decepcionamos. A veces quisiera que mi mundo ocurriera como pasa en mi mente, porque es menos costoso y muuuuucho  más divertido; por eso valoro tanto los instantes en que la realidad supera la ficción, porque me hacen pensar que aún la vida puede superarme la mente.

Si vivir aferrado a un pasado que no puede cambiarse es desastroso, una dosis extrema de futuro es letal. La ansiedad por cambiar lo que somos ahora parece la constante de nuestro tiempo. Parece que vivimos en aquel cuadro de Dalí en el que los relojes se derriten y lo único que queda es un paisaje silencioso de arena y polvo. La pintura parece referirse al pasado, pero en la realidad podría hablarnos de lo que puede sucederle a nuestra mente cuando se acostumbra a adelantar las agujas del reloj antes de tiempo: se desgastan, se agotan y terminan en un lugar seco en donde toda esperanza de volver ha muerto… una memoria que persiste e insiste inútilmente en crear futuros que no existen.

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La persistència de la memòria – Salvador Dalí – Museo de Arte Moderno de Nueva York
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Belleza y nostalgia

¿Qué determina la belleza? ¿Qué nos acerca a lo sublime? ¿Es acaso lo que otros dicen de una obra, una pieza cinematográfica, un libro o un poema?

Yo creo que para saber que algo es bello, más que observarlo, hay que recordarlo. Pienso que la belleza requiere remembranza y, en ocasiones, un poco de nostalgia. En la mente, el rostro del amado se mejora con el tiempo, los libros se reescriben, las notas musicales se repiten… El humano tiene el poder de recrear la belleza y magnificarla. Incluso, toma la creación ajena y la modifica para obtener placer. La distorsión de los recuerdos puede llegar a ser incluso más rica que el recuerdo mismo. El momento más sublime a veces no es el ocurrido sino el contado; no es lo que sucedió, sino cómo se cuenta; no es la vida, sino cómo se retratan ciertos instantes para hacer que perduren.

Hoy, por alguna razón, percibo la belleza de este poema de Rubén Darío mucho más grande de lo que en realidad es. Por algún sentimiento que aún ignoro, rememoro la voz de mi mamá diciendo de memoria cada línea e imagino a mi abuela narrándole a su vez aquella historia. El recuerdo que crece, casi siempre supera lo real.

A Margarita Debayle
(Rubén Darío)
Margarita, está linda la mar
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:
Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso, una perla,
una pluma, y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros, son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».
La princesa no mentía,
Y así, dijo la verdad:
—«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: —«¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?.
¡Qué locura! ¡Qué capricho!…
El Señor se va a enojar».
Y ella dice: —«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
—«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: —«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
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La paradoja del buen consejero:

Tres consejos para no aconsejar ni dar consejos

Dejar que el otro cumpla sus sueños es difícil. Siempre queremos estar opinando, incluso cuando callamos y guardamos nuestros pensamientos. Una parte de nosotros se siente cómoda pensando que los demás son un montón de ilusos y que nosotros debemos protegerlos del peor error de sus vidas.

—¿Usted? ¿Va a escribir? ¿En serio? ¿Y de qué va a comer?

—…

—¿Quiere montar empresa? ¿Y está seguro de que no se quiebra? Cuidado se endeuda, porque yo conocí a un tipo que…

—…

—¿Y vas a estudiar música? ¿Y cuánto llevas en eso? Acuérdate de que Mozart empezó a los tres.

—…

Es como si, de entrada, todos hubiéramos nacido viejos y pobres; cuando, en realidad, el mayor activo que cada uno tiene es su talento… porque, que yo sepa, ustedes y yo vinimos a este mundo sin ropa y sin saber leer, así que cualquier cosa que vayamos agregando a esta experiencia ya es ganancia.

Pero a todos se nos arrebata el consejero que llevamos dentro, especialmente a mí con este blog. Muchas veces se siente uno en la «obligación moral» de decir lo que piensa, y se le olvida que también existió alguien que le dijo a uno que algo no se podía o que era muy difícil… o que prácticamente se trataba de una misión suicida.

¿Cuántas veces no escogemos dar el consejo en vez de pedirlo? Y es que es obvio: siempre será más fácil decirle al otro lo que tiene que hacer que invertir ese mismo tiempo en buscar soluciones para nuestros propios problemas.

Aquí es donde cito al gran filósofo Armando Christian, más conocido en el bajo mundo como Pitbull:

“Ask for money And get advice. Ask for advice, get money twice.”

«Pide dinero y obtendrás consejos. Pide consejos y obtendrás el doble de dinero».

¡Ya tú sabe!… ¡Dale!

Pero, ya, en serio.

Dicen que «El hombre inteligente aprende de sus propios errores, mientras que el sabio aprende de los errores de los demás». Yo digo que dejemos de aprender de los errores. Es hora de aprender de los aciertos. Si alguien lo hizo bien, vale la pena que nos cuente cómo. Y si alguien quiere intentarlo, ¿para qué persuadirlo de que no puede?

¿De dónde somos tan expertos ahora en hacer tantas cosas?

—¿Vas a sacar tu disco? De seguro no querrás invertir tu dinero y tu tiempo en un asunto tan complicado.
—¿Y es que tú eres el experto en sacar discos? ¡Es más! ¿Eres experto en fallar al vender discos? ¡No! Ni siquiera eres alguien con mínima autoridad para opinar. Critícame en un área en la que seas experto… o en algo que tú hayas al menos intentado, así ya hayas fallado… Quizás ahí pueda aprender de tus errores…

Creo que nadie lo ha expresado tan bien como Sábato en El Túnel:

«Los críticos. Es una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría?»

Todos queremos una vida digna de contar, pero no hay grandes libros en los que las historias de éxito no tengan al menos un ligero tropiezo… y uno que otro criticón. Para vivir hay que arriesgarse un poco… y aprender a dejar vivir. Y eso a veces lo ignoran incluso las personas que deberían apoyarnos o amarnos más.

Es que meter las narices donde no nos importa parece, en vez del fútbol, el deporte favorito de este país. Que si el banco tal hace una campaña sobre los gays, que si el futbolista tal se quedó en la banca, que lo que tuiteó tal o cual famoso… Siempre es más fácil hablar de la vida de los demás y prender el opinómetro que vivir nuestra propia vida y tratar de resolver nuestros propios asuntos. Somos felices porque eso nos vuelve dioses momentáneos, cuando en realidad nuestra opinión a pocos importa… porque nos enseñaron que Dios era un señor de barba blanca que amaba a la gente blanca y tenía un dedito índice listo para apuntarnos cuando hiciéramos las cosas mal… cuando es exactamente todo lo contrario, creo yo.

Es como si nos hubiera dicho «Ámense unos a los otros» y todos los demás hubieran entendido «Júzguense unos a los otros como yo los he juzgado».

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Aquí me copio les dejo una caricatura de cinismoilustrado.com que lo resume todo

Y no es culpa de nadie. Simplemente nos criaron así. Ahora a ver cómo recojemos los pedazos rotos y nos inventamos una sociedad más incluyente y que juzgue menos. Por lo pronto, tres consejos que nadie me pidió… solo para ser consecuente:

1. Cierre el pico y deje de contarle sus sueños a la gente. De todas formas, nadie cree que pueda cumplirlos.

2. Cierre el pico y deje de criticar en voz alta los sueños de la gente. Si no puede creer que su amigo se va a hacer millonario vendiendo Avon o Herbalife, igual déjelo. ¿A usted en qué le afecta? Hay gente que lo ha logrado (obvio, solo los dueños de Herbalife y Avon… Mentiras, soy una caspa)… Escuche, sonría y cambie de tema.

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Imagen tomada de: Mejoresportadas.com

3. Cierre el pico y deje de criticar en silencio los sueños de la gente. Yo sé. Yo tampoco puedo dejar de hacerlo… pero creo que una forma de intentarlo es repetir dos mantras de la sabiduría popular:

a) «Yo tengo mis propios sueños, mejor me enfoco en el siguiente paso para cumplirlos».

b) «No es mi circo, no son mis payasos».

Demasiados consejos por hoy.

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Quince preguntas a Jesús… o tal vez más.

Un texto que puede rayar en la blasfemia… ¿o no?

Si lo tuviera en frente, quizás me sentaría con un par de vasos de agua —que a las dos de la mañana se convertirían en vino— y sí que probaría su infinita paciencia:

¿Tú decidiste tu destino? ¿La regla aplica para todos? ¿Tú sabías de antemano lo que te iba a pasar? ¿Habías estado aquí en la Tierra antes? ¿Sabías que, después de todo, ibas a resucitar? ¿Crees que la vida es como una cena en la que el picante también es necesario?

¿Por qué crees que los humanos siguen peleando unos con otros? ¿Crees que sus egos quieren darle una lección a los demás? ¿Crees que se trate de superioridad, de poder, de falta de amor propio?

¿Alguna vez te dio curiosidad el sexo? ¿Será que nos mintieron sobre tu castidad? ¿Habrás tenido hijos? ¿Habrá sido verdad todo lo que se cuenta sobre ti? ¿Te habrás enamorado? ¿Habrías discriminado a alguna persona que no tuviera tu condición sexual?

¿Qué opinas de las EPS y el servicio médico? ¿Crees que hay una forma mejor de sanar? ¿Por qué nadie aprendió el truco de revivir los muertos? ¿Será que lo enseñaste y lo olvidamos?

¿Crees que si vivieras físicamente en este siglo, tendrías tu propio canal de Youtube? ¿Crees que la gente se insultaría en los comentarios de abajo? ¿Cómo sería tu perfil de Facebook? ¿Tendrías una foto con Malala? ¿Harías una transmisión por Facebook Live en donde nos explicarías para qué sirve la mirra? ¿Serías tan cool como yo creo que eres realmente?

¿Nos enseñarías a ser tolerantes con gente que no opina o es como nosotros (en mi caso Trump y la Tigresa del Oriente)? ¿Me dirías cómo ser más paciente con los niños hiperactivos?

¿Les dirías a las mujeres que vuelven con sus maltratadores que te entendieron mal eso de “poner la otra mejilla”, y que más bien tú querías que el que estuviera libre de pecado lanzara la primera piedra?

¿Tomarías conmigo juguito de Cosechas o me acompañarías en la cocina en algún intento fallido de hacer el almuerzo? ¿Por qué no hiciste a los pollitos de cuatro patas? (Sé que suena cruel, pero son ricos) ¿Todo el mundo tiene que ser vegetariano? ¿Me querrías más si lo fuera? ¿Qué comías en tus tiempos? ¿Es cierto que la razón por la que volverás es para probar las empanadas? (Ay, no me juzguen, yo lo haría).

¿Me corregirías la puntuación y me sugerirías mejores palabras? ¿Me mostrarías lo que sí escribiste o aún no hemos tenido acceso a ese conocimiento porque “suficiente con las peleas con la Biblia”? (Porque nadie sabe a ciencia cierta qué tan veraces son los supuestos evangelios según María Magdalena o los redactados por ti… y tampoco creo que los “oficiales”).

¿Me dirías todas aquellas cosas que he olvidado de mí? ¿Me amarías como soy: infantil y grosera? ¿Podría amarte como eres… afro, LGBTI, hombre, mujer, anciano, niño, niño mamón, académico, ilustrado, analfabeta, amarillo, musulmán, testigo de Jehová que me levanta los domingos? ¿Podré dejar de culparte por las bobadas que hago como humana y las decisiones que tomo a diario? ¿Podré verte en las cosas pequeñas, en los amaneceres y en los atardeceres? ¿Podré tratar de no juzgarte? ¿Podré mirarme al espejo un día y parecerme un poco a lo mejor de ti sin perder lo que soy ni querer superarte? ¿Podré?

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La mancha púrpura o cómo corregir lo incorregible

Tenía trece o catorce años cuando cambiaron al profesor de historia del arte. El que llegó era un «cuarentón de diecinueve» con el pelo revuelto y actitud de John Lennon. Creo que nos pidió que pintáramos con acuarelas, si mi memoria no me traiciona. Podíamos crear lo que quisiéramos, pero el cuadro tenía que ser cubista. Y como lo mio nunca fue pintar, se me ocurrió que lo más cuadrado en que podía pensar era un reloj. Bien pude haber creado una figura humana, pero sabía que la vía fácil era algo que en sí ya escondiera el cubo. Así que hice un reloj horrible.

Y no, no lo digo porque fuera mío, sino porque era simple. Simple y sin sabor. Supuse que lo arreglaría, como casi todo en mi vida: después. Asumí que algo maravilloso ocurriría y que, como los gatos, que siempre caen de pie, la nota del reloj iba a ser aceptable.

«¿No que en el arte no se juzga? ¿No que hay que ser muy creativos? Pues si me pone mala nota, que se joda. Yo usaré mis argumentos y que me diga si no es cubista mi reloj de mierda».

Y entonces le puse color. Rellené el cuadro de verde y de un azul inmundo. Cuando llegué al reloj, lo pinté de amarillo para que resaltara, con la vaga esperanza de que le diera vida a un diseño insulso. Y todo funcionó, hasta que se me derramó una tinta morada en el reloj. La mancha de Ecolin no quitaría con nada, y además era obvia con el fondo amarillo.
«Reloj con mancha… ¿Cierto que le queda bien el nombre? Me suena a aquellos nombres pretenciosos como “Esto no es una pipa” o “Naturaleza muerta con zapato viejo”. Soy toda una artista. Y si dice que no le gusta, soy muy avant-garde… Lo que soy es una incomprendida que vive en el siglo 23… Estoy adelantada a mi tiempo. Nadie entiende mi arte. ¡Oh! Sois todos unos guarros y bellacos».
—Es cierto que es un poco plano— dijo—. Pero me llama mucho la atención por la mancha. Esa mancha morada es lo que más me gusta. Te voy a poner B+ por atreverte.
La máxima calificación era una A+. En realidad, era muchísimo más de lo que yo esperaba. Ahora sé que en el momento la cosa no fue más que una chiquillada, una travesura de colegio, pero que me enseñó más que muchas horas en la universidad: «En la vida, nadie recordará tus relojes perfectos y cuadrados. Nadie se acordará de lo que otros te pidieron que hicieras. Por el contrario, todos recordarán las victorias casuales, la belleza inesperada… Las profundas manchas púrpuras sobre fondo amarillo».
Un año después, el mismo profesor me enseñaría que en algunas religiones de oriente existe la creencia de que elegimos nuestra vida y nuestra profesión justo antes de bajar a la Tierra. Dos años después, me preguntaría una y otra vez por qué no fui aceptada en el conservatorio. Ahora sé que tal vez habría sido un reloj amarillo sin mancha, sin rebeldía alguna.
Yo no podía entender que lo hubiese elegido a él como maestro… Y aún así volví a elegirlo a los quince, cuando aún pensaba que iba a estudiar música.
«Las niñas que quieran podrán elegir un énfasis en ciencias; quienes vayan a estudiar ingeniería, hay una clase especial de matemáticas; y quienes vayan a ser de humanidades, hay una opción en el énfasis de lengua. Ah… por supuesto, también está el énfasis de artes».
Una elección muy difícil para no equivocarse cuando llegara la hora de pagar la carrera… Pero no me arrepiento —ahora—; porque cuando vi el trabajo de grado de las de lengua me pregunté por qué no había hecho un noticiero con ellas, en vez de estar perdiendo el tiempo con las seis hippies del énfasis de artes.
Insisto: ahora no me arrepiento. El profe nos pidió que empezáramos una bitácora con la esperanza de que cada una dibujara o, en mi caso, compusiera. Nos enseñó los conceptos base de la composición y uno que otro detalle sobre la armonía; en fin, definiciones que se aplican a cualquiera de las artes. Durante esos seis meses, jamás toqué la viola ni cogí un pincel. Debí saber que la pista más grande de mi destino era que no me despegaba de esa bitácora para nada y que la llevaba siempre dondequiera que iba. Ese cuaderno se volvió mi diario personal y mi espacio para pensar y repensar la escritura. Gracias a él, he podido ajustar un poco la lente con la que hoy miro al mundo.
A veces pienso que aún falta mucho, pero que parte de lo que soy se lo debo a ese maestro. Dos años después, él sería también profesor de mi padre, así que tal vez creo que sí lo escogí… Así como tal vez, escogí que las manchas púrpuras marcaran mi vida, y no los relojes amarillos.
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Siete ideas para enfrentar la tusa o la distancia

Ni tusa ni distancia ni consejitos de superación… o bueno, uno que otro…

Antes de que se desate la tormenta, tenga listo el paraguas… Aquí van algunas cosas que me hubiera gustado que me dijeran, y que por desgracia descubrí tarde. Bien pueda comparta…

  1. Ojalá veinte días antes de la partida del ser amado o cuando esté en un momento de tranquilidad, haga una lista de emergencia. Incluya los sitios de Internet que más le gustan y lo motivan. Por favor omita las redes sociales en donde tenga a su pareja o cosas que le recuerden a esta directamente. Dese una vueltica por Duolingo, Lingvist.io, Coursera, los cursos gratis de la Universidad de Harvard o cualquier cosa que lo distraiga. Aprender algo nuevo hará que su cerebro piense menos en la situación dolorosa y retome los procesos de neurogénesis que ya no puede hacer con el sexo. No se espere a que haya pasado un mes para tener un plan, se lo digo por experiencia. Ah, sí, el chocolate amargo también puede estar incluido en esa lista, al igual que reventar envolturas hechas de plástico de burbujas, cantar en la ducha y los nombres de sus amigos más cercanos. Créame, después de contarle una y otra vez su drama al mismo, es posible que ese ya se canse. Eso sí, tenga en cuenta que contar y contar sus tristezas no ayuda a nadie: una cosa es desahogarse y otra muy distinta es quedarse en el hoyo para tener la atención de los demás. En resumen, escriba todo lo que lo haga sentir bien… y tómele una foto con el celular o lleve la lista con usted… Nunca se sabe.
  2. Esto también va a pasar. Quizá hoy duela, quizá mañana siga sintiéndose igual… pero algún día el ciclo tiene que parar. Asegúrese de tomar nota mental (o física) de qué hizo bien, en caso de recaída.
  3. Ya que no puede controlar la situación por completo, intente darse un viajecito… aunque sea cerca de su ciudad. Si tras de entusado está endeudado… el agua aromática con su mejor amiga o mejor amigo siempre será una opción… y de paso también puede darse un bañito de hierbas😂.
  4. Haga algo lindo por alguien más. A veces las acciones anónimas nos ayudan a sentirnos mejor. La próxima vez que vaya a la tienda a comprar una manzana, puede comprar otra para algún desconocido… Tal vez pueda sonreírle a alguien en la calle sin motivo mientras se imagina que esa persona encarna a su futuro amor o su actual pareja en la distancia. Hay miles de cosas que son gratis y pueden alegrar el día de otro. Y si por estos días no soporta a la raza humana —no se culpe, yo tengo días en que no puedo ni verlos o soportarme a mí misma— intente regar alguna mata o saludar a los perros… Después de todo, algún ser vivo debe despertarle un poco de amor.
  5. Lo que sea que haga, no lo haga por las razones equivocadas. Quiero dejar en claro que, si hace algo para olvidar a su expareja o poner en pausa sus pensamientos sobre el amor que no puede tener, tarde o temprano volverá a sentirse miserable. Es como si deseara tapar un agujero en la arena a punta de llenarlo con agua. Funcionará por un tiempo, pero después quedará vacío. Es diferente decir: “Voy a hacer esto para olvidarme del dolor” a “Esta idea me suena”.
  6. Entienda a sus amigos, especialmente a los que no saben qué decir. Solo están haciendo lo que creen correcto. Yo también tengo esos amigos que, con buena intención, me dicen: “Son solo unos pocos meses”. Juro que sería millonaria si me dieran cien pesos por cada vez que he escuchado esa frase últimamente. Incluso, he recibido el positivismo desmedido en los momentos en los que no me siento capaz de lidiar con los “¡Todo va a estar bien! ¡Qué bella es la vida!”. ¿Qué bella es la vida? Mi trasero. Cuando uno está gruñón, está gruñón. No necesita gente que le diga que todo va a estar bien. Uno quiere estar en modo CejasPobladas (ojo al video 😂) y está bien. No hay nada de malo en quejarse un poco… e incluso disfrutar de la quejadera… pero no quedarse ahí. Me costó trabajo entenderlo, pero creo que de algún modo tenía que pasar. Gradualmente, pasaremos de la depresión a la rabia… y de la rabia a reírnos de lo estúpido de la situación, solo hay un par de llamadas a amigas cercanas.

    Shrek amigos felices

  7. Llene el hueco con trabajo, baile, pasatiempos, zumba, libros, teatro, videos chistosos, vaya a la peluquería, hágase las uñas, haga origami, pinte, lave el carro, busque trucos en Internet… mejor dicho: haga lo que le dé la gana lo que le llame la atención. Pero recuerde que “al que le van a dar, le guardan… y al que no, ni haciendo fila”.

    Como cuando algo o alguien no es para ti
    Imagen vista en Facebook…